El e-metanol o metanol sintético, ocupa hoy un lugar central en la transición energética. Es un combustible líquido con la misma estructura química que el metanol de origen fósil, pero fabricado con energías renovables, lo que lo convierte en una alternativa para sectores donde las baterías no son viables, como el transporte marítimo de larga distancia y la industria química.
¿Qué es el e-metanol y cómo se produce?
Su fabricación combina dos insumos. Por un lado, el hidrógeno verde, que se obtiene descomponiendo el agua mediante electrólisis alimentada por energía eólica o solar. Por otro, el dióxido de carbono capturado directamente del aire o desde fuentes industriales biogénicas. Ambos elementos se unen en un reactor de síntesis.
De esta forma, al usarse, el e-metanol libera solo el CO2 antes retirado de la atmósfera, lo que cierra el ciclo con una huella de carbono neta cercana a cero.
Además, a diferencia del hidrógeno gaseoso, que exige almacenamiento a alta presión o a temperaturas criogénicas, este compuesto se mantiene líquido a temperatura ambiente. Por eso puede usar la infraestructura de almacenamiento y distribución que ya existe para los derivados del petróleo.
Su desarrollo en el mundo
En el plano internacional, el mercado avanza impulsado por las normas sobre emisiones marítimas y las metas industriales de la Unión Europea, enmarcadas en el paquete Fit for 55, y de Asia-Pacífico.
Un ejemplo es la planta de Kassø, en Dinamarca, operada por European Energy y Mitsui & Co., que desde mayo de 2025 produce 42.000 toneladas anuales. Parte de ese volumen abastece al portacontenedores Laura Maersk, de la naviera Maersk.
El rol de Chile en la producción de e-metanol
Mientras tanto, Chile busca posicionarse gracias a los vientos de la Región de Magallanes. Allí opera desde fines de 2022 la planta demostrativa Haru Oni, de HIF Global, ubicada cerca de Punta Arenas, que integra energía eólica, electrólisis y captura directa de CO2 para producir e-metanol y e-gasolina destinados a la exportación. En julio de 2026, la instalación renovó su certificación europea como productora de combustibles renovables de origen no biológico.
En paralelo, en octubre de 2025 la Comisión de Evaluación Ambiental de Magallanes aprobó el proyecto industrial Cabo Negro, de la misma compañía, con una inversión de US$830 millones y una capacidad estimada de 173.600 toneladas anuales de e-metanol.
Sin embargo, el paso de la escala piloto a la industrial enfrenta obstáculos, como la disponibilidad de infraestructura portuaria, la regulación local y un abaratamiento de los electrolizadores más lento de lo previsto.
Los riesgos del e-metanol
Pese a sus ventajas, el metanol es altamente tóxico para las personas. Puede ingresar al organismo por ingestión, inhalación o contacto con la piel. Una vez dentro, se transforma en formaldehído y luego en ácido fórmico, que daña el nervio óptico y puede causar ceguera irreversible, lesiones en el sistema nervioso, insuficiencia renal o la muerte con dosis desde 30 mililitros. En las plantas, en tanto, existe riesgo de inhalar vapores en espacios poco ventilados.
A esto se suma un riesgo ambiental. Como es completamente soluble en agua, un derrame en tierra o en el mar no puede contenerse con barreras mecánicas convencionales. Aunque es biodegradable a mediano plazo, las concentraciones altas son letales para la vida acuática y los ecosistemas marinos.