Un marcado sesgo territorial, una infraestructura residencial insuficiente y la exigencia de un rol protagónico del Estado marcan el diagnóstico actual sobre la electromovilidad en el país. Aunque el anhelo por habitar urbes descarbonizadas es generalizado, la brecha entre la expectativa ciudadana y las condiciones técnicas es pronunciada.
De acuerdo con el informe "Zoom a la electromovilidad en la ciudad del futuro", elaborado en conjunto por Volvo Cars Chile y la encuestadora Cadem, la necesidad de descentralizar la red de carga y equipar las viviendas se posiciona como el principal cuello de botella para la descarbonización vehicular.
La muestra reveló que siete de cada diez personas consideran que su entorno urbano inmediato se encuentra distante de los estándares de sostenibilidad futuros.
En zonas como la Región de Valparaíso, apenas una de cada seis personas percibe condiciones aptas para este ecosistema, en contraste con más de la mitad de los residentes de la Región Metropolitana.
Chile pide infraestructura sostenible
Frente a este escenario, un 88% de la población demanda la expansión de conectores públicos a nivel nacional antes de concretar una adopción masiva, exigiendo que todas las regiones cuenten con las mismas facilidades. Asimismo, un 82% respalda normativas que obliguen a los proyectos inmobiliarios nuevos a incluir puntos de carga desde su origen.
En materia de incentivos, ocho de cada diez consultados afirman que aumentarían su intención de compra si existiera acceso a gratuidad en red pública, rebajas impositivas o mayor densidad de cargadores rápidos.
La ciudadanía adjudica la responsabilidad de este impulso al aparato público: un 60% sostiene que el gobierno debe liderar la estrategia de electromovilidad, situándolo muy por encima de las automotrices (18%), los usuarios (12%) o los municipios (8%).
Electromovilidad: un signo de calidad de vida
Respecto al impacto social, un 87% proyecta mejoras directas en la calidad del aire y un 86% anticipa una menor dependencia de los derivados del petróleo.
Hacia el año 2035, el valor ambiental se consolida: un 97% considera prioritario reducir la contaminación atmosférica, un 88% exige entornos con menor contaminación acústica y un 86% respalda la electrificación total del transporte público.
Sobre esta evolución conceptual, Patricio Norambuena, encargado de Electromovilidad de Volvo Cars Chile, resalta esta distinción: "Las personas ya la relacionan con la calidad del aire, con la ciudad en que quieren vivir y con una forma distinta de entender la movilidad".
Los desafíos para ciudades del futuro
Norambuena explica que "el desafío ahora es que esa aspiración pueda transformarse en una alternativa real y cotidiana, y para eso no basta con avanzar en tecnología: necesitamos también infraestructura de carga, viviendas preparadas, consumidores informados y un ecosistema que acompañe esta transición en todo Chile”.
Pese al optimismo ambiental, el obstáculo técnico más severo se registra al interior de los hogares: el 66% de la población carece de instalaciones para recargar un automóvil eléctrico en su inmueble. Este escenario empeora drásticamente en viviendas en altura, donde el 82% de los residentes en departamentos no posee alternativa alguna de conexión. No obstante, un 50% confía en que el sector inmobiliario adaptará progresivamente los edificios.
A la limitante logística se suma el factor financiero. Un 53% identifica el precio de venta como la principal traba para adquirir esta tecnología. Pese a esto, un 40% comprende que el costo inicial se amortiza con el tiempo debido al ahorro energético y a los menores gastos en mantenimiento preventivo.
La acelerada caída de los combustibles fósiles
En el plano de la intención de compra individual, los motores convencionales pierden terreno aceleradamente. Actualmente, un 59% de los encuestados se inclina por alternativas híbridas o cero emisiones —casi el triple en comparación al 20% que aún prefiere combustibles fósiles como diésel o gasolina—.
Al proyectar la decisión a un lustro, la preferencia por la electrificación trepa al 77%, mientras que la combustión cae al 16%.
La ruta hacia la meta no contempla un salto intempestivo: casi la mitad ve en las tecnologías híbridas la transición lógica, mientras que un 20% optaría directamente por vehículos 100% eléctricos. Por otra parte, la experiencia directa ha demostrado ser determinante: el 75% de quienes han abordado un auto eléctrico evalúa la vivencia como superior a la de un vehículo tradicional.