martes 08 de septiembre de 2026
Opinión

Amiga, date cuenta

¿Es razonable pensar que el desarrollo de la psicología no es una prioridad para el país, o que lo es menos que el de las otras disciplinas?

8 de septiembre de 2026 - 11:45

Una falacia es un argumento incorrecto que nos lleva a una conclusión que, sin embargo, nos parece perfectamente lógica o de puro sentido común. Cuando estamos de acuerdo con lo que se dice, generalmente no revisamos bien si el argumento está bien construido; lo hacemos solo cuando lo que se dice no nos gusta tanto o contradice nuestra percepción, experiencia o creencias.

Las personas no razonamos todo el tiempo. Cotidianamente hacemos y decidimos muchas cosas de forma automática y sin mucha consciencia. Para resolver situaciones aparentemente conocidas o no tan complejas, contamos con una especie de atajos mentales que llamamos sesgos o heurísticos.

Pueden olvidar las palabrejas, pero quédense con la idea general: con mucha frecuencia hacemos juicios rápidos a partir de atajos mentales que, la mayoría de las veces, resultan útiles y nos ahorran tiempo y esfuerzo sin que necesariamente impliquen razonamientos correctos. Convengamos que, si hay que reaccionar rápidamente ante una situación de peligro al conducir por la autopista, tardaremos menos en llegar al hospital que en revisar racionalmente todas las acciones posibles y calcular sus resultados.

Estos atajos operan con mayor fuerza en situaciones de peligro o emergencia y pensamos que han sido seleccionados a lo largo de la evolución porque facilitan respuestas eficientes, pero pueden convertirse en trampas peligrosas y ser utilizados por quienes buscan manipularnos. Lo hacen las redes sociales, el marketing, los medios de comunicación y también la clase política. Amiga, date cuenta. Hay personas que se entrenan para esto, se crean algoritmos para esto y, al parecer, no hay nadie capaz de controlar los atajos que también usa la IA. Los contenidos digitales con los que se entrenan también están plagados de sesgos.

Hoy vivimos secuestradas por la creencia de que las calles son peligrosas y estamos en riesgo permanente. Los medios de comunicación y las redes sociales (ya sea a través de cuentas personales o bots) hablan de esto mucho más que de cualquier otra cosa. Constantemente nos muestran situaciones terribles y, eventualmente, podemos conocer a alguien que las ha vivido en primera persona, o a alguien que conoce a alguien que las ha vivido.

Por tanto, sin dudarlo mucho, vamos a aceptar que mejorar la seguridad del país es una prioridad absoluta. ¿Quién no estaría de acuerdo con esto? El miedo y la incertidumbre son elementos clave si se busca que alguien no razone bien, así que, como ejercicio, les propongo que le pongamos cabeza y analicemos esta cuestión de las prioridades de forma racional.

A mí también me genera ansiedad la delincuencia, faltaría más, pero soy investigadora en psicología y me he entrenado para dudar de las conclusiones rápidas, sobre todo si me provocan emociones como el miedo o la rabia. Así que me pregunto: ¿la seguridad es una prioridad para el país respecto a qué? ¿Cómo se comparan los problemas del país? ¿Quién elabora la lista de prioridades? Francamente, espero que no sea una IA, porque las preguntas se me multiplican: ¿Quién crea el algoritmo que analiza las prioridades y qué hace exactamente? ¿Qué sesgos tiene el algoritmo? Es una gran falacia creer que el análisis de datos mediante modelos de IA hace que las decisiones sean objetivas y políticamente neutras.

Para el ejercicio, les propongo que me sigan en la comparación de dos problemas que, en principio, son distintos (aunque pueden estar profundamente relacionados), como la delincuencia y la salud mental. Es solo un ejemplo que a mí, particularmente, me interesa, pero si gustan, luego pueden seguir por su cuenta y analizar otros. Lo primero que debo hacer es encontrar un dato que, al ser del mismo tipo, pueda comparar correctamente. Desde el colegio sabemos que no se pueden mezclar peras con manzanas, pero sí podemos comparar cestos de manzanas distintos para ver en cuál hay más.

