Durante las últimas administraciones nuestra política comercial ha ido perdiendo su foco, vaciándose de contenido y transformándose progresivamente en solo un mecanismo para abrir más y nuevos mercados, con la expectativa de exportar más, pero por lo general, siempre exportando más de lo mismo, sin una propuesta que permita modificar los fundamentos de nuestro sistema productivo.
Está claro que el comercio exterior ha jugado un papel creciente en la economía global y Chile no ha estado ausente de este proceso. Hoy, el valor de las exportaciones chilenas, como porcentaje del producto (GDP), sobrepasa el promedio global. No obstante, la “política comercial” ha estado dirigida exclusivamente a la profundización de la apertura económica, ignorando otros componentes esenciales del desarrollo nacional.
La administración actual busca acelerar la apertura de nuevos mercados, asumiendo que la sola apertura de mercados lleva automáticamente al aumento de las exportaciones y al crecimiento, sin considerar objetivos como la diversificación de la matriz productiva, la protección del medioambiente y de los recursos naturales, así como la articulación del comercio con la geopolítica global. Además, olvidamos con facilidad que somos una economía pequeña y de recursos naturales limitados, aunque muy codiciados. Estamos incurriendo en un grave error de cálculo.
Podemos tener grandes reservas de minerales críticos, pero -después de todo- éstas son limitadas y no será la primera vez que caemos en la trampa de creer que estos recursos son inagotables o insustituibles. De hecho, ya nos ha ocurrido en el pasado y hoy estamos nuevamente, abusando de nuestros recursos naturales y empujándolos al límite. Más importante, y más allá de solo intentar exportar más a nuevos mercados, nuestra política comercial no tiene objetivos ni prioridades claras.
De hecho, ni siquiera hemos trabajado y desarrollado de manera efectiva y sostenible los mercados a los que tenemos acceso en la actualidad. Con un Estado en retroceso, inevitablemente, solo unos pocos gremios y un puñado de empresas asumen un rol predominante en la conducción del comercio internacional, impactando diversos aspectos del desarrollo. No obstante, la formulación de políticas, liderazgo y conducción del desarrollo nacional debe una política de Estado; no es tarea de la empresa privada.
El desdibujamiento de nuestra política comercial -cuasi retiro del Estado de la conducción de esta Política de Estado, con la pérdida de prioridades y de foco en las relaciones exteriores- no es nuevo y se inicia luego de negociar los primeros tratados comerciales (TLCs), pero se profundiza progresivamente y acentúa con las últimas administraciones. Tengo la convicción de que la administración actual nos llevará por el mismo camino, sin modificaciones en la dirección ni el contenido de las políticas de relaciones económicas internacionales y de comercio. De hecho, las Misiones Oficiales a China e India, hace ya varias semanas atrás, y la más reciente a los EE.UU., así lo indican.
En reunión con empresarios estadounidenses, el Canciller habría señalado lo siguiente:
“… Nuestro objetivo no es solamente aumentar las exportaciones, sino que diversificar mercados, atraer inversión extranjera, impulsar el comercio exterior con una visión de valor agregado y fortalecer la integración de Chile en las cadenas globales de valor …” (Prensa MINREL, 7 de julio). “… Nuestro objetivo no es solamente aumentar las exportaciones, sino que diversificar mercados, atraer inversión extranjera, impulsar el comercio exterior con una visión de valor agregado y fortalecer la integración de Chile en las cadenas globales de valor …” (Prensa MINREL, 7 de julio).
Pero, como en otras ocasiones, la Cancillería y la SUBREI no parecen tener objetivo ni prioridades claras, o planes en esa línea, lo que -inevitablemente- ha llevado a que hoy, Hacienda se involucre más directamente en la formulación de esta importante Política de Estado, con el propósito de crearle más “oportunidades de negocio” al sector privado. Y el ministro así lo ha explicitado en más de una ocasión (La Tercera, 24 de junio).
El abandono progresivo de las políticas comerciales por parte del Estado, ha tenido efectos nefastos. Y los resultados están a la vista. Ciertamente, las empresas han tenido nuevas oportunidades de negocios, pero nuestras exportaciones se han concentrado en pocos recursos naturales de escaso o sin valor agregado, teniendo como destino, crecientemente, un puñado de países de Asia, especialmente China. La relación establecida con este pequeño grupo de países es muy asimétrica, ya que exportamos casi exclusivamente recursos naturales y subproductos, e importamos manufacturas.
En las dos últimas décadas, la concentración de nuestras exportaciones al mundo de: (1) productos agrícolas y maderas; (2) productos químicos inorgánicos, en especial litio; (3) mineral de cobre y sus productos; (4) pulpa de madera y celulosa; y (5) metales preciosos, creció de 83% a 88%. Al mismo tiempo, se observa un enorme desvío del comercio, con solo cinco países de Asia -China, Japón, Corea, India y Taiwán- participando con más del 53% de nuestras exportaciones totales. Dos décadas atrás ésta alcanzaba a sólo 30%.
Este explosivo crecimiento de las exportaciones a Asia literalmente ha llevado al cuasi abandono de mercados en América y Europa. Hoy, dependiendo de los años que se considere, China concentra entre el 36% y 38% del total de las nuestras exportaciones, que incluyen casi exclusivamente, mineral de cobre y subproductos, litio, algunos alimentos (cerezas y carne), y celulosa y pulpa de madera, en orden descendente de importancia.
Más importante, nuestras falencias en las políticas comerciales -que han privilegiado el intercambio con los países de Asia- han conducido inevitablemente, a una espiral o círculo vicioso, que profundiza la especialización extractivista: mientras más recursos naturales y minerales de bajo valor agregado exportamos, más nos especializamos en su explotación y exportación, y así profundizamos el proceso.
La administración actual parece priorizar los grandes mercados en Asia. Grandes mercados, sin duda, pero no del tipo que debiera interesarnos. Todo parece indicar que las propuestas de la administración Kast acentuarán aún más esta espiral viciosa. Y para muestra, un botón: luego de la reciente misión oficial a China, la Subsecretaria de la SUBREI comentó que la visita “… permitió seguir profundizando una relación económica y comercial muy sólida”, para que luego, su Departamento de Prensa concluyera que nuestra canasta exportadora “es diversa y altamente complementaria con la demanda del mercado chino" (mayo 26, Prensa, SUBREI). Ciertamente la canasta es complementaria, pero no diversa: ¡da pena este comunicado!