Cada vez más consumidores recurren a servicios de alquiler de ropa para bodas, vacaciones o eventos especiales, atraídos por la promesa de vestir y contribuir a la sostenibilidad sin comprar prendas nuevas. Sin embargo, investigadoras en moda y logística advierten que la realidad de estos modelos de negocio es más compleja de lo que parece.
Kate Fletcher, profesora de sostenibilidad, diseño y sistemas de moda en la Universidad Metropolitana de Mánchester, reconoce el argumento central a favor del alquiler.
"En teoría, los recursos utilizados en la confección de esa prenda tienen la oportunidad de aprovecharse al máximo al ser usada por muchas más personas. Y ese es precisamente el argumento más convincente a su favor". No obstante, advierte que esos beneficios pueden verse socavados por los repetidos envíos, devoluciones y limpiezas que implica el modelo.
En la misma línea, Aja Barber, consultora de sostenibilidad y escritora, señala que los consumidores tienden a ignorar esa huella: "Cuando piensas en el alquiler, no piensas en el empaque que llega cada vez que recibes algo de alquiler. No piensas en la huella de carbono que supone el envío del artículo. Y, desde luego, no piensas en la huella de carbono de la tintorería".
"Envío urgente": la huella invisible de contaminación
El transporte es uno de los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, y el auge de las compras en línea ha intensificado la contaminación con el impacto de la llamada "entrega de última milla".
Así lo explica Johanna Amaya, profesora adjunta de gestión de la cadena de suministro en la Universidad Estatal de Pensilvania: "Cuantas más entregas lleguen a nuestros hogares, cuantas más entregas se realicen en nuestra ubicación preferida, mayor será el impacto en el medio ambiente".
Además, los servicios de alquiler agregan un viaje extra al proceso: uno para recibir la prenda y otro para devolverla. Amaya añade que el envío urgente empeora el balance, porque las empresas tienen menos tiempo para agrupar paquetes en rutas eficientes. "Cuanto más tiempo puedan esperar para agrupar más pedidos y aprovechar la capacidad de los vehículos de reparto, mejor", señala.
¿Cuándo sí tiene sentido alquilar?
A pesar de las advertencias, tanto Fletcher como Barber reconocen que el alquiler puede ser una opción razonable en situaciones específicas.
"Si eres alguien que de vez en cuando tiene que ponerse ropa de fiesta y no quieres comprar un vestido que solo vas a llevar una vez, creo que puede ser realmente útil", considera Barber.
Una encuesta reciente de la plataforma de reventa ThredUp refuerza ese punto: el 87% de los invitados a bodas afirma haber comprado al menos un conjunto que solo se ha puesto una vez.
¿Cuál es la opción con más foco en sostenibilidad?
Con todo, las expertas coinciden en que el alquiler no es una solución sistémica. Para Fletcher, las opciones más eficaces siguen siendo las más simples: volver a ponerse la ropa que ya se tiene, arreglar prendas, intercambiarlas o comprar de segunda mano.
"Lo mejor que podemos hacer es relacionarnos con la moda como una práctica", concluye. "La moda como compra es algo que la industria nos ha animado a creer que es la única forma de relacionarnos con ella. Y, fundamentalmente, eso solo va a provocar más impactos climáticos".