Los autos eléctricos producen cero emisiones de escape: en contraste con los motores de combustión, no emiten dióxido de carbono (CO2), óxidos de nitrógeno ni partículas finas durante su conducción.
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A pesar de su aporte a la sostenibilidad, la escasez de cargadores en ruta sigue siendo un obstáculo para masificarse en Chile.
Los autos eléctricos producen cero emisiones de escape: en contraste con los motores de combustión, no emiten dióxido de carbono (CO2), óxidos de nitrógeno ni partículas finas durante su conducción.
Al cargarse con electricidad proveniente de fuentes solares o eólicas, la movilidad se acerca a las cero emisiones totales. Además, hasta el 95% de los componentes de sus baterías puede ser reciclado o reutilizado en sistemas de almacenamiento de energía estática, disminuyendo la necesidad de nuevas extracciones mineras.
No obstante, la decisión de comprar uno no es sencilla. Néstor González, académico de la carrera de Ingeniería Civil Electrónica de la Universidad Mayor, explica que el factor determinante es cuánto se usa el vehículo.
"El costo de trasladarse 100 kilómetros en el auto eléctrico es bastante más barato que en el bencinero. Podría llegar a ser hasta la mitad", expresó González en conversación con El Desconcierto.
El experto advierte que el precio de adquisición de un eléctrico es considerablemente más alto que el de un equivalente a bencina o diésel. Por eso, la recuperación de esa inversión depende directamente de los kilómetros recorridos.
"Si tú usas ese auto por mucho tiempo, el eléctrico puede efectivamente en algún momento ser más económico", precisó. En ese sentido, perfiles de alta rotación, como taxistas o conductores que usan el vehículo a diario, sacan mayor provecho de la diferencia en costos operativos.
A eso se añade una ventaja adicional: la mantención de los eléctricos es, en principio, más barata que la de los motores de combustión, con garantías de batería que suelen extenderse hasta ocho años.
El principal problema, según González, no está en el consumo urbano sino en los viajes de larga distancia. Cargar en casa en Santiago cuesta alrededor de 200 pesos el kilowatt hora (kWh); en cambio, hacerlo en una electrolinera en ruta puede superar los 450 pesos por kWh.
Por otra parte, la mayoría de los cargadores disponibles en carretera tienen baja potencia —alrededor de 50 kilowatts— y en muchos casos solo hay uno por estación. "La gente que tiene un eléctrico y quiere hacer un viaje en carretera hacia el sur debe tener paciencia", reconoció.
Para quienes viven en grandes ciudades, usan el auto cotidianamente y pueden cargarlo en casa, el escenario es distinto. "Para andar en la ciudad y cargar en la casa es ideal", afirmó el académico.
González también mencionó los vehículos híbridos como una opción intermedia. Los híbridos no enchufables cargan su batería con el propio motor a combustión y permiten recorrer hasta unos 100 kilómetros en modo eléctrico, lo que los hace eficientes para uso urbano.
"Un híbrido puede ser una buena alternativa porque puede darte más autonomía", explicó, al tiempo que recordó que la autonomía de varios eléctricos actuales, aunque declarada en torno a los 400 kilómetros, en la práctica obliga a recargar cada 200 o 250 kilómetros.
Con todo, el experto es claro respecto al horizonte: "El futuro es eléctrico, sin duda". La volatilidad del precio de los combustibles, que ha mostrado alzas sostenidas sin señales claras de reversión, refuerza esa proyección para quienes evalúan una inversión a largo plazo.