viernes 04 de septiembre de 2026
Mayor desempeño

Aditivo que cura el hormigón desde adentro y reduce sus grietas se probará en el aeropuerto de Santiago

Un equipo de la UANDES desarrolló un agente de curado interno que reduce hasta un 80% el agrietamiento del hormigón. La tecnología será probada en una losa del Aeropuerto Arturo Merino Benítez en Santiago.

4 de septiembre de 2026 - 19:00

El hormigón es el material de construcción más utilizado del planeta. De él dependen carreteras, puentes, aeropuertos y edificios en todo el mundo, gracias a su resistencia mecánica y su bajo costo relativo. Sin embargo, esa masividad tiene un costo ambiental: la fabricación del cemento Portland tradicional genera entre el 7% y el 8% de las emisiones globales de CO2, además de requerir grandes volúmenes de agua y agregados naturales.

Frente a ese escenario, la industria de la construcción atraviesa una transformación impulsada por la urgencia climática y el compromiso de avanzar hacia emisiones netas cero. En ese contexto, un equipo de investigadores de la Universidad de los Andes (UANDES) desarrolló un agente de curado interno para hormigones, pensado específicamente para las condiciones climáticas del país.

Innovaciones en el hormigón a nivel global

A nivel internacional, laboratorios, empresas tecnológicas y centros académicos avanzan en distintas líneas para reducir la huella de carbono del hormigón sin sacrificar su desempeño. Entre ellas destacan los geopolímeros y cementos alcalinamente activados, que reemplazan el clinker de cemento Portland por subproductos industriales como cenizas volantes o escoria de alto horno, y que pueden reducir la huella de carbono del material hasta en un 80% respecto al hormigón convencional.

A esa tendencia se suma el hormigón bio-curado, que incorpora microorganismos como la bacteria Bacillus pseudofirmus capaces de sellar fisuras al metabolizar nutrientes y precipitar carbonato de calcio.

También avanza la captura y mineralización de carbono, tecnología que inyecta CO2 reciclado durante el mezclado y lo transforma en minerales permanentes, aumentando además la resistencia a la compresión del material.

A ello se agrega el uso de áridos reciclados —como escombros de demolición, caucho de neumáticos o vidrio molido— que permite desviar residuos de los vertederos y reducir la extracción de recursos naturales.

Aditivo derivado de desechos industriales

Durante el fraguado del hormigón tradicional, el curado exterior con agua es clave para que la hidratación del cemento ocurra de forma homogénea. En zonas de baja humedad relativa, altas temperaturas o vientos fuertes —condiciones habituales en buena parte del territorio chileno—, la evaporación rápida del agua superficial provoca contracción prematura y agrietamiento por retracción autógena o plástica. Ese fenómeno reduce la vida útil de la infraestructura y obliga a intervenciones de mantenimiento más costosas y frecuentes.

Para enfrentar ese problema, el equipo de la UANDES desarrolló un aditivo que aprovecha geopolímeros derivados de desechos industriales, como las cenizas volantes, y que actúa desde el interior de la mezcla.

En concreto, el agente libera agua de forma gradual durante las primeras fases de fraguado, según las necesidades hidrológicas de cada mezcla. Según estimaciones del equipo, la tecnología puede reducir en torno al 80% la deformación y el agrietamiento del hormigón por retracción, además de permitir mantener o aumentar su resistencia optimizando la cantidad de cemento y disminuyendo la necesidad de riego de curado externo.

Prueba piloto en el aeropuerto de Santiago

La tecnología ya cuenta con una patente de invención concedida a nivel local en Chile, lo que valida su novedad técnica. Para avanzar desde el laboratorio hacia la infraestructura real, el proyecto cuenta con el respaldo del hub de transferencia tecnológica HUBTEC, encargado de articular la vinculación entre la academia y el ecosistema de innovación.

Como parte de ese proceso, el aditivo será sometido a una prueba piloto en una losa del Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez de Santiago, ubicado en la comuna de Pudahuel. La prueba permitirá evaluar el comportamiento estructural del material bajo cargas de alto impacto —como el tráfico de aeronaves y vehículos pesados— y ante variaciones térmicas drásticas, condiciones que exigen un desempeño distinto al de un pavimento urbano convencional.

¿Qué proyección tiene esta tecnología a futuro?

De confirmarse los resultados de la prueba en el aeropuerto, el desarrollo apunta a escalar hacia otros usos: autopistas, pavimentos urbanos, puentes y obras civiles en general.

El caso ilustra, además, cómo la transferencia tecnológica —el paso de una investigación académica a una aplicación industrial concreta— puede convertirse en una vía para que la ciencia local responda a desafíos medioambientales propios, al tiempo que se integra a una tendencia global que reformula uno de los materiales más antiguos y más usados de la construcción.

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