Medir el impacto ecológico no basta si no se traduce en acciones concretas de conservación. Esa es una de las principales conclusiones que arroja la radiografía corporativa local: mientras los directorios avanzan en cuantificar emisiones o uso de recursos, la protección activa de la flora y fauna continúa relegada al último lugar de las prioridades del sector privado.
De acuerdo con el Diagnóstico de Sostenibilidad Empresarial (DSE) 2026, elaborado por Acción Empresas tras sondear a 67 compañías socias, el ítem de biodiversidad y naturaleza fue el peor evaluado entre los 14 ejes analizados, promediando escasos 41 puntos de un total de 100.
Pese a que la mitad de las firmas (51%) interviene y gestiona faenas contiguas a ecosistemas protegidos, apenas un 34% examina de manera formal cuánto depende su propio modelo productivo de la salud de los entornos naturales.
La distancia entre diagnosticar y actuar
El reporte detectó un desacople recurrente: las organizaciones levantan datos sobre su impacto ambiental, pero vacilan al momento de fijar compromisos vinculantes. Por ejemplo:
- Huella de carbono: El 82% calcula sus emisiones, mas solo un 57% trazó una ruta con plazos hacia la neutralidad climática.
- Recurso hídrico: Aunque el 79% vigila su consumo de agua, únicamente el 57% revisa si sus extracciones operan sobre cuencas con estrés hídrico.
- Residuos: El 87% registra sus descartes fabriles, pero solo el 70% estableció metas formales orientadas a la economía circular.
Desafíos ecológicos
Respecto de esta encrucijada, Constanza Pantaleón, directora ejecutiva de Acción Empresas, señaló que "los resultados del DSE muestran avances en la medición de los impactos ambientales y nos plantean el desafío de utilizar esa información para gestionar mejor".
En ese sentido, "el siguiente paso es transformar los indicadores sobre emisiones, consumo de agua y residuos en metas, planes de acción y decisiones del negocio".
Por ejemplo, en materia de biodiversidad "debemos avanzar en identificar cómo las empresas dependen de la naturaleza y qué impactos generan, para poder gestionar esos riesgos".
Para responde a esos desafíos, desde la organización impulsan Radar Sostenible, "que permite identificar niveles de madurez y brechas para orientar las prioridades de gestión de las compañías. Porque medir es fundamental, pero el verdadero avance está en lo que las empresas hacen con esa información", expresa.
Sostenibilidad a puertas cerradas
A la deuda ecosistémica se añade una traba transversal: la escasa rendición de cuentas hacia la ciudadanía. Gran parte de las firmas analizadas cuenta con mecanismos internos que decide no publicar:
- Un 49% toma medidas derivadas de sus encuestas laborales de manera hermética.
- El 48% monitorea cómo resuelve los reclamos de sus usuarios sin divulgar las cifras.
- El 42% resguarda bajo reserva sus normativas de tratamiento de datos.
- Un 40% posee programas de integridad corporativa sin difusión externa.
En la cadena de suministro surgió otra señal de alerta: la proporción de entidades que rastrea impactos junto a sus proveedores retrocedió de un 82,5% a un 70%, convirtiéndose en el único indicador del estudio que sufrió una caída simultánea en adopción y puntaje.
Balance global: avances sociales y rezago ecológico
Mirado en perspectiva general, el índice empresarial anotó una subida promedio de casi 10 puntos, situándose en 66,6 sobre 100 (frente al 56,8 del período previo). Sin embargo, el contraste entre dimensiones resulta elocuente.
Las áreas de gobernanza (71,7 puntos) y la dimensión social (71,3 puntos) lideran con holgura, impulsadas por políticas de integridad —el 100% cuenta con código ético y 97% con canales de denuncia— y derechos humanos, que escaló a 83,6 puntos tras años estancada.
En la vereda opuesta, el pilar ambiental quedó fijado en 56,7 puntos. Aunque creció desde los 40,3 registrados en 2025 y evidenció un repunte en compañías que elaboran diagnósticos de biodiversidad (del 32% al 46%), sigue siendo el flanco más débil de las corporaciones chilenas frente a la crisis climática y ecológica actual.