martes 13 de octubre de 2026
Alternativa

Espadaña: la planta de humedales que surge como aliada ante el hambre y la crisis climática

Rizomas, brotes, polen y espigas pueden consumirse según la estación. La especie puede crecer en humedales, capturar carbono y purificar cuerpos de agua.

13 de octubre de 2026 - 14:00

Una planta acuática que abunda en lagunas, humedales y orillas de ríos, y que muchas veces se considera maleza, concentra la atención de especialistas en seguridad alimentaria y restauración ecológica. Se trata de la espadaña, conocida también como enea o totora según la región y perteneciente al género Typha, cuyas partes son comestibles casi en su totalidad.

Su reputación no es nueva. El naturalista estadounidense Euell Gibbons la bautizó como "el supermercado del pantano" en Stalking the Wild Asparagus, libro publicado en 1962, por la variedad de alimentos que ofrece a lo largo del año.

¿Qué partes de la espadaña se pueden comer?

A diferencia de la mayoría de los cultivos comerciales, donde se aprovecha solo el fruto o la semilla, la espadaña ofrece distintos alimentos según la estación. Los rizomas y raíces, disponibles entre otoño y primavera, son ricos en almidón y carbohidratos. Una vez secados y molidos, producen una harina sin gluten, comparable en valor calórico a la de trigo o papa.

En primavera, en tanto, se cosechan los brotes tiernos, que pueden consumirse crudos o cocidos y tienen una textura crujiente y un sabor suave, similar al del pepino o el palmito.

Ya a comienzos del verano, la flor masculina produce abundante polen amarillo, rico en proteínas y minerales, que se usa como espesante o como sustituto de la harina en repostería. Además, antes de volverse leñosas, las espigas florales jóvenes pueden hervirse y comerse de forma similar a un choclo.

La relevancia de la espadaña frente al cambio climático

Más allá de su valor nutricional, la planta presenta ventajas productivas en un escenario de erosión de suelos y estrés hídrico. La espadaña crece de manera espontánea en suelos anegados, aguas salobres o terrenos marginales no aptos para el maíz o el trigo, por lo que su producción no exige deforestar ni competir por tierra arable o agua dulce de riego.

Asimismo, los humedales donde habita funcionan como sumideros de carbono. Por esa razón, su cultivo controlado en turberas y humedales degradados, práctica conocida como paludicultura, permite fijar CO2, mitigar inundaciones y recuperar biodiversidad. En Alemania, la Universidad de Greifswald, socia del Greifswald Mire Centre, desarrolla el proyecto Paludi-PROGRESS, que prueba la espadaña como cultivo permanente en turberas rehumedecidas.

A ello se suma su capacidad fitorremediadora. La planta absorbe nutrientes en exceso, como el nitrógeno y el fósforo provenientes de la escorrentía agrícola, y también metales pesados presentes en cuerpos de agua. Sus hojas secas, por otra parte, se emplean en biocombustibles, aislamiento térmico, bioplásticos y artesanías.

Los riesgos de consumir espadaña silvestre

No obstante, esa misma capacidad de purificar el ambiente plantea el principal desafío para su consumo: la calidad del agua. Si la espadaña crece en cuerpos de agua contaminados con agroquímicos o residuos industriales, acumula esos tóxicos en sus tejidos.

Por lo tanto, consolidarla como un aporte a la seguridad alimentaria depende del desarrollo de sistemas controlados de acuicultura y paludicultura, que aseguren un cultivo limpio y permitan transformar esta especie silvestre en una fuente de nutrición.

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