En Chile cada dos años se entrega el Premio Nacional de Historia, galardón que tiene por objetivo premiar la trayectoria académica, investigativa y la contribución pública a la disciplina historiográfica por parte de un individuo. Cabe señalar que, la idea de otorgar Premios Nacionales surgió en 1940 durante el gobierno del Presidente Pedro Aguirre Cerda, por iniciativa de la Sociedad de Escritores de Chile, nacida de la preocupación por la vulnerabilidad de los escritores chilenos, que no contaban con beneficios previsionales ni sociales.
Apoyados por un grupo de parlamentarios y de intelectuales, se presentó un proyecto de ley, elaborado por los congresistas Exequiel González Madariaga, Astolfo Tapia, Eliodoro Domínguez, Armando Rodríguez y Julio Barrenechea. Y a la vista de tan dilatada trayectoria, hoy resulta muy significativo analizar el proceso y elección del llamado Premio Nacional de Historia, un hecho que enmarca profundas reflexiones públicas en la actualidad.
En primer lugar, la historia del Premio Nacional de Historia se remonta al siglo XX, siendo establecido de acuerdo al Decreto ley Nº 681. En este sentido, el sitio web oficial de Memoria Chilena señala lo siguiente:
“En respuesta a la necesidad de destacar la labor y trayectoria de los principales historiadores chilenos, en 1974 se creó el Premio Nacional de Historia, el que de acuerdo al Decreto ley Nº 681, se entregaría cada dos años al 'investigador de historia patria o a quien, divulgándola con continuidad y nobleza de estilo a juicio del jurado, la mereciere'. Cada ganador o ganadora recibiría un diploma, un monto fijo de dinero y una pensión mensual vitalicia. “En respuesta a la necesidad de destacar la labor y trayectoria de los principales historiadores chilenos, en 1974 se creó el Premio Nacional de Historia, el que de acuerdo al Decreto ley Nº 681, se entregaría cada dos años al 'investigador de historia patria o a quien, divulgándola con continuidad y nobleza de estilo a juicio del jurado, la mereciere'. Cada ganador o ganadora recibiría un diploma, un monto fijo de dinero y una pensión mensual vitalicia.
La norma legal estableció que sólo podían presentar candidatos las instituciones de reconocida solvencia intelectual en la materia, tres o más personas que hayan sido agraciadas con el premio respectivo o las facultades universitarias pertinentes, las que debían entregar un informe documentado de los méritos de cada postulante. El jurado estaba compuesto por el Ministro de Educación, un representante de la Academia Chilena de la Historia y uno de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, así como dos académicos designados por el Consejo de Rectores. La norma legal estableció que sólo podían presentar candidatos las instituciones de reconocida solvencia intelectual en la materia, tres o más personas que hayan sido agraciadas con el premio respectivo o las facultades universitarias pertinentes, las que debían entregar un informe documentado de los méritos de cada postulante. El jurado estaba compuesto por el Ministro de Educación, un representante de la Academia Chilena de la Historia y uno de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, así como dos académicos designados por el Consejo de Rectores.
En 1978 y 1979 nuevas normas legales modificaron los montos del premio y detallaron los procedimientos y plazos de selección de los postulantes, y en 1986 se modificó de manera parcial la composición del jurado. Finalmente, en 1992 se promulgó la ley Nº 19.169 de Premios Nacionales, que junto con modificar la composición del jurado, eliminó la obligatoriedad de emitir un informe de mérito, estableciendo que cualquier persona natural puede optar al premio, indistintamente de que cualquier institución pudiese postular su nombre como propio”. En 1978 y 1979 nuevas normas legales modificaron los montos del premio y detallaron los procedimientos y plazos de selección de los postulantes, y en 1986 se modificó de manera parcial la composición del jurado. Finalmente, en 1992 se promulgó la ley Nº 19.169 de Premios Nacionales, que junto con modificar la composición del jurado, eliminó la obligatoriedad de emitir un informe de mérito, estableciendo que cualquier persona natural puede optar al premio, indistintamente de que cualquier institución pudiese postular su nombre como propio”.
Sin duda, estamos frente a un premio que data de legalidad, contribución pública y profundo sentir académico, ese que hasta nuestros días sigue siendo motivo de huella, lectura y análisis.
Hasta la fecha los ganadores del Premio Nacional de Historia en Chile han sido variados y de diversas “escuelas historiográficas”, enfoques metodológicos e ideas políticas esbozadas. De esta forma, encontramos los siguientes nombres:
Eugenio Pereira Salas (1974), Mario Góngora (1976), Juan Luis Espejo (1978), Néstor Meza (1980), Ricardo Krebs (1982), Gabriel Guarda (1984), Rolando Mellafe (1986), Fernando Campos (1988), Álvaro Jara (1990), Sergio Villalobos (1992), Mario Orellana (1994), Walter Hanisch (1996), Armando de Ramón (1998), Mateo Martinic (2000), Lautaro Núñez (2002), Jorge Hidalgo (2004), Gabriel Salazar (2006), Eduardo Cavieres (2008), Bernardino Bravo Lira (2010), Jorge Pinto Rodríguez (2012), Sergio González Miranda (2014), Julio Pinto Vallejos (2016), Sol Serrano (2018), Iván Jaksic Andrade (2020), Rafael Sagredo Baeza (2022) y César Ross Orellana (2024).
Hasta ahora, el Premio Nacional de Historia año 2026 tiene dos candidaturas elevadas, por un lado, tenemos a Mario Garcés Durán (Respaldado por el Consejo de la Facultad de Humanidades y el Departamento de Historia de la Universidad de Santiago, USACH), y por otro, a Joaquin Fermandois (Respaldado por la Universidad San Sebastián). Ambos académicos, historiadores y símbolos de la investigación en Chile.
Actualmente el jurado para escoger al Premio Nacional de Historia está compuesto por el Ministro de Educación, el Rector de la Universidad de Chile, un representante de la Academia Chilena de la Historia, un académico designado por el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH) y el último ganador del premio, en este caso el Dr. César Ross. Ante lo dicho, surgen muchas interrogantes, lecturas y relecturas en relación al ganador de cada convocatoria suscitada. Aquí algunas de ellas:
¿El Premio Nacional de Historia es un guiño político al ganador electo producto de sus ideas intelectuales esbozadas a lo largo de su vida y trayectoria profesional? ¿Es un premio que tiene como fin último el reconocimiento público a la excelencia académica y aporte a la disciplina, o bien, podría terminar influyendo la posición política del candidato/a y jurado respectivo? ¿Debiese existir un límite de oportunidades para que un candidato se presente a un premio nacional en Chile, considerando que en ocasiones muchos de ellos parecen eternos hambrientos de sed, poder y reconocimiento público? ¿Realmente tiene valor obtener el Premio Nacional de Historia en nuestro país, o simplemente estamos frente a un reconocimiento que cada vez resulta más ajeno al mérito de la disciplina historiográfica?
Tal vez necesitamos analizar y replantearnos los focos de tan anhelado premio, de lo contrario, existe el peligro de cercenar su real valor y pavimentar un radie lleno aprensiones públicas que terminen debilitando dicho trofeo.