domingo 09 de agosto de 2026

La madeja y la plantilla

Mientras algunos nudos los impone el azar, otros comienzan a tejerse desde el poder con un mismo patrón que se extiende por América Latina.

9 de agosto de 2026 - 11:45

Mi viaje al Perú no fue como los anteriores. Aunque, siendo justos, ningún viaje se parece realmente a otro: siempre aparece un imprevisto capaz de alterar cualquier planificación, y a veces el imprevisto tiene nombre y apellido.

El primer obstáculo apareció porque quien debía gestionar mi presentación no hizo los trámites a tiempo, dejándome sin sala oficial en la Feria Internacional del Libro. ProChile, generoso, me ofreció un espacio en el stand de Chile. Pensé que las dificultades quedaban atrás. Pero apenas un día antes me avisaron que el espacio "estaría ocupado", aunque a esa hora no había allí ninguna otra actividad.

No quiero ser suspicaz ni atribuir intenciones que no puedo probar, y por supuesto jamás se me ocurriría pensar que tuviera algo que ver con que el libro trata sobre los cincuenta años del golpe de Estado en Argentina y la memoria histórica. Sería absurdo. Prefiero, con la mejor de las voluntades, creer en la desafortunada casualidad.

Paradójicamente, el cambio terminó favoreciendo la presentación: el libro encontró la plaza central de la feria y un público mucho más amplio que el espacio pequeño ofertado por ProChile. Así es la vida de quien escribe de manera independiente: nada garantizado, todo a pulso.

Pensando en esos tropiezos, me viene a la cabeza una madeja de lana, no la ordenada, sino esa que un gato convierte en un desastre. Uno tira de un hilo para deshacer un nudo y aparecen otros varios. Pero con paciencia, la madeja vuelve a encontrar su forma.

Entonces comprendí que esa imagen no solo describía mi viaje: también retrata el momento político de América Latina.

La ultraderecha dejó de ser un conjunto de expresiones aisladas para reproducir un mismo libreto. Cambian los líderes, las banderas, los acentos, pero el guión se repite con la fidelidad de una franquicia: instalar el miedo como herramienta política, convertir al adversario en enemigo permanente, desacreditar a las instituciones cuando estorban, atacar a la prensa crítica, desmantelar el Estado y vender la concentración del poder como "eficiencia".

Más que proyectos nacionales, lo que se percibe es una plantilla que se copia y pega de un país a otro, con buena parte de su inspiración en el giro de la derecha estadounidense bajo Donald Trump, hoy adaptado con entusiasmo regional.

Las coincidencias ya no parecen casuales. En Argentina, Milei impulsó la Ley Bases y una desregulación feroz del Estado. En Ecuador, el combate al crimen organizado sirvió de excusa perfecta para ampliar las facultades del Ejecutivo. En Chile, la ultraderecha aprobó una reforma que hipoteca el país. Y en Perú, Keiko entra al gobierno para bendecir un proyecto que delega al Ejecutivo facultades legislativas en seguridad, economía, simplificación administrativa, modernización del Estado y política tributaria: todo, faltaba más, para "modernizar" el país.

Analizadas por separado, son realidades distintas. Vistas en conjunto, revelan una orientación idéntica: fortalecer los ejecutivos, reducir los contrapesos, acelerar la desregulación y presentar cada retroceso institucional como el único camino posible, porque no hay alternativa, dicen, aunque casualmente la alternativa que ofrecen sea siempre la misma.

No estamos frente a una nueva Operación Cóndor. La dimensión criminal de aquel plan represivo y su contexto histórico son incomparables. Pero sí parece configurarse una coordinación política e ideológica que cruza fronteras, comparte asesores, estrategias comunicacionales, discursos y recetas económicas, como una suerte de Operación Cóndor 2.0, esta vez sin necesidad de cuarteles: basta con exportar el mismo modelo político, económico y cultural, y un buen community manager.

Cuando dirigentes de distintos países anuncian, casi con orgullo, que aplicarán las políticas de Milei, o cuando los discursos se repiten palabra por palabra, cuesta creer que todo sea coincidencia; sería, de hecho, una casualidad más asombrosa que la del stand vacío que de pronto estaba ocupado.

Conviene aprender a distinguir entre los nudos que impone la vida y los que otros fabrican con esmero. Los primeros nos fortalecen al superarlos. Los segundos, si no los reconocemos a tiempo, terminan enredando no solo el destino de un país, sino el de toda una región, mientras alguien, muy lejos de la madeja, sonríe satisfecho por lo bien que salió el nudo y ese alguien es quien lleva un tiempo imponiendo el terror no solo hacia Latam.

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