Es un tema que ha estado invisibilizado por años. Un esfuerzo grande de Corporación La Esperanza fue hacer visible este problema. Hace seis o siete años creamos un programa que se llama Naciste Tú, enfocado en el niño que hoy está naciendo en una maternidad, hijo de una madre que consumió droga durante todo el embarazo. Probablemente pasta base, probablemente en situación de calle. Esa mamá llega al parto drogada, y en definitiva o engaña al sistema y se va de alta con su guagua recién nacida a consumir a la calle, o esa guagua es detectada.
Esa guagua nace con síndrome de abstinencia. Cuando el hospital no se da cuenta, es una guagua que llora mucho, a la que le hace mal la luz, y la dejan en un rincón porque es compleja de manejar. Lo que pasa es que necesita droga: cocaína, pasta base, todo lo que la madre consumió durante el embarazo. Además, tiene una serie de discapacidades que se irán desarrollando a lo largo de su crecimiento y que la afectarán toda su vida si no es tratada a tiempo.
Hoy no lo vemos, no sabemos que existe. No hay un programa público para ellos, ni siquiera tienen un código Fonasa, ni siquiera los atiende Senda, porque se considera que no son consumidores. ¿Por qué me detengo en esto? Porque en los últimos cuatro años hay más de un 240% más de niños abandonados en hospitales en estas condiciones. Es un problema muy grande, de una injusticia radical.
-¿En qué consiste el tratamiento que ofrecen?
Todos decimos que nos preocupan los niños. Estos son los más vulnerables de los vulnerables, los últimos en la cadena de la droga. Lo que hacemos es llegar a la maternidad y ofrecer llevarnos a la mamá y a la guagua, con la autorización de los tribunales de familia, para tratarlas durante tres años. El primer año es intensivo y residencial: rehabilitamos a la mamá, rehabilitamos a la guagua y ayudamos a esa mujer a aprender a ser mamá.
Le doy un último dato: esas mamás han tenido en promedio otros tres hijos antes. Este es el primero con el que van a poder ser madres, porque antes siempre estuvieron en la droga. Normalmente empezaron a los 12 o 13 años y tuvieron hijos siendo adolescentes.
Es un problema muy crudo, pero si se trata a tiempo, es posible. Ya tenemos niñitas de siete y ocho años que van al colegio y están bien, y sus mamás también. El problema es que las distintas administraciones no han querido transformar esto en una política de Estado. Todavía funciona solo como un plan piloto en Rancagua, mientras nos llaman de La Araucanía y del norte para preguntarnos qué hacer con estas guaguas y cómo tratarlas.
Si no las sanas a tiempo, van a arrastrar toda su vida el problema que les provocó la droga durante el embarazo. Van a ser los niños conflictivos de 13, 14 o 18 años, no vamos a saber qué les pasó y recién ahí vamos a tratar de atenderlos. No sirve. Hay que atenderlos al principio, recién nacidos.
“Esto está en la conciencia, pero no en la mesa”
-Mencionaba un aumento de un 240%...
Puede ser 230 y fracción, pero es eso. Y esos son solo los abandonados. Hay otros que, por estar en situación de vulnerabilidad, pasan al sistema de hogares de acogida o de lactancia, y nadie ha diagnosticado que hay un problema de droga. Nunca fueron vistos como niños que estuvieron expuestos y que tienen este daño. Y están los que se van a la calle con madres que siguen consumiendo.
Es un tema durísimo, porque cuando después miramos a esos niños, vemos que van a tener tanta dificultad para estudiar que probablemente dejarán el colegio. Van a tener dificultades de conducta importantes, se van a meter en problemas, van a generar problemas y, al final, van a ser violentados y van a meterse también en la violencia.
-¿Y cuál ha sido la particiáción del Estado ante este problema?
Lo más impactante es que no hemos logrado convencer al Estado de que esto es mucho más barato, incluso en los términos en que habla la Dipres. No me voy a referir al tema humano: en términos de la Dipres, es mucho más barato atender a un niño a los siete días de nacido que toda una historia de vulnerabilidad que va a explotar a los 14, 15 o 20 años. Además, en este caso también recuperamos a la mamá, y ese niño crece con ella.
Le cuento un caso dramatísimo que acaba de entrar: una mujer que está teniendo su séptimo parto. Tuvo su primera guagua a los 14 años y nunca ha podido ser mamá porque nunca ha podido rehabilitarse. Imagínese el nivel de vulnerabilidad: queda embarazada estando en la calle. Ella quiere ser mamá y le ofrecimos esta oportunidad de rehabilitación. En su caso entró antes del parto, con ocho meses de embarazo.
Esta es una realidad que se ve poco o que no queremos mirar. En un seminario muy importante de la sociedad civil, Un Futuro Común, se decía que a todos nos importa lo que pasa con la infancia. Se hacen encuestas y todos dicen que es uno de los principales problemas de Chile. Pero cuando se le pregunta a esa misma persona de qué hay que ocuparse, cuál es su prioridad, esto queda bajo el 10%. Tenemos conciencia del problema, pero no estamos dispuestos a hacernos cargo.
