Clases en el ojo del huracán
No podemos considerar el acto de educar como un espacio independiente y aislado, puesto que, de hacerlo, sólo hará que emerjan culpas, temores y desvalorizaciones cruzadas. Por lo mismo, abracemos este nuevo tiempo como una oportunidad. Pero una que de verdad parta del deseo de aportar y criticar constructivamente la labor docente. Una que nos haga buscar espacios de diálogo verdadero cuando algo no nos parezca, en vez de estar esperando con el celular el momento de grabar algo que no nos guste. De lo contrario, seguiremos levantando cada vez más robustas paredes que –al final del día– en nada contribuirán al aprendizaje de nuestros hijos, ni de nuestros estudiantes.