¿Es realmente natural la naturaleza que vemos hoy? Un equipo de científicos de la Universidad Católica (UC) está excavando en el fondo de los lagos chilenos para responder esto. Al desenterrar el lodo espeso, descubrieron que nuestros paisajes llevan mucho tiempo alterados, aunque creamos que están intactos.
Los investigadores usan el fango como un "libro de historia" donde quedan grabadas las huellas de la contaminación, la minería y las forestales.
A diferencia del resto del mundo, donde la destrucción empezó hacia 1950, los datos en Chile apuntan a que el peor impacto comenzó entre los años 80 y 90, empujado por decisiones políticas y económicas de la época.
El científico Claudio Latorre, investigador UC, explica que este quiebre ambiental es muy reciente: “Lo que hemos estado viendo acá en Sudamérica es que ese (punto) es posiblemente muy posterior”.
Agrega, “probablemente fue algo que ocurrió mucho más reciente, entre los 80 y los 90... realmente empezamos a ver una alteración significativa del paisaje comparando con una línea base anterior. Esto es un reflejo de un cambio fundamental en la intensificación del uso del suelo producto de políticas públicas. Por ejemplo, la llamada ‘Ley de Bosque’ que subsidió el fomento de plantaciones forestales en la década de los 80”.
La crisis del lago Vichuquén y Torca
El ejemplo más preocupante de este daño ocurre en el lago Vichuquén y la laguna Torca. Allí, el agua se pone de color verde oscuro casi todo el año por la eutrofización: un exceso de nutrientes que hace crecer algas sin control, las cuales consumen el oxígeno y matan a los peces.
En esa zona, las plantaciones de pino crecieron un 60% en los últimos 40 años, cambiando por completo el ciclo del agua. La investigadora Magdalena Fuentealba explica este grave proceso:
“La eutrofización es básicamente un aumento en las concentraciones de nutrientes que llevan a floramientos o ‘blooms’ algales”, explica. “Esto genera que la dinámica físico-química del lago cambie, así como la productividad biológica, generando una alta mortandad de peces y una situación en cadena que genera la pérdida de calidad de agua tanto para la mantención del ecosistema acuático como para su consumo”.
Para entender estos cambios, el equipo saca tubos largos de lodo desde el fondo del agua. Incluso en la Patagonia, el fango muestra marcas de los enormes incendios que provocaron los primeros colonos el siglo pasado para limpiar terrenos.
ADN antiguo para sanar el agua
La gran novedad es que analizan el ADN antiguo atrapado en el barro para saber qué microorganismos vivían ahí hace siglos. Fuentealba detalla cómo funciona esta tecnología:
“La integración del ADN antiguo con la geoquímica en los sedimentos lacustres permite vincular los cambios ocurridos en la cuenca con la respuesta biológica de los lagos. La geoquímica nos permite identificar los aportes de nutrientes y sedimentos provenientes desde la cuenca, ello se logra a partir de la geoquímica, mientras que el ADN antiguo permite reconstruir las comunidades de microrganismos que habitaban en los lagos".
En consecuencia, "nos permite entender cómo las actividades humanas como la minería o la agricultura, han transformado su funcionamiento en escalas temporales mayores a las del registro instrumental y en aquellos lugares donde no existe monitoreo”, explica.
Este proyecto, financiado por el fondo Avanza UC del Plan Estratégico 2026-2030, busca descubrir cómo eran los lagos originalmente para poder limpiarlos y recuperarlos con éxito. Claudio Latorre tiene claro que este es el gran desafío del futuro:
“Es la llave para tratar de generar una restauración”, afirma Latorre. “Yo creo que eso va a ser la pega de la generación futura: realmente tratar de empezar a arreglar la embarrada que está quedando”.
Esta investigación será clave ahora que Chile avanza en proyectos como la extracción de litio en el Salar de Maricunga. El lodo de los lagos será el único juez objetivo para demostrar si las empresas cumplen con cuidar la naturaleza o si terminan destruyendo los rincones más frágiles del país.