Rodrigo Rojas Vade y su pecado
Juzgar a Rodrigo Rojas por su mal, su mentira, y no por su labor en la Constituyente, es mirar con un ojo y con el otro: estar ciego. Basta verle en su declaración para saberle en llanto y dolido. Es hora que valoremos su honestidad y su liberación. Es hora que discutamos sobre tantas mentiras que hay hoy en la clase política y en los medios de comunicación. Es hora de destapar verdades. Es hora de no hacer leña sobre un árbol caído, sino abonar buena tierra para que ese árbol se levante y siga trabajando para lo que fue encomendado. Y eso, y nada más, se le pide hoy a Rodrigo Rojas Vade. Que sea un constituyente de la Lista del Pueblo que lo eligió para representarle. Con su calvario interno, que ya no es, y con toda su dimensión humana para seguir adelante.