lunes 17 de agosto de 2026

Sala Cuna Universal: lo que se juega en un jardín de Cerro Navia

La sala cuna universal es una oportunidad histórica, pero solo si es verdaderamente universal, sin barreras de pago para las familias que más la necesitan, y entendida como el primer eslabón de un derecho educativo.

17 de agosto de 2026 - 11:45

Son las 8:30 de la mañana en la Población Los Lagos, Cerro Navia. En la puerta de nuestra sala cuna y jardín infantil, una madre entrega a su guagua envuelta en polar a los brazos de una técnico en párvulos. Un beso, dos palabras, y parte a tomar la micro en el paradero que queda justo afuera de la reja. Es una escena que he visto cientos de veces en estos años, y que sigue diciéndome lo mismo: para esa mujer, este lugar es la condición que hace posible todo lo demás.

Adentro pasarán el día alrededor de cien niños y niñas de entre tres meses y cuatro años. La mayoría viene de las poblaciones Los Lagos y La Alianza. Sus familias viven en casas pequeñas, muchas sin patio. Sus padres y madres son jóvenes, la mayoría menores de treinta, con trabajos informales: feriantes, microemprendimientos, empleos esporádicos. Hay una cantidad significativa de hogares donde la madre es la jefa de familia. Para todas ellas, esta sala cuna sea gratuita no es un beneficio: es lo que les permite trabajar, estudiar, salir adelante.

A pocos kilómetros de aquí, en el Congreso, se discute el proyecto de Sala Cuna Universal, que ya pasó a la Comisión de Hacienda del Senado. La iniciativa tiene un mérito que hay que reconocer: termina con la discriminación del artículo 203 del Código del Trabajo, que solo garantizaba sala cuna en empresas con más de veinte trabajadoras. Pero incorporó en el camino un copago para las familias, y ahí es donde nuestras alertas se encienden.

Como dice Claudia Álvarez Huitrayao, subdirectora ejecutiva de Fundación Cerro Navia Joven, las familias que atendemos no estarían dispuestas a pagar un copago, o simplemente no estarían en condiciones de hacerlo. No hablamos de resistencia: hablamos de imposibilidad material. Un monto que a otros puede parecerles menor, aquí es la diferencia entre llevar o no llevar a un niño a la sala cuna.

Y sabemos lo que ocurre cuando el cuidado falla, porque lo vemos. Hay madres que han tenido que dejar de trabajar cuando sus guaguas presentan enfermedades que impiden llevarlas al jardín, o cuando un niño requiere cuidados permanentes y especializados en la casa. Sin red de apoyo y sin sala cuna, el costo lo paga siempre la misma persona: la madre. Esa es la realidad concreta detrás de cualquier discusión sobre participación laboral femenina.

Pero el acceso es solo una parte del problema. El punto de fondo, y en esto quiero ser insistente, es que la sala cuna cumple una doble función, educativa y de cuidado. Los primeros años son decisivos: es cuando se estimulan las habilidades cognitivas, motoras y socioemocionales, cuando se desarrolla el lenguaje, cuando un niño aprende a estar con otros. Y para las familias, un jardín es también un espacio de contención en tiempos de alto estrés parental y escasas redes de apoyo.

Por eso el proyecto no puede mirar la sala cuna de forma aislada. Cuando hablamos de sala cuna universal, es necesario considerar la educación inicial como un nivel educativo completo, que incluye los niveles de sala cuna, los medios y los de transición. No se puede ampliar la puerta de entrada mientras el resto de la trayectoria sigue desfinanciada.

Organizaciones agrupadas en la Red Educación Inicial 2030 han planteado que los jardines administrados vía transferencia de fondos, los que operan fundaciones como la nuestra en territorios vulnerables, reciben hasta un 40% menos de recursos que los administrados directamente por JUNJI, según un estudio del Banco Mundial. Ampliar el acceso sin corregir esa desigualdad es construir sobre una base desigual.

Consultada por el equipo de comunicaciones de nuestra fundación, la senadora Yasna Provoste apunta a algo que comparto: el Ejecutivo sustituye el artículo 203 sin dar garantías de calidad en la educación inicial, y financia la prestación con un 0,35% de los recursos del seguro de cesantía. "Hay un gobierno que enfatiza su lógica de bajar costos a los empleadores y los traspasa a los trabajadores vía seguro de cesantía", nos dijo.

El seguro de cesantía fue creado para proteger a los trabajadores ante el desempleo, no para financiar un derecho educativo de la primera infancia. Debilitar un derecho social para financiar otro, con los mismos recursos de los trabajadores, no es una solución: es un traspaso de riesgo.

Llevamos treinta y tres años trabajando en el territorio de Barrancas, y nuestra sala cuna y jardín infantil son parte de esa historia. Desde ahí, el mensaje hacia la Comisión de Hacienda es simple: la sala cuna universal es una oportunidad histórica, pero solo si es verdaderamente universal, sin barreras de pago para las familias que más la necesitan, y entendida como el primer eslabón de un derecho educativo.

Porque a las 8:30 de la mañana, en la Población Los Lagos, ese derecho ya se ejerce todos los días. La pregunta es si la ley que se vota en el Senado va a estar a la altura de lo que aquí ya existe.

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