En Chile, las enfermedades cardiovasculares siguen asociándose principalmente a la vejez, pero la evidencia científica muestra un panorama distinto: el riesgo comienza a construirse silenciosamente muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Factores como la presión arterial elevada, el colesterol, el sedentarismo o la inflamación crónica pueden acumularse desde la juventud, sin generar señales de alerta inmediatas, hasta convertirse en la principal causa de infartos y accidentes cerebrovasculares en la adultez.
En conversación con El Desconcierto, la presidenta de la Sociedad Chilena de Medicina del Estilo de Vida (Sochimev), Sandra Lanza, propone un cambio de enfoque: pasar de la recomendación genérica de "comer mejor y hacer ejercicio" a intervenciones concretas, sostenidas y personalizadas, basadas en seis pilares fundamentales de salud.
Prevenir antes de que aparezca la enfermedad
—En Chile seguimos viendo la enfermedad cardiovascular como un problema de personas mayores. ¿Deberíamos comenzar a hablar de prevención desde los 30 años —o antes— y qué cambios concretos implicaría eso desde la Medicina del Estilo de Vida?
Sí, debemos comenzar mucho antes de los 30 años. Las enfermedades cardiovasculares no aparecen de un día para otro: se desarrollan silenciosamente durante décadas. Una persona joven puede tener pocas probabilidades de sufrir un infarto en los próximos diez años, pero puede estar acumulando factores que aumentarán considerablemente su riesgo futuro, como presión arterial alta, colesterol elevado, tabaquismo, sedentarismo o antecedentes familiares.
Desde la Medicina del Estilo de Vida, prevenir significa actuar antes de que aparezca la enfermedad: promover una alimentación saludable, incorporar movimiento a la vida diaria, cuidar el sueño, manejar el estrés y evitar el tabaco. También supone realizar controles oportunos. No se trata de alarmar a las personas jóvenes, sino de mostrarles que las decisiones de hoy pueden proteger su salud de mañana.
—En un país donde muchas personas sienten que no tienen tiempo para cuidar su salud, ¿este tipo de evidencia cambia la forma de comunicar la prevención cardiovascular y demuestra que pequeñas acciones sostenidas pueden generar beneficios reales?
Sí, porque muchas personas creen que para cuidar su salud deben cambiar toda su vida de una vez. Esa sensación puede ser tan abrumadora que finalmente no comienzan. Esta evidencia nos muestra que pequeñas acciones, cuando se combinan y mantienen en el tiempo, pueden generar beneficios importantes.
Dormir algunos minutos más, caminar a paso rápido durante una parte del día o agregar verduras a una comida son metas posibles para muchas personas. Esto no significa que cinco minutos de ejercicio reemplacen las recomendaciones habituales, sino que todo avance cuenta y puede ser el inicio de un cambio mayor. En salud, la constancia suele ser más importante que la perfección.
—¿Cree que en Chile estamos preparados para avanzar hacia una prevención cardiovascular más personalizada, incorporando nuevos marcadores de riesgo junto con intervenciones intensivas de Medicina del Estilo de Vida?
Chile debe avanzar hacia una prevención más personalizada. Existen factores hereditarios, que pueden aumentar el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular incluso en personas cuyo colesterol habitual parece normal. Conocerlos puede ayudar a identificar a quienes necesitan un seguimiento más cuidadoso.
Sin embargo, tener un marcador elevado no significa que la persona esté destinada a enfermarse. Significa que debemos controlar con mayor atención aquello que sí podemos modificar: el colesterol, la presión arterial, la glicemia, el tabaquismo, la alimentación, la actividad física y el sueño. El desafío es incorporar estos avances con criterios claros y asegurar que no sean accesibles solamente para quienes pueden pagarlos.
La inflamación y el corazón
—En Chile se habla mucho del colesterol y la presión arterial, pero poco de la inflamación crónica. ¿Estamos subestimando uno de los mecanismos importantes de la enfermedad cardiovascular y qué hábitos ayudan realmente a reducirla?
Durante mucho tiempo hablamos de la enfermedad cardiovascular principalmente desde el colesterol y la presión arterial. Ambos siguen siendo fundamentales, pero hoy sabemos que también participa un proceso de inflamación persistente que puede dañar progresivamente las arterias. No se trata de elegir entre colesterol o inflamación: ambos interactúan y deben considerarse dentro de una evaluación integral.
No fumar, mantenerse activo, dormir adecuadamente y privilegiar alimentos como verduras, frutas, legumbres, granos integrales, frutos secos y grasas saludables puede ayudar a disminuir este proceso y reducir el riesgo cardiovascular. Sin embargo, debemos evitar que la palabra “inflamación” se transforme en una moda asociada a suplementos o exámenes innecesarios. La base sigue siendo mantener hábitos saludables y controlar la presión arterial, el colesterol y la glicemia.
Salud integral
—Considerando que Chile mantiene altas cifras de obesidad, sedentarismo e hipertensión, ¿es momento de que el sistema de salud deje de tratar los factores de riesgo por separado y adopte un modelo basado en los seis pilares de la Medicina del Estilo de Vida?
Sí, porque nuestros hábitos no funcionan de manera separada. Dormir mal puede aumentar el apetito y disminuir la energía para realizar actividad física; el estrés puede afectar la alimentación y el aislamiento social también puede repercutir en la salud del corazón. Por eso, abordar solamente un factor suele ser insuficiente.
Los seis pilares de la Medicina del Estilo de Vida, alimentación saludable, actividad física, sueño reparador, manejo del estrés, relaciones sociales positivas y evitación de sustancias de riesgo, permiten trabajar la salud de manera integral. Esto no reemplaza los medicamentos cuando son necesarios, sino que complementa el tratamiento.
Chile necesita pasar del consejo general de “coma mejor y haga ejercicio” a intervenciones concretas, acompañadas y sostenidas en el tiempo. También debemos generar condiciones sociales, laborales y urbanas que hagan más fácil cuidar la salud, evitando responsabilizar exclusivamente a las personas.
La enfermedad cardiovascular se construye durante décadas y su prevención también. No se trata de llevar una vida perfecta, sino de comenzar temprano, avanzar con cambios posibles y crear entornos que ayuden a sostenerlos.