martes 30 de junio de 2026
Transformando Sonrisas

El orgullo también se construye sonriendo

El orgullo también se construye así: garantizando que nadie tenga que esconder quién es para recibir atención de salud, para sentirse respetado o para poder sonreír

30 de junio de 2026 - 11:45

Hace un tiempo, durante un operativo odontológico para personas transgénero, Andreita me reveló algo que no he podido olvidar: “Hace años que no iba al dentista porque me daba miedo cómo me iban a tratar”. No aludió a lo caro del tratamiento ni de las listas de espera. Me habló de miedo.

Esa conversación me hizo reflexionar sobre algo que muchas veces se nos olvida. Para gran parte de las personas, ir al dentista es una experiencia rutinaria. Para otras, puede significar exponerse a preguntas invasivas, vulneración de su identidad o simplemente al temor de no ser tratadas con respeto. Cuando eso ocurre una y otra vez, las personas dejan de consultar y llegan al sistema de salud sólo cuando el dolor ya es insoportable.

Cuando hablamos de las brechas que afectan a las personas pensamos en salud mental, hormonas o cirugías de afirmación de género. La salud oral rara vez forma parte de la conversación pública, a pesar de que influye directamente en la alimentación, la autoestima, la comunicación y la calidad de vida.

Como mujer lesbiana de cuarenta y tantos años, crecí en un Chile muy distinto al actual. Un país donde muchas personas aprendimos a preguntarnos si un espacio era seguro o no y donde algunas partes de nuestra identidad parecían mejor ocultas. Mi experiencia no es la misma que la de una persona trans, y no pretendo apropiarme de esa realidad o de esa lucha, pero sí conozco la importancia de sentirse reconocida y respetada.

Tal vez por eso he aprendido que la inclusión en salud no depende únicamente de leyes o protocolos, también se construye en gestos cotidianos: respetar el nombre de una persona, escuchar sin prejuicios, usar una chapita con la bandera de la diversidad, utilizar un lenguaje adecuado o no asumir que la mujer que acompaña a una paciente es su hermana cuando perfectamente puede ser su polola.

Lo que hemos aprendido en Transformando Sonrisas es que muchas veces las barreras no son económicas ni técnicas. Son humanas. Una atención respetuosa puede marcar la diferencia entre una persona que vuelve a controlarse y otra que desaparece del sistema de salud durante años.

Por eso me preocupa el momento político que estamos viviendo. En distintas partes del mundo han ganado espacio movimientos de ultraderecha que cuestionan políticas de inclusión, recortan programas sociales y vuelven a instalar discursos que parecían superados. Chile no está aislado de ese fenómeno. Cada día vemos cuestionamientos a iniciativas de diversidad y ataques a programas destinados a grupos históricamente excluidos.

Cuando se debilitan las políticas de inclusión, cuando se reducen los espacios de acompañamiento o cuando se instala la idea de que ciertos grupos deben arreglárselas solos, las consecuencias no son abstractas como una denuncia por Instagram. Se traducen en la aparición de barreras que creíamos haber empezado a derribar.

Afortunadamente, también he sido testigo de cambios esperanzadores. He visto a estudiantes y colegas voluntarios del proyecto Transformando Sonrisas, cambian su mirada después de conocer realidades que les eran ajenas. Y he visto cómo la confianza puede reconstruirse cuando las personas sienten que son tratadas con respeto.

En la marcha del Orgullo de 2026 estaré viendo cómo coronan Reina Histórica de las mujeres trans a Marcela Dimonti. Recorreré la Alameda junto al camión del Sindicato Amanda Jofré, liderado por Pati, Anastasia, Denise y tantas otras mujeres y personas trans que llevan décadas sosteniendo espacios de resistencia y comunidad. También abrazaré a Alexa Soto, mi estilista personal y voz de las nuevas generaciones, a Yermen Dinamarca, actriz, y Mamá Boa, a Darling Marcela y a muchas otras personas que he tenido la suerte de conocer gracias a este camino.

Si no hubiese sido por Transformando Sonrisas, tal vez mi vida nunca se habría cruzado con la de ellas. Nunca habría aprendido tanto sobre valentía, dignidad y perseverancia. Tampoco hubiese recibido los abrazos cariñosos, colmados de Fe de María Paz de Jesús.

Hoy sé que la inclusión no se construye solamente desde las políticas públicas o los discursos bien intencionados. También se construye desde los vínculos.

Por eso, cuando pienso en el Orgullo, no imagino solamente en una bandera o una marcha. Pienso en las personas que me han abierto las puertas de sus vidas y me han permitido aprender junto a ellas. Pienso en quienes han resistido décadas de discriminación sin renunciar a su derecho a existir y en el país que quiero dejarles a mi hijo y a mi hija.

El orgullo también se construye así: garantizando que nadie tenga que esconder quién es para recibir atención de salud, para sentirse respetado o para poder sonreír. Y agradeciendo a quienes nos enseñan, todos los días, que una sociedad más justa se construye desde la solidaridad, el encuentro y la comunidad.

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