Ya que estamos hablando de prioridades, me voy a los casos extremos y busco el número de muertes por homicidio y suicidio del año pasado. Según estadísticas oficiales, el número de homicidios consumados en Chile en 2025 fue de 1.091. Sin duda, demasiadas personas perdieron la vida a manos de otras. Un solo caso que hubiera encontrado ya me habría parecido terrible, pero desde esa emoción no puedo avanzar mucho en el análisis racional de prioridades. Los datos, en sí mismos, no dicen mucho; cobran significado cuando se buscan, analizan e interpretan con un objetivo.

En la misma fuente observo que el número de homicidios bajó entre 2024 y 2025 y venía bajando desde 2023. Específicamente, en 2025 hubo 118 víctimas menos que en 2024 y la tasa de víctimas por cada 100 mil habitantes bajó del 6,1 al 5,4. Nadie podría tomar una decisión racional en materia de política pública solo con esta información si no se sabe por qué bajó la tasa ni si seguirá bajando. Podría haber sido por casualidad, o un error de medida, por ejemplo. Pero lo que sí es seguro es que el problema no empeoró y no se puede afirmar que ahora sea más prioritario que el año pasado.

En cuanto a los suicidios, lo primero que hay que notar es que no hay datos del mismo tipo y fuente oficial para 2024 y 2025. Puedo encontrar información por otras vías (bien descorazonadora, por cierto) o información preliminar, pero decido no usar fuentes distintas para mantener el rigor del ejercicio. Comparo entonces el número de homicidios y suicidios del último año para el que tengo datos oficiales, 2023, no sin antes concluir que al Estado no le importan lo mismo los suicidios que los homicidios. De lo contrario, se esperaría que ambos problemas fueran tratados de manera similar a nivel estadístico. Yendo al grano, en 2023, 1.249 personas fueron víctimas de homicidio consumado y 2.056 se suicidaron. Según los cálculos oficiales, la tasa de suicidios ascendió a 10,3.

Es decir, en 2023 la tasa de suicidios fue 4,2 puntos mayor que la de homicidios en 2025, y pueden creerme o hacer su propia búsqueda, pero todo apunta a que el número de suicidios no ha dejado de crecer desde entonces, sobre todo entre niños, niñas y adolescentes. Dicho de otro modo, si todas las personas tuviéramos la misma probabilidad de ser asesinadas y de suicidarnos (cosa que las ciencias sociales en general y la psicología en particular pueden refutar así de frontón), en el Chile de 2023, era más probable querer dejar de vivir que ser asesinada, aunque a la gente, y claramente, al Estado, le preocupe más lo segundo que lo primero. Quizás no es que a la gente le preocupe menos, sino que no lo sabe, pero este no es un argumento que pueda aplicársele al Estado, porque tiene las cifras.

Lo voy a dejar aquí porque creo que el punto al que quería llegar ya está claro para cualquiera, a no ser que el texto le haya activado algún atajo. La psicología es una disciplina compleja y diversa; estudia sesgos cognitivos, prejuicios y salud mental, entre otros tantos fenómenos relevantes en educación, comportamiento social y un largo etcétera. También aportó, por ejemplo, el conocimiento técnico en aprendizaje sobre el que se ha construido la IA.

Después de todo lo dicho, ¿es razonable pensar que el desarrollo de la psicología no es una prioridad para el país, o que lo es menos que el de las otras disciplinas? Amiga, date cuenta. Mira tus circunstancias y las de tu gente, poniéndole cabeza, y ve si tus prioridades cambiaron del año pasado a este; las prioridades de un país, si se establecen con rigor científico, no cambian con los gobiernos.

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Edificio Consistorial, Quinta Normal / Crédito: Wikimedia Commons

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