Pescadores artesanales de la Región de Valparaíso han logrado revertir el deterioro de sus costas mediante la creación de cinco refugios marinos, gestionados en conjunto con la Fundación Capital Azul. En estas zonas, ubicadas en sectores como Maitencillo y Cachagua, no se permite ningún tipo de extracción de recursos, lo que ha permitido que el ecosistema se regenere de forma progresiva.
La supervisión de los refugios recae tanto en científicos como en los propios pescadores, quienes fiscalizan el cumplimiento de las normas y transmiten el valor de la conservación a las nuevas generaciones. Como resultado de este trabajo, especies como el abulón —conocido en Chile como "loco"— y los erizos de mar han vuelto a poblar la zona, en un proceso que también ha fortalecido los lazos dentro de las comunidades pesqueras.
Una fotogalería muestra la belleza de la biodiversidad que se ha ido recuperando bajo el mar en los refugios marinos creados para sustentar la pesca artesanal. Esta restauración ecológica también mejora la salud de los bosques submarinos de algas y frena la expansión de la plaga del erizo negro que se ha extendido por las costas del país.
El cambio, sin embargo, no fue inmediato. "Al principio hubo resistencia, la gente temía perder el acceso a especies clave", relató un pescador durante una visita de campo a Maitencillo. Con el tiempo, la experiencia terminó por convencer a quienes inicialmente dudaban del proyecto: "Pero hemos llegado a comprender que proteger una parte del océano garantiza su abundancia para todos en el futuro", agregó.
El refugio marino de Maitencillo fue inaugurado en noviembre de 2022 y busca fomentar la participación activa de la comunidad en la protección voluntaria de esta zona costera.