jueves 02 de abril de 2026

Las académicas tienen menos tiempo para investigar

Se requiere mayor transparencia y control para proteger el tiempo de investigación de las mujeres y para asegurarse de que las tareas de servicio también las realicen los hombres. Cerrar las brechas de género no se logra simplemente introduciendo cuotas de género, sino que además entregando oportunidades de desarrollo profesional dentro de las instituciones.

3 de marzo de 2026 - 00:00

Las brechas de género en la academia han sido una preocupación generalizada en diversas disciplinas, y han persistido a pesar de los esfuerzos institucionales por cerrarlas. Una investigación reciente sobre esta problemática ha dado luces sobre una causante menos conocida: la distribución del tiempo y las tareas dentro de las universidades.

La desigualdad en el uso del tiempo obstaculiza el avance de las investigadoras. El progreso en la carrera científica depende de la publicación de artículos, lo que requiere tiempo de investigación. Pero, por diversas razones, las mujeres dedican menos tiempo que los hombres a investigar y más tiempo a tareas administrativas o de docencia. Es decir, realizan menos tareas que fomenten su desarrollo laboral, y más tareas de servicio dentro de las universidades.

Hay evidencia de que esta es una problemática real que afecta a las investigadoras en Chile. En colaboración con Marais del Río (PhD Psicología PUC) y Benjamín Sánchez (PhDc Psicología UNAB) realizamos una encuesta para identificar brechas de género en la distribución del tiempo y tareas en la academia, y su relación con la productividad. El estudio contó con el apoyo financiero de ANID, a través del Fondecyt de Iniciación 11230380, y participaron 141 académicos y académicas de 12 universidades del CRUCH.

Los resultados muestran que las brechas de productividad y de distribución del tiempo son más pronunciadas en las carreras científicas STEM. Las académicas dedican un 11,8% menos de su carga laboral a la investigación y publican un 40% menos de artículos.

Por el contrario, en las ciencias sociales y humanidades la carga laboral es más equitativa y no se observan brechas de productividad significativas. Los datos sugieren que asignar un 10% más de la jornada laboral a investigación está asociado en promedio a 1,5 más publicaciones en un período de 5 años.

La distribución desigual de la carga laboral opera como un círculo vicioso que alimenta las brechas de género de manera silenciosa. Menos tiempo dedicado a la investigación resulta en una menor productividad, lo que a su vez refuerza los estereotipos negativos de género y genera nuevas barreras para las mujeres. El resultado es un sistema que, aunque parezca igualitario en la superficie, termina excluyendo sistemáticamente a las mujeres de los cargos de mayor jerarquía.

Esta problemática también dificulta la inserción de las mujeres en la academia. En otro estudio realizado en colaboración con el economista Mauricio Ribeiro, de la Universidad de Bristol, mostramos que la competencia en el mercado laboral académico desincentiva a las universidades a invertir en capital humano. El riesgo de que otros competidores actúen de manera oportunista y atraigan el talento desarrollado hace que las universidades contraten de manera más conservadora.

Las académicas se ven particularmente afectadas por esta dinámica. La distribución desigual del tiempo reduce su productividad esperada de las académicas y aumenta la varianza de sus resultados. Esto las convierte en contrataciones financieramente más riesgosas para las universidades.

La competencia por talento entre instituciones agudiza esta desventaja. Las académicas que logran destacar y publicar en el ambiente hostil de la academia son frecuentemente captadas por la competencia, lo que disuade a los empleadores de tomar la iniciativa y ser los primeros en contratarlas.

Para poder romper este ciclo de discriminación es importante que las universidades se comprometan con una distribución del tiempo más equitativa. Se requiere mayor transparencia y control, para proteger el tiempo de investigación de las mujeres y para asegurarse de que las tareas de servicio también las realicen los hombres. Cerrar las brechas de género no se logra simplemente introduciendo cuotas de género, sino que además entregando oportunidades de desarrollo profesional dentro de las instituciones.

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