El sistema frontal que afecta al país ya deja al menos diez fallecidos y cerca de 104.000 personas aisladas en diez de las dieciséis regiones, mientras crece la oferta de soluciones ecológicas para impermeabilizar los hogares.
Las lluvias torrenciales, las inundaciones y los vientos que superan los 100 km/h han golpeado con fuerza al territorio nacional durante los últimos días. Ante la magnitud del temporal, el presidente José Antonio Kast decretó estado de catástrofe en la Región de Coquimbo y en la provincia de Huasco, en la Región de Atacama, dos de las zonas más afectadas por el sistema frontal.
En este contexto, las filtraciones de agua y las goteras se han transformado en una de las principales urgencias para miles de familias chilenas, que enfrentan techumbres tradicionales poco preparadas para episodios climáticos de esta intensidad.
Frente a ese escenario, y en medio de la necesidad de avanzar hacia un desarrollo más resiliente al cambio climático, una nueva generación de innovaciones locales y emprendimientos sostenibles está cambiando la forma en que el país protege su infraestructura habitacional.
Alternativas sustentables
Hasta ahora, la reparación rápida de techos y canaletas ha dependido principalmente de productos derivados del petróleo, como selladores asfálticos o membranas sintéticas no reciclables. Sin embargo, la industria del ecodiseño y las startups de construcción sustentable comenzaron a introducir alternativas limpias que además de frenar el agua, reducen la huella de carbono.
Entre ellas destacan las membranas bioplásticas y de caucho reciclado, elaboradas a partir de neumáticos fuera de uso y polímeros de origen vegetal, capaces de resistir cambios drásticos de temperatura sin agrietarse.
A esto se suman los selladores y pinturas fotosensibles base agua, libres de compuestos orgánicos volátiles, que al aplicarse sobre zinc, teja u hormigón forman una barrera elástica que bloquea el paso del agua y repele la radiación solar en verano.
Las cubiertas vegetales y techos biosustentables, a su vez, combinan vegetación autóctona de bajo consumo hídrico con capas filtrantes capaces de absorber hasta un 70% del agua de lluvia, lo que reduce el colapso de canaletas y mejora el aislamiento térmico de la vivienda durante todo el año.
Avances tecnológicos
Junto con los nuevos materiales, la tecnología y el Internet de las Cosas (IoT) también ganan terreno como herramientas preventivas. Sensores de humedad de bajo consumo, instalados en entretechos, mansardas y ductos clave, envían alertas inmediatas al teléfono móvil del usuario ante el primer indicio de acumulación de agua, lo que permite actuar antes de que la filtración llegue al cielo raso.
A esto se suman servicios de monitoreo asistidos por imágenes de dron, que detectan obstrucciones de hojas o fallas estructurales en las canaletas antes de la llegada de un nuevo frente de mal tiempo.
Con el fortalecimiento de los programas de apoyo a la innovación verde y el impulso a los emprendimientos climáticos en Chile, la impermeabilización y mantención sostenible del hogar deja de ser una alternativa costosa para convertirse en una necesidad urgente y cada vez más accesible frente al invierno.
Contaminación del medio ambiente
Contrario a lo expuesto anteriormente, el uso de selladores químicos contamina liberando sustancias tóxicas (como ftalatos, isocianatos y compuestos orgánicos volátiles) al aire.
Durante su aplicación y secado, emiten gases nocivos y, al desecharse de forma incorrecta, sus químicos se filtran en el agua y el suelo. Además, contienen químicos persistentes que no se degradan fácilmente en la naturaleza.
Si los restos de selladores líquidos se tiran por el desagüe, los solventes y compuestos plásticos contaminan miles de litros de agua. En vertederos, pueden filtrarse a las aguas subterráneas afectando a la flora, fauna y fuentes de agua potable.
Por su parte, los neumáticos, al ser desechados en vertederos o de forma ilegal, se descomponen lentamente liberando metales pesados e hidrocarburos. Estas sustancias químicas se filtran en la tierra y llegan a las aguas subterráneas, alterando el ecosistema.
La quema de neumáticos, ya sea accidental o como combustible industrial, libera grandes cantidades de gases tóxicos y metales pesados al aire (como dióxido de azufre y furanos), lo que contribuye gravemente al cambio climático y a la contaminación atmosférica.