El trilema energético es un modelo impulsado por el Consejo Mundial de la Energía que describe el desafío de equilibrar tres objetivos fundamentales, pero frecuentemente contradictorios, en las políticas energéticas: seguridad, equidad y sostenibilidad. Este define el desafío central de las políticas energéticas del siglo XXI: garantizar un suministro eléctrico confiable, accesible y sostenible de forma simultánea.
Fue en 2009 cuando el Consejo Mundial de la Energía (WEC, por sus siglas en inglés) popularizó el concepto.
La organización, acreditada por Naciones Unidas, agrupa a más de 3.000 entidades de un centenar de países, y puso sobre la mesa una realidad incontestable: la generación de energía es la principal responsable de las emisiones mundiales de dióxido de carbono.
Pilares independientes
El concepto se articula en tres pilares interdependientes. El primero es la seguridad energética, es decir, la capacidad de un país para garantizar un suministro continuo y fiable. El segundo es la equidad energética, ligada al acceso universal y asequible. El tercero es la sostenibilidad ambiental, orientada a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
"El trilema es importante porque permite diseñar políticas ambientales de forma integral. Así se evitan soluciones parciales que beneficien a uno de los ejes y perjudiquen a los demás", señaló a BBVA Adolfo Núñez Sarompas, experto en transición energética y profesor del Máster en Energías Renovables y Eficiencia Energética de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA).
Midiendo el trilema energético
Para evaluar cómo los países gestionan este equilibrio, el WEC desarrolló el Índice del Trilema Energético, iniciado en 2010. Este combina datos cuantitativos —precios de la energía, emisiones, diversificación del mix— con evaluaciones cualitativas sobre gobernanza y resiliencia. Cada país obtiene una puntuación de cero a 100.
La última clasificación de 2024 ubica a Dinamarca, Suecia, Finlandia y Suiza en lo más alto del ranking. En América Latina, los mejor posicionados son Uruguay (puesto 21), Chile (31), Argentina (32), Costa Rica (33), Brasil (36) y Ecuador (37). Sin embargo, el contexto geopolítico ha reconfigurado las prioridades.
Según Claudia Núñez de Urquidi, analista de operaciones en la división de energía del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “la seguridad energética ha retomado un lugar central en las agendas nacionales e internacionales, impulsada por un contexto global de creciente incertidumbre geopolítica, crisis climáticas y tensiones en los mercados, dejando en un segundo plano el acceso universal y la sostenibilidad ambiental”.
La inteligencia artificial y el trilema energético
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha añadido una nueva capa de complejidad al debate. Los centros de datos demandan grandes cantidades de electricidad: según el Foro Económico Mundial, representarán alrededor del 3% de la demanda eléctrica global en 2030, "lo que genera inquietudes sobre la capacidad de atender este consumo y, al mismo tiempo, cumplir los compromisos mundiales de cero emisiones netas".
Un estudio de 2025 publicado en la revista Frontiers agrega que los modelos de IA más poderosos contaminan hasta 50 veces más que los pequeños, lo que agudiza la tensión entre expansión tecnológica y descarbonización. Ante esto, algunos expertos ya hablan de un cuatrilema energético, que incorpora la ciberseguridad como cuarta dimensión transversal.