Y en la mesa pasa lo mismo. Me refiero al poder: a las autoridades en todo sentido, a quienes investigan, a los parlamentarios, al nivel ejecutivo. Esto está en la conciencia, pero no en la mesa. Y mientras no esté en la mesa, no lo vamos a abordar. Es brutal, porque es toda una vida que va a acompañar a un recién nacido con una injusticia brutal, cruzada por la droga.
Tusi y ketamina: de la pandemia a los colegios
-Otra arista de este drama es el auge del tusi, la cocaína y la ketamina, también entre menores en etapa escolar. ¿Cómo se ha instalado este consumo?
Venimos planteando el problema de la llegada de las drogas químicas a Chile, como cultura, desde hace por lo menos una década. Sin embargo, durante y después de la pandemia, dependiendo de la droga, este consumo se instaló de verdad, especialmente el del tusi. Es un consumo de pandemia o pospandemia.
-¿Podría explicar más en profundidad que es el tusi?
El tusi en Chile no es lo mismo que el tusi a nivel mundial. Es el nombre de un tipo de droga, pero aquí tenemos una versión distinta, que no tiene ese componente químico y que mezcla ketamina con cocaína, cafeína, metanfetamina, con todo. Se cocina un polvo que se vende muy barato. Si uno consume ketamina sola es más caro, pero el tusi es barato y lo consumen los escolares. Casi todas las mediciones abarcan la ketamina y el tusi como una sola cosa; no siempre las separan.
Naciones Unidas acaba de señalar este año que Chile es uno de los cuatro países con mayor presencia y crecimiento del consumo de esta droga. Imagínese: uno de cuatro países. Es una cuestión que debiera estar en la agenda, de todas maneras.
-Hasta hoy, cada vez que hay un decomiso policial, se repite que Chile es un país de tránsito de la droga. ¿Sigue siendo así?
Cuando nacimos, el año 1995, empezamos a pelear ese concepto, porque para quienes eran autoridades en todo sentido, en fronteras, militares, éramos un país de tránsito. Nosotros advertíamos que el consumo estaba creciendo y penetrando a lo largo de todo Chile. Llevamos 30 años. Imagínese lo que ha sido en estas tres décadas la penetración de Arica a Punta Arenas, de cordillera a mar, en todos los niveles socioeconómicos y en todas las edades.
Hoy no es ni siquiera discutible: somos un país consumidor. Por nuestra ubicación geopolítica estamos en contacto con tres de los principales productores de cocaína, que son Bolivia, Perú y Colombia, y los puertos chilenos son evidentemente puertos de tránsito a Europa. Pero hay que entender que somos un mercado porque tenemos una cultura del consumo, porque normalizamos el consumo.
Ya no es el rebalse de lo que no llegó a un puerto europeo. Son muchas bandas de narcotráfico que traen a Chile no solo marihuana, cocaína y pasta base, sino también, por ejemplo, ketamina, que muchas veces viene desde Perú.
La ketamina es un anestésico, y eso es importante, porque hace que la gente le tenga menos miedo, aunque es muy nociva según la cantidad que se use. Se utiliza para anestesia de equinos y de personas, y en algunos tratamientos de la depresión, pero siempre en dosis mínimas y en un contexto hospitalario o médico. Lo que hacen es traerla líquida desde Perú, donde hay mucho menos control sobre su producción farmacológica. Acá en Chile la cocinan, la transforman en polvo y la ‘patean’, es decir, le agregan otros componentes para rendir más.
Hace poco tuvimos el caso de una influencer, una chiquilla menor de 20 años, que contó que perdió la vejiga y hoy usa pañales. Eso es muy habitual. Es una droga peligrosa, que causa muchos problemas físicos, además de ser muy adictiva.
“Lo que se busca es la desconexión”
-El tusi es muy conocido porque está en boca de artistas y en canciones. Pero, ¿qué pasa con sus efectos?
La ketamina sola también se consume, y eso es lo más grave, porque ahí la concentración es mayor. Por la manera en que el cuerpo la procesa, el mayor impacto lo recibe la vejiga y todo el sistema urinario, y la gente termina perdiendo la vejiga. Además, provoca problemas neurológicos y posibles problemas cardíacos.
El tusi también es grave, porque al ser una mezcla es un policonsumo. Es una droga de diseño: le vas poniendo lo más barato que encuentras. Y no es difícil hacerla; eso es lo grave. Teniendo los componentes, le pones lo que te vas consiguiendo: un tipo de cafeína (no es Nescafé, es una cafeína distinta), metanfetamina. La vas cocinando, por eso se llama de diseño. La consumes y vendes el resto en el colegio, en la universidad, en las fiestas electrónicas. Es muy de fiesta electrónica. También se consume en los colegios, pero sobre todo los escolares la consumen en las noches. Hay otras drogas que es más fácil que consuman dentro del colegio.
