jueves 18 de junio de 2026

Capacitación y empleo femenino: Una urgencia que Chile no puede seguir postergando

Las mujeres de Chile necesitan oportunidades. La capacitación puede ser una de las puertas más efectivas para abrirlas.

18 de junio de 2026 - 05:00

En Chile, una de cada diez mujeres que busca trabajo no logra encontrarlo. Detrás de esa cifra hay historias concretas: madres que necesitan reincorporarse al mercado laboral después de años dedicadas al cuidado de sus familias; trabajadoras que perdieron su empleo y requieren reconvertir sus competencias; mujeres de comunas apartadas que ven pasar las oportunidades sin que estas lleguen a sus territorios.

El desempleo femenino no es solamente un problema económico. Es también un problema de autonomía, de desarrollo social y de igualdad de oportunidades.

Sin embargo, cuando observamos el debate público sobre empleo, con frecuencia se habla de crecimiento económico, de inversión o de productividad, pero pocas veces se pone el foco en una herramienta que ha demostrado ser capaz de cambiar trayectorias de vida: la capacitación laboral.

La capacitación permite que una mujer adquiera nuevas competencias, se adapte a los cambios tecnológicos, mejore sus ingresos y aumente sus posibilidades de acceder a un empleo formal. No obstante, para que ello ocurra, la formación debe responder a las necesidades reales del mercado laboral y estar disponible donde las personas la necesitan.

Hoy enfrentamos una paradoja preocupante. Mientras el desempleo femenino continúa siendo una de las principales brechas laborales del país, gran parte de la oferta pública de capacitación se encuentra ralentizada o paralizada por decisiones administrativas, incertidumbre institucional y procesos que han reducido significativamente la ejecución de programas en terreno.

Las consecuencias son evidentes. Miles de mujeres que viven en localidades como Pica, Coya, Chonchi, Salamanca o Alto del Carmen ven disminuir sus oportunidades de acceder a programas de capacitación que podrían abrirles las puertas a un empleo o permitirles emprender.

Desde la Asociación Gremial Alianza Mujeres en la Capacitación, que reúne a 103 mujeres líderes de Organismos Técnicos de Capacitación a lo largo del país, observamos con preocupación cómo se ha debilitado un ecosistema que durante décadas ha llevado formación laboral a las comunidades más alejadas de Chile.

La discusión no debería centrarse únicamente en cómo modificar instrumentos o rediseñar procedimientos. Debemos preguntarnos cuál es el resultado que buscamos alcanzar. Y la respuesta es simple: más mujeres trabajando.

Para ello, necesitamos una política pública de capacitación orientada a resultados de empleabilidad. Programas diseñados a partir de las necesidades reales de contratación de las empresas, mecanismos efectivos de intermediación laboral, seguimiento de egresadas y una fuerte presencia territorial que permita llegar a quienes más lo necesitan.

El ejemplo de programas exitosos como Talento Digital demuestra que cuando la capacitación se construye considerando la demanda laboral existente, los resultados mejoran significativamente. Esa lógica debe inspirar el diseño futuro de toda la oferta formativa del Estado.

Asimismo, es fundamental reconocer el valor de la red de OTEC presentes en todo el territorio nacional. Son estas organizaciones las que conocen las realidades locales, identifican las necesidades de las comunidades y generan confianza con las personas que participan en los programas. Excluirlas o invisibilizarlas implica debilitar la capacidad del sistema para llegar donde más se requiere.

Chile no puede resignarse a que miles de mujeres permanezcan fuera del mercado laboral. Cada mujer que logra capacitarse y acceder a un empleo mejora su calidad de vida, fortalece a su familia y contribuye al desarrollo económico de su comunidad.

La capacitación no debe entenderse como un gasto. Es una inversión social y productiva. Y en un contexto donde el desempleo femenino sigue golpeando con fuerza, invertir en capacitación pertinente, territorial y conectada con oportunidades reales de trabajo no es una opción: es una necesidad urgente para el país.

Las mujeres de Chile necesitan oportunidades. La capacitación puede ser una de las puertas más efectivas para abrirlas.

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