La anestesia verde gana terreno en los quirófanos como una vía para reducir la huella de carbono de las cirugías sin comprometer la seguridad de los pacientes. Se trata de un conjunto de cambios en los protocolos clínicos. Según distintos análisis internacionales, estos cambios permiten recortar entre un 45% y un 85% de las emisiones asociadas a la anestesiología y disminuir cerca de un 40% el gasto en fármacos e insumos anestésicos.
El punto de partida es el peso climático del propio sistema sanitario. De acuerdo con la organización Salud sin Daño, el sector es responsable del 4,4% de las emisiones globales netas de gases de efecto invernadero. Dentro de los hospitales, además, la actividad quirúrgica concentra una parte relevante de ese impacto.
¿Por qué los gases anestésicos contaminan?
Los anestésicos inhalados como el desflurano y el óxido nitroso son potentes gases de efecto invernadero que llegan a la atmósfera casi sin degradarse. El desflurano, por ejemplo, tiene un potencial de calentamiento global 2.540 veces superior al del dióxido de carbono. Así, una hora de cirugía con este fármaco equivale a recorrer varios cientos de kilómetros en un vehículo a combustión.
Por esa razón, la Unión Europea prohibió el uso de desflurano desde el 1 de enero de 2026, salvo cuando sea médicamente imprescindible.
Ahora bien, la transición no exige grandes inversiones. Lo que requiere son cambios en los protocolos y en la formación de los equipos. La primera medida es reemplazar los agentes de alto impacto por el sevoflurano o la anestesia intravenosa total (TIVA).
La segunda es aplicar técnicas de bajo flujo, que reducen el gas fresco evacuado al exterior y optimizan la dosis que el paciente vuelve a respirar. A ello se suma el monitoreo del consumo, que informa a los anestesiólogos sobre el balance ambiental de cada intervención.
El avance de la anestesia sostenible en Chile
En Chile, la discusión comienza a instalarse en la comunidad científica. La Universidad de Valparaíso realizó un estudio, publicado en la Revista Chilena de Anestesia, que encuestó a anestesiólogos de nueve hospitales públicos de alta complejidad de la Región de Valparaíso.
Según sus resultados, el 85% reconoce el impacto ambiental de la anestesia. Aun así, la técnica inhalatoria sigue predominando: se usa en el 64% de los casos, con el sevoflurano como agente principal.
Asimismo, cerca del 52% de los especialistas ya trabaja con flujos reducidos de gas, mientras que el desflurano representa apenas el 5% de los casos.
Paralelamente, instituciones de salud como la Clínica Alemana eliminaron el desflurano de sus inventarios y redujeron el uso de óxido nitroso como parte de sus políticas de descarbonización. Ese camino abre la puerta a que más prestadores públicos y privados adopten la anestesia verde como estándar de calidad y eficiencia.