-¿Cuál es el efecto de estas drogas?
Eso es muy importante. Son drogas cuyo efecto principal es una desconexión: se produce una disociación entre la mente y el cuerpo, y esa experiencia es lo que busca el chiquillo o el niño. Pero también causan euforia y alucinaciones. En el caso de la ketamina, más que del tusi, existe algo que se llama el ‘agujero K’: una dosis muy elevada que provoca un estado de sedación muy profunda. Ellos lo describen como lo más cercano a la muerte, porque sienten que están absolutamente flotando. Es muy peligroso.
Ha aumentado significativamente el número de personas que llegan intoxicadas, al menos las informadas al Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica. En 2019 eran 10 casos de adultos y en 2025 fueron 248. Entre los adolescentes pasaron de cero a 57. Y esos son solo los casos de los que ellos tienen información.
Un último dato: según Senda, de todos los menores de edad que llegan a tratamiento, el 36,3% llega por estas drogas. Es un problema muy importante el que estamos teniendo.
El GES que casi nadie usa
-¿Qué pueden hacer los colegios y las familias que enfrentan este problema?
Los colegios deben estar desesperados, y los padres también, porque no saben dónde ir ni qué hacer. Y, por otro lado, se da una cuestión inconcebible: existe el GES 53, para todos los menores de 20 años con consumo leve a moderado. Tienen la garantía de ser tratados en los consultorios y en los COSAM, los centros comunitarios de salud mental. Es gratis, y en las isapres tiene un copago de 20%.
Según Senda, hay en torno a 80.000 niños con consumo problemático en Chile. ¿Sabe cuántos GES se usaron el año 2025? Menos de 700. Menos de 700 para ese universo. ¿Qué está pasando? ¿Dónde hay una autoridad encargada de mirar cómo funciona este programa? Ahora que se discute cuáles son los programas eficientes y estamos viendo el presupuesto, ¿quién está a cargo de esta métrica? ¿Quién levantó las alarmas para decir: ‘Hagamos un cruce: cuántos niños tenemos con consumo problemático y cómo estamos usando lo que debiera ser la salida’?
Es inconcebible. Hago un llamado a las autoridades, que hace poco asumieron y que a lo mejor no han hecho ese cruce. Nosotros lo estamos haciendo. Ahora no hay derecho a no saber que no se está usando este GES cuando hay una necesidad abismante de niños que debieran usarlo.
-¿Puede ser que los padres no sepan que existe esta garantía?
Puede ser. Por eso quiero decirles a los papás que existe: es una garantía del Estado para que puedan atender a sus hijos en los consultorios o en los COSAM, dependiendo de la región donde estén. Y los equipos psicopedagógicos y directivos de los colegios tienen que saber derivar. No digo que sea fácil, porque hay que conversar con el chiquillo y llevarlo. Pero si hay cerca de 80.000 niños con consumo problemático, no puede ser que no logremos convencer a más de 700 de ir a rehabilitarse. Son menores de edad y dependen de sus padres.
Puede haber muchas razones. No quisiera pensar que es porque ese GES no está operativo: eso sería dramático. Podría ser que los padres vayan al consultorio y les den hora para no sé cuánto tiempo más, o que no esté implementado. No sé la respuesta. Solo quiero decirles a los padres y a los colegios, con toda humildad, pero con mucha preocupación, que de hoy en adelante no hay derecho a no saber que esto existe, porque Corporación La Esperanza lo está diciendo. Y es una cifra sacada de la Superintendencia de Salud.
“De esto no vamos a salir solos”
-Antes de cerrar, volvamos a la colecta de Corporación La Esperanza.
El programa de guaguas no recibe ni un peso del Estado. Ni un peso. Por eso quiero pedirles a todos que, si de verdad quieren cambiar la vida de un niño que hoy está naciendo en una maternidad de Chile, se sumen a esta campaña en donesperanza.cl. Por el momento, solo ustedes y nosotros vamos a poder hacer la diferencia. Queremos y sabemos hacerlo, pero los necesitamos a todos.
Esto no se va a un fondo público: va a un niño concreto de una maternidad de Chile, para que pueda tener un proyecto de vida lejos de la droga. Ni siquiera un niño: una guaguita de algunas horas de vida.
-Invertir en estos niños genera réditos: en lo emocional, en la vida de las personas e incluso para la Dipres.
Para todos y para toda la sociedad. De esto no vamos a salir solos, y tampoco nos va a sacar el Estado. Tenemos que salir como sociedad. Todos tenemos que salir juntos de este problema de la droga, en la medida en que lo identifiquemos.
*Puedes ver la entrevista completa en esta nota o también en nuestro canal de Youtube, donde además nos puedes dejar tus comentarios y opiniones.