El pasado 30 de julio se desarrolló la primera ronda de votaciones informales —conocidas como straw polls en inglés— en el Consejo de Seguridad de la ONU. A partir de ese momento, ha comenzado a instalarse una lectura sobre la elección del próximo Secretario o Secretaria General de Naciones Unidas: quién va adelante, qué candidaturas pierden terreno y hacia dónde parece encaminarse el resultado. Sin embargo, el escenario sigue marcado por una importante incertidumbre.
Pensar que el camino comienza a estar definido es comprensible. Estamos acostumbrados a pronosticar elecciones con base en encuestas, debates y respaldos públicos. Pero este proceso debe analizarse desde la perspectiva de la diplomacia y del particular mecanismo de nombramiento de autoridades en organismos internacionales.
Lo primero que hay que entender es que el Secretario o Secretaria General es nombrado por la Asamblea General, compuesta por todos los Estados Miembros, previa recomendación del Consejo de Seguridad. Esto exige reunir el respaldo necesario entre sus quince integrantes y evitar el veto de cualquiera de sus cinco miembros permanentes: China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia.
Lo segundo es que el Consejo de Seguridad realiza votaciones informales en los meses previos a la elección para ir midiendo las posibilidades de cada candidatura. Esto consiste en sondeos en formato de voto informal, secreto y no vinculante, los cuales permiten observar la evolución general de los apoyos y rechazos y, posteriormente, el riesgo de un eventual veto. La primera votación informal del 30 de julio permitió establecer un punto de partida respecto de apoyos, pero no de los posibles vetos. Esto podrá analizarse cuando, en próximas rondas se defina utilizar papeletas de distinto color para los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Sin embargo, lo clave es entender que estas votaciones informales no constituyen elecciones, sino que se trata de sondeos clave para el proceso de negociación, cuya cantidad y formato lo va definiendo el Consejo de Seguridad. En 2016, antes de la elección de António Guterres, hubo seis rondas. En 1996, Kofi Annan llegó a recibir el desaliento de un miembro permanente, oposición que posteriormente pudo superar hasta alcanzar el consenso necesario para ser recomendado.
Lo tercero es escuchar las declaraciones públicas como señales de tendencias y no como una postura definida o inamovible. En un escenario donde cinco de las siete candidaturas actuales son latinoamericanas y cuatro son mujeres, plantear como ideal que la próxima Secretaria General reúna ambas características visibiliza una preferencia política, pero no necesariamente define un voto. Estas declaraciones permiten identificar tendencias generales. Un compromiso con una candidatura requiere señales más directas.
Lo cuarto está en la interpretación de la “no opinión”. En los sondeos informales, esta alternativa no debe entenderse automáticamente como indiferencia, rechazo o indecisión. Es importante considerar que esta opción puede reflejar más bien una decisión estratégica para no generar un compromiso hasta que sea más claro el panorama o para conservar margen de negociación. Esto quiere decir que una cantidad importante de “no opinión” podría reflejar que entre los Estados aún ven que el escenario continúa muy abierto.
Lo quinto es que los Estados no toman esta decisión de manera aislada del resto de su política exterior. Aquí no votan ciudadanos sino Estados, representados por delegados que actúan según instrucciones de sus gobiernos. Esta elección, además, ocurre simultáneamente con otros procesos: candidaturas a organismos internacionales, aspiraciones a integrar órganos multilaterales, postulaciones para albergar encuentros, negociaciones regionales y agendas bilaterales.
En ese contexto, los Estados construyen apoyos y reciprocidades en distintos espacios multilaterales. Por eso, comprender sus objetivos de política exterior también ayuda a interpretar cómo podrían evolucionar sus votos.
El 21 de agosto se realizará una nueva ronda de votación informal en el Consejo de Seguridad, lo que permitirá observar movimientos respecto de la anterior y, quizás en esta o en futuras rondas, conocer si alguna enfrenta el riesgo de un eventual veto.
La invitación es a tener paciencia, observar evoluciones, interpretar las declaraciones con cautela, considerar la posibilidad de que algunas candidaturas se retiren o aparezcan otras nuevas, y comprender que este proceso no funciona bajo las dinámicas electorales a las que estamos más acostumbrados. Por ahora, nada está definido.