El cine sostenible dejó de ser una práctica marginal en la industria audiovisual. Frente a la crisis climática, los principales estudios de Hollywood y del Reino Unido comenzaron a medir la huella de carbono de sus rodajes y a incorporar medidas como el uso de energía solar para reducir emisiones y residuos generados en cada set de filmación.
¿Cuánto contamina una película de Hollywood?
El primer informe de emisiones de la Sustainable Production Alliance (SPA), consorcio que integran estudios como Netflix, Amazon, Disney, Sony y NBCUniversal, calculó que una película de gran presupuesto (más de US$70 millones) genera en promedio 3.370 toneladas de CO2 equivalente.
Esto equivale a unas 33 toneladas por cada día de rodaje. El reporte, publicado en 2021, analizó más de 425 películas y series producidas entre 2016 y 2019.
En contraste, los largometrajes de bajo presupuesto registraron un promedio de 391 toneladas. De acuerdo con el mismo estudio, el combustible que utilizan los vehículos y generadores es la principal fuente de emisiones, con entre el 48% y el 56% del total en el caso de las películas.
A ello se suma el problema de los residuos. Escenografías levantadas para ser desmontadas a las pocas semanas, botellas plásticas desechables y un alto volumen de alimentos forman parte de la rutina de una gran producción.
Películas que redujeron su impacto ambiental
Una de las producciones pioneras fue The Amazing Spider-Man 2 (2014), de Sony Pictures. Con O'Brien a cargo de la gestión ambiental del rodaje, el equipo desvió el 52% de sus residuos de los vertederos, recuperó 49,7 toneladas de materiales para donarlos o reutilizarlos en otras filmaciones y evitó el uso de 193.000 botellas plásticas desechables. Además, la producción donó 5.862 comidas a albergues locales.
Años más tarde, James Cameron llevó esa lógica a Avatar: El camino del agua (2022). Su productora, Lightstorm Entertainment, instaló un sistema de 960 kilovatios en los techos de los estudios de Manhattan Beach, en California, para abastecer de energía solar los sets y oficinas de las secuelas de la saga. En paralelo, el catering del set fue exclusivamente vegano.
Por su parte, Suzy Amis Cameron, activista ambiental y esposa del cineasta, afirmó al boletín de la Academia de Hollywood que la producción ahorró cerca de 111 millones de litros de agua.
En el Reino Unido, en tanto, 1917 (2019), de Sam Mendes, se convirtió en la primera producción británica de gran escala en obtener la certificación de sostenibilidad de Albert, iniciativa impulsada por la BAFTA. La cinta, con un presupuesto de US$95 millones y producida por Neal Street Productions, utilizó generadores alimentados con aceite vegetal usado en lugar de diésel y trasladó al elenco, al equipo técnico y los equipos en tren.
Asimismo, la producción convirtió los restos de comida en biogás, electricidad y fertilizante a través de la empresa Bio Collectors, revendió o recicló materiales de los departamentos de arte y vestuario, y reutilizó parte de los cuerpos protésicos en la serie Britannia. Esas medidas le valieron a 1917 la certificación de tres estrellas.
Certificando una producción sostenible
Las certificaciones se transformaron en una de las principales herramientas de la industria. Fundada en 2011, Albert ofrece calculadoras de carbono, guías de producción y planes de acción climática para rodajes de cualquier escala. En Estados Unidos, la EMA entrega el Green Seal (Sello Verde) a las producciones que reducen su huella ambiental, distinción que por primera vez apareció en los créditos de The Incredible Hulk (2008).
Sin embargo, el cambio no se limita a lo que ocurre detrás de cámaras. Producciones como Don't Look Up (2021), de Adam McKay y distribuida por Netflix, utilizaron la sátira para abordar la inacción política frente al cambio climático. En el terreno documental, Mi maestro el pulpo (2020) y David Attenborough: una vida en nuestro planeta (2020) acercaron al público temas como la conservación marina y la pérdida de biodiversidad.