lunes 07 de septiembre de 2026
Opinión

Los enemigos de la democracia en el mundo de hoy

Dinero, ideología y tecnología juntos en manos de personajes que desprecian la democracia, son un peligro inminente para las libertades y derechos que la humanidad ha conquistado en siglos de lucha.

7 de septiembre de 2026 - 05:00

La fractura principal que desordena el mundo en que vivimos es el reordenamiento del poder mundial, el segundo después de la disolución de la Unión Soviética en 1991. La pugna entre los Estados Unidos y la República Popular China se produce en el marco de profundas transformaciones en el capitalismo contemporáneo, dando lugar a un enjambre de conflictos (policrisis) que se sostienen en el tiempo (permacrisis), afectando también a la democracia, aunque no es correcto confundir geopolíticamente estas fisuras en un esquema ideológico parecido al de la guerra fría.

El auge de la ultraderecha no hace evidente que los problemas de la democracia provengan de una ultraizquierda reducida y aislada, o de la competencia con una China que no pretende exportar su modelo, a lo menos por ahora, sino incrementar su influencia política y las oportunidades para su economía.

Tampoco Rusia tiene fuerza suficiente para imponerse en el escenario global y es una sociedad conservadora, no comunista, para quien la guerra con Ucrania se ha convertido en un problema de difícil solución y cuyo eje es geopolítico (proyección de su área de influencia), frente a un país que se mueve por motivaciones similares (nacionalismo, corrupción, autoritarismo), no por la pugna democracia-dictadura.

Estados Unidos sufre la segunda presidencia de Donald Trump, quién está abandonado los valores liberales. Para América Latina, en tanto, Washington aplica un neo imperialismo que la considera como su patio trasero y usa mecanismos de control y dominio a través del “Escudo de Las Américas”, espacio que aglutina a gobiernos de ultraderecha que sirven a la Estrategia de Seguridad norteamericana, disponiendo a los ejércitos de la región para combatir el narcotráfico y el terrorismo de izquierda. Así de directo y claro.

Silicon Valley alberga a las más destacadas empresas tecnológicas y sus dueños, tales como Peter Thiel y Elon Musk, quienes desconfían o no creen en la democracia. De esta forma, se ha ido desarrollando una suerte de tecnoautoritarismo, caracterizado por una creciente convergencia entre el poder de las grandes empresas tecnológicas y doctrinas políticas antidemocráticas.

Para Thiel, por ejemplo, la democracia liberal y el sufragio universal limitan la innovación y el progreso tecnológico, debido a los controles y a los tiempos que demora construir consensos, el estado debe ser mínimo en lo económico y en lo regulatorio, pero con un fuerte control de seguridad e inteligencia.

Mientras Thiel prefiere influir desde las sombras financiando candidatos ultras, Elon Musk, es populista y utiliza su plataforma X para orientar a la opinión pública y confrontar al progresismo. Trump lo incorporó a su segunda administración como asesor en la reducción del gasto público y en la reestructuración administrativa del Estado, levantando una agencia (DOGE) cuyo fracaso fue rápido y estrepitoso. Además, el dueño de la fortuna más grande del planeta (alrededor de US $700.000 millones) promueve la eficiencia tecnológica y defiende de manera absoluta la libertad de expresión, incluidas las redes sociales, no obstante, tiene poca credibilidad.

Ambos confían en que el futuro de la humanidad depende de una expansión tecnológica radical, de la exploración espacial, de la inteligencia artificial y de la posibilidad de extender la vida. Imaginan una suerte de utopía tecnológica y de un empresariado visionario como la figura capaz de resolver los problemas globales mejor que los gobiernos tradicionales.

Dinero, ideología y tecnología juntos en manos de personajes que desprecian la democracia, son un peligro inminente para las libertades y derechos que la humanidad ha conquistado en siglos de lucha. La ilustración oscura y sus antivalores son considerablemente más riesgosos que cualquier otra fuerza o actor. Esos son los verdaderos enemigos de la democracia.

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