viernes 23 de octubre de 2026

Máxima protección internacional de la palma chilena: ¿Y en Chile?

Proteger a esta especie no es solo cuidar un árbol (aunque se trata de un gran pasto). Requiere resguardar su ecosistema: el bosque y matorral esclerófilo, uno de los más amenazados del país. La expansión agrícola, los incendios forestales, la presión inmobiliaria y proyectos energéticos han destruido y degradado sistemáticamente estos ecosistemas.

21 de enero de 2026 - 00:00

La reciente inclusión de la palma chilena (Jubaea chilensis) en el Apéndice I de CITES —la máxima categoría de protección internacional— es una buena noticia. Implica la prohibición casi total de su comercio internacional y refuerza la imagen de Chile como país comprometido con la biodiversidad. No es menor: se estima que la especie ha perdido cerca del 98% de sus poblaciones originales y que las actuales están envejecidas, con escasa regeneración.

Sin embargo, mientras celebramos afuera, en casa seguimos al debe. A nivel nacional, la palma chilena no cuenta con la máxima protección posible. Aunque la evidencia científica sobre su declive es conocida desde hace décadas, recién en 2020 fue clasificada como “ En Peligro ”. Hoy, académicos y organizaciones sociales solicitan su recategorización a “ En Peligro Crítico ”.

Tampoco ha prosperado la propuesta de declararla monumento natural, figura que sí protege a especies emblemáticas como la araucaria o el alerce. Es importante señalar que solo 7 especies vegetales del país han sido declaradas en esta categoría, existiendo una abismal ausencia de especies de zonas mediterráneas, áridas y semiáridas que se encuentran seriamente amenazadas.

¿Por qué no avanzamos? La pregunta es incómoda, pero necesaria. ¿Falta de voluntad política e institucional? ¿Bloqueos en el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad? ¿Temor a afectar intereses productivos? ¿Se retrocederá aún más con la Ley de Permisología? Mientras tanto, la palma chilena sigue expuesta.

Proteger a esta especie no es solo cuidar un árbol (aunque se trata de un gran pasto). Requiere resguardar su ecosistema: el bosque y matorral esclerófilo, uno de los más amenazados del país. La expansión agrícola, los incendios forestales, la presión inmobiliaria y proyectos energéticos han destruido y degradado sistemáticamente estos ecosistemas.

Todo esto ocurre, paradójicamente, bajo la vigencia de una Ley de Bosque Nativo que nació debilitada, con un enfoque maderocéntrico que les da poca importancia a ecosistemas de zonas mediterráneas, áridