Dos proyectos de ley cruzados sobre gestación subrogada han sido tema de debate en el Congreso: uno que busca su prohibición (boletín 17337-07) —incluyendo sanciones— y otro que busca regular la materia de forma altruista (boletín 17.922-11), es decir, en casos de infertilidad de los padres intencionales, sin un contrato ni transacción monetaria de por medio.
Los requisitos que establece esta última iniciativa no profundizan en la dimensión psicológica de la mujer gestante. El proyecto sostiene que la Resolución Exenta N° 1072 de 1985, que regula la fertilización in vitro, sigue vigente y exige evaluación psicológica y social a las instituciones que realizan estos procedimientos.
Sin embargo, esa norma se refería a las parejas que se sometían a los tratamientos, no a una gestora subrogante —figura que no existía normativamente en esa época—.
Los autores de la nueva moción consideran que esas exigencias también podrían aplicarse a la subrogante, aunque el articulado no lo desarrolla, y remite el detalle operativo a un reglamento que deberá dictarse una vez aprobado y publicado el proyecto de ley.
El costo silencioso de gestar sin acompañamiento psicológico
Entre los requisitos que establece el proyecto para asumir el rol de subrogante, se especifica que la mujer debe contar "con la respectiva certificación médica que acredite su aptitud para una gestación sana y su competencia psicológica para enfrentar su rol de gestora subrogante".
Para Shaw, aunque exista un buen chequeo psicológico inicial, el acompañamiento en salud mental de la subrogante es clave y debería operar desde que se inicia la gestación hasta después de la entrega del recién nacido.
De lo contrario, explica la especialista, "si tenemos una predisposición, por ejemplo, a ansiedad o a depresión, esta se puede activar a partir de la gestación".
Sin un protocolo de acompañamiento y psicoeducación, agrega, el panorama resultaría complejo, porque "podríamos encontrarnos con patologías psiquiátricas o de salud mental sin un método de contención ni una respuesta apropiada".
Según Shaw, esto comprometería no solo el vínculo de la gestante con el bebé, sino también su relación con la pareja, con la familia que espera al menor y con el equipo médico involucrado en el proceso.
La red de contención es clave para afrontar el duelo
Sin acompañamiento psicológico perinatal continuo y adecuado, algunas subrogantes podrían además experimentar duelo no de la mejor forma, advierte la especialista.
Sin embargo, "si trabajamos el proceso de separación de manera temprana, no incluirá una afectación significativa en la salud mental ni en el proyecto de vida de esta persona. Se trata de generar una red de contención, con herramientas psicoemocionales para manejar la situación en el momento de la decisión, durante el procedimiento y en las consecuencias posteriores", sostiene Shaw.
Existe, además, una diferencia relevante entre la gestación subrogada comercial y la altruista que incide directamente en cómo se vive ese proceso de desapego: en la primera, las mujeres suelen ser desconocidas entre sí; en la segunda, quienes se ofrecen como gestantes suelen tener un vínculo previo con los padres comitentes, lo que —según Shaw— puede facilitar o complejizar el acompañamiento emocional, dependiendo del tipo de relación que exista.
¿Y el impacto en el bebé?
Sobre el temor a que la separación afecte al recién nacido, Shaw cita estudios como los de la investigadora británica Susan Golombok, de la Universidad de Cambridge, que no han encontrado diferencias significativas en el desarrollo psicológico de niños nacidos por gestación subrogada frente a los nacidos de forma convencional.
Otros especialistas han señalado, sin embargo, que persisten pocos estudios sobre la experiencia de las propias gestantes a largo plazo. Para Shaw, el verdadero factor de riesgo para la identidad del niño no es el método de gestación, sino la ausencia de información sobre su origen.
Con el proyecto aún en tramitación en el Congreso, la definición de cómo se acompañará psicológicamente a las mujeres gestantes subrogantes —y no solo si se les evaluará antes de comenzar el proceso— se convierte en un punto clave para proteger la salud mental de la madre subrogante.