viernes 25 de septiembre de 2026
Opinión

Acerca de bosques y plantaciones de árboles

Es equivocado o interesado pensar que la plantación de especies nativas es la solución frente a la plantación de especies foráneas. El problema está en la propia idea de plantación industrial.

25 de septiembre de 2026 - 16:45

«Una plantación no es un bosque » es una vieja consigna ecologista que conviene repetir cada vez que se confunde un ecosistema natural, como un bosque, con un ecosistema artificial, como una plantación de árboles. Lo mismo ocurre cada vez que se confunden las «razones» de la naturaleza con las razones del mercado.

Un bosque es una realidad heterogénea, desarrollada durante un largo período de tiempo, donde especies diversas, vegetales y animales, conviven y compiten por recursos limitados, principalmente la luz. Es un ecosistema complejo y acoplado, en el que interactúan múltiples subsistemas y emergen procesos de autoorganización, regulación y mantenimiento del conjunto.

Un bosque es un sistema donde nada sobra, nada se desperdicia, todo se transforma y nada es basura. Un árbol cae y se pudre; eso permite la existencia de múltiples microorganismos que contribuirán al enriquecimiento del suelo, lo que hará posible, a su vez, la germinación y la alimentación de nuevos ejemplares. Los pájaros y otros animales se alimentan de frutos de plantas, arbustos y árboles y distribuyen semillas en sus excrementos. Los insectos polinizan y sirven de alimento a los pájaros. Un bosque expresa y condensa los ciclos y las leyes de la naturaleza.

Un bosque existe porque sí y para sí. El tiempo del bosque es el tiempo pausado y regenerativo de la vida y de la muerte; un tiempo que coexiste con los tiempos y los ciclos del viento, del agua y de los nutrientes. Un bosque es una de las formas en que se expresa la biodiversidad, y la biodiversidad es la condición de la vida.

Por el contrario, una plantación de árboles es una realidad simplificada y homogénea que se desarrolla durante un breve período de tiempo, con una fuerte aportación de energía humana; es decir, carece de capacidad autoorganizadora. Se trata de cultivos coetáneos y continuos, en los que se debe reducir al máximo la diversidad de especies.

Las plantaciones industriales son, por lo tanto, sistemas cuya forma de organización sigue los mismos principios que rigen, por ejemplo, la producción de automóviles, microchips o lavadoras. Una plantación es el reino de la uniformidad y la serialidad: un objeto de diseño pensado por y para el mercado.

Una plantación uniformiza y reduce la composición de especies, la estructura de edades, la diversidad genética, el sotobosque, la presencia de árboles viejos y de madera muerta, la complejidad de los estratos verticales y las relaciones entre plantas, hongos, insectos, aves y microorganismos, entre otros elementos.

Una plantación es un simulacro de bosque, una forma vegetal que no se encuentra en la naturaleza, por lo que presenta comportamientos anómalos, por ejemplo, frente a los incendios, las sequías y las plagas. Su uniformidad y otras características la hacen muy vulnerable frente a esos acontecimientos, a diferencia de los bosques, a los que la evolución ha hecho mucho más resistentes. Una plantación es, más bien, una anomalía evolutiva, en el sentido de que rompe la continuidad entre ambiente, especies, diversidad genética y procesos de selección.

La lógica de las plantaciones es la lógica del capital, la misma lógica de la «destrucción creativa» y de la obsolescencia programada y, por lo tanto, de la acumulación. Son formas de vida efímeras subordinadas a las ganancias. Se plantan para ser cortadas y, cuando eso sucede, toda la escasa vida animal o vegetal asociada a ellas desaparece. Cada tala es una catástrofe paisajística y biológica.

Las plantaciones pueden tener efectos positivos momentáneos, por ejemplo, en la absorción de dióxido de carbono, pero, cuando se cortan, dejan de funcionar como tales. Una plantación existe solo por la acción humana; un bosque sobrevive a pesar de ella.

No hay diferencias esenciales entre una plantación de pinos o eucaliptos y una plantación de especies nativas. Cualquier especie arbórea, una vez introducida en la racionalidad de la producción masiva de madera, presenta comportamientos similares desde el punto de vista del consumo de recursos hídricos y vulnerabilidades semejantes. Una plantación masiva de boldos, peumos, quillayes o espinos puede ser tan perjudicial como una de pinos o eucaliptos. Ser «nativa» no es, en sí misma, una garantía de bondad ecológica.

Es equivocado o interesado pensar que la plantación de especies nativas es la solución frente a la plantación de especies foráneas. El problema está en la propia idea de plantación industrial. Frente a las catástrofes ambientales presentes y futuras, lo que hay que reducir es la demanda de madera industrial, no aumentar las plantaciones de árboles, sean o no nativos. También hay que crear las condiciones para que emerjan nuevos bosques y protegerlos. La sociedad y la naturaleza pueden existir sin plantaciones, pero no pueden existir sin bosques.

Temas
Notas Relacionadas
Lo más leído
Imagen referencial sobre inteligencia artificial

Las más leídas

Últimas noticias