miércoles 05 de agosto de 2026

La fallida estrategia salmonera para evitar arancel presionando a Washington con abastecimiento alimentario

AquaChile, SalmonChile y la Embajada de Chile apostaron por presionar a Washington con el peso del salmón chileno en el abastecimiento alimentario de EE.UU. -incluso con una recepción a bordo del buque escuela Esmeralda-, pero la estrategia no evitó el arancel del 12,5%.

5 de agosto de 2026 - 12:37

Ni la vitrina promocional del Buque Escuela Esmeralda en la Noche del Salmón, ni el fantasma del desabastecimiento alimentario, le sirvieron a la industria salmonera para evitar el arancel a uno de los productos estrella del sector extractivo chileno. Más que rebatir las acusaciones sobre trabajo forzoso, gremios, empresas y Embajada presionaron a Washington con una idea: sin el salmón chileno, Estados Unidos no tiene cómo abastecer su mercado.

Fue una estrategia de ir golpe a golpe con la cámara de comercio del principal socio comercial de Chile, con la esperanza de que la cercanía política entre los gobiernos de José Antonio Kast y Donald Trump terminara inclinando la balanza. La Casa Blanca, sin embargo, confirmó el pasado jueves 23 de julio un arancel del 12,5% a las exportaciones chilenas. Y ese fue solo el primer frente que fracasó: la apuesta diplomática completa del gobierno para acercarse a Washington también quedó en entredicho.

La decisión, del representante comercial Jamieson Greer, se enmarca en la investigación Sección 301 que la Casa Blanca abrió en marzo contra 60 economías acusadas de no fiscalizar una prohibición a la importación de bienes con mano de obra forzada. Chile quedó en el grupo de 43 países con la tasa más alta, mientras Argentina y El Salvador obtuvieron la tarifa preferencial del 10%. Más allá de la proximidad ideológica de Javier Milei y Nayib Bukele con Trump, ya habían firmado con Washington un Acuerdo de Comercio Recíproco (ART) -el mismo tipo de acuerdo que Chile rechazó para respetar el TLC de 2004 con EEUU.

¿En qué consistió la estrategia de la industria salmonera?

El argumento central de la ofensiva no fue negar la existencia de trabajo forzoso en la cadena salmonera, ni encontrar un plan para enmendarlo, sino subrayar la dependencia de Estados Unidos del producto chileno. La empresa AquaChile, a través de su secretario general, Álvaro Varela, solicitó comparecer ante la audiencia pública del 7 de julio y sostuvo que el salmón chileno "no puede ser reemplazado de forma realista mediante producción doméstica, lo que lo convierte en un componente indispensable del abastecimiento alimentario de Estados Unidos".

"El salmón chileno no es un producto de lujo discrecional en el mercado estadounidense; es una fuente básica de proteína de alta calidad para los consumidores" — AquaChile, en su presentación ante la USTR. "El salmón chileno no es un producto de lujo discrecional en el mercado estadounidense; es una fuente básica de proteína de alta calidad para los consumidores" — AquaChile, en su presentación ante la USTR.

Los precios matizan ese argumento. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), el salmón fresco de cultivo -la variedad que exporta Chile- se vendió en 2026 entre 8 y 12 dólares la libra, frente a un promedio de 6,8 dólares para la carne molida y alrededor de 2 dólares para el pollo entero, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS). Es decir, sigue costando entre 20% y más del doble que las proteínas más económicas del supermercado estadounidense.

En paralelo, el gremio SalmonChile, que preside el exministro Patricio Melero, remitió su propia solicitud a nombre de las 48 empresas que representa, con el mismo énfasis en las cifras: Chile abastece el 47,3% del salmón atlántico disponible en el mercado estadounidense y el 96,7% de ese producto es importado.

Según la NOAA, cerca del 80% del marisco que se consume en Estados Unidos es importado, y las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025-2030 recomiendan al menos 8 onzas semanales de pescados y mariscos, una meta que gran parte de la población estadounidense no cumple.

Ese es el nicho en el que la industria chilena buscó posicionar al salmón, aunque sin el matiz que incluso la tilapia, el bagre o el atún enlatado son fuentes de proteína más baratas dentro de los productos del mar.

"Aplicar el arancel no genera ninguna protección efectiva para una industria doméstica competidora" — SalmonChile, en su solicitud a la USTR "Aplicar el arancel no genera ninguna protección efectiva para una industria doméstica competidora" — SalmonChile, en su solicitud a la USTR

Mientras a la ofensiva de cifras se sumó una de imagen. El Consejo del Salmón organizó junto a ProChile la recepción "Noche del Salmón Chileno" a bordo del Esmeralda, atracado en Nueva York en el marco de Sail 250. Y la Embajada de Chile, encabezada por Andrés Ergas, envió el 6 de julio una carta a Greer pidiendo que se estableciera un trato diferenciado y sin aranceles adicionales para el país.

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La propia Embajada citó en su carta a once empresas estadounidenses que habían presentado comentarios propios ante la USTR pidiendo no gravar el salmón chileno -entre ellas cadenas de supermercados como Price Chopper/Market 32 y Pete's Fresh Market, e importadores como E&E Foods y ACME Smoked Fish-. Tampoco les sirvió.

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"Las exportaciones chilenas son complementarias a la producción de Estados Unidos y fortalecen la economía estadounidense" — Embajada de Chile, en su presentación ante la USTR. "Las exportaciones chilenas son complementarias a la producción de Estados Unidos y fortalecen la economía estadounidense" — Embajada de Chile, en su presentación ante la USTR.

La ofensiva diplomática de La Moneda tampoco funcionó

El fracaso de la diplomacia chilena, sumado al lobby salmonero y frutícola, es el primer traspié en la apuesta más amplia del gobierno de Kast por acercarse a la administración Trump, que quedó en entredicho esta semana, según reconstruyó La Tercera. El nombramiento de Ergas —un empresario sin experiencia diplomática previa, elegido por su cercanía al mundo MAGA de Florida— formaba parte de esa estrategia, al igual que el viaje de Kast a EEUU para participar en el Escudo de las Américas.

Esa apuesta se agrietó públicamente el miércoles, durante un cóctel de la Cámara Chileno-Norteamericana de Comercio por los 250 años de la independencia de Estados Unidos: el representante de Trump en Santiago, Brandon Judd, criticó ante empresarios chilenos a los ministros que habían cuestionado el arancel e instó a los propios asistentes a presionar a sus autoridades para que no hicieran declaraciones sobre la relación bilateral.

El ministro de Defensa, Fernando Barros, había calificado la medida de injusta y decepcionante, mientras que su par de Agricultura, Jaime Campos —cuyo sector estima pérdidas anuales cercanas a los 500 millones de dólares por la sobretasa— fue más lejos sobre la justificación del trabajo forzoso: "ni el más enemigo de los intereses chilenos se había atrevido a sostenerlo", aseguró.

Los gremios convocados días antes a la Cancillería también quedaron con dudas sobre el desempeño del embajador Ergas, a quien describieron como poco informado sobre la estrategia negociadora y los códigos diplomáticos.

El embajador de Chile en Estados Unidos, Andrés Ergas junto a Donald Trump.

El embajador de Chile en Estados Unidos, Andrés Ergas junto a Donald Trump.

Lo que Estados Unidos exige a cambio del 10%

Detrás de la sobretasa hay una razón más concreta de lo que parece. Washington le ofreció a Chile bajar del 12,5% al 10% si firmaba un ART -un Acuerdo de Comercio Recíproco-, pero ese tipo de acuerdo no es una rebaja: establece un arancel mínimo del 10% como piso fijo para casi todos los productos.

El Tratado de Libre Comercio que Chile tiene con Estados Unidos desde hace más de 20 años, en cambio, tiene arancel cero para la gran mayoría de las exportaciones chilenas. Firmar el ART, entonces, habría significado cambiar ese cero por un 10% garantizado -una condición peor que la que Chile ya tenía-, además de modificar el tratado vigente, replicar aranceles y prohibiciones contra terceros países y dar prioridad de acceso a minerales críticos.

Chile no es un caso aislado. A mayo ya se habían firmado nueve ART con distintos países -Argentina y El Salvador entre ellos, los mismos que quedaron con el 10% en vez del 12,5%- y varios más estaban en negociación, según el Peterson Institute for International Economics.

El objetivo declarado detrás de esa red de acuerdos es alejar a los socios comerciales de Estados Unidos de la órbita de China: además del piso arancelario, los ART suelen exigir mecanismos de filtro para las inversiones extranjeras -tanto las que entran como las que salen del país-, controles de exportación armonizados y acceso prioritario a minerales críticos y tierras raras.

Ni así se salvó el salmón

Ninguno de esos argumentos sirvió para el salmón, sin embargo. El producto quedó fuera de las excepciones del Anexo A, pese a que ese anexo exime justamente a productos que Estados Unidos no produce en cantidad suficiente, el mismo argumento que esgrimieron AquaChile y SalmonChile. Esa lógica sí funcionó para el cobre, el litio y la celulosa, que quedaron exentos, y de forma parcial para las paltas, naranjas y kiwis. Pero no alcanzó para el salmón ni para el grueso de la fruta chilena -uvas, cerezas, arándanos, manzanas- ni para el vino, que también quedaron gravados con 12,5%. Tampoco bastó el alineamiento ideológico de La Moneda con Donald Trump.

A fines de agosto llegará a Chile Jeffrey Goettman, número dos de la USTR, en lo que será la próxima prueba de esa negociación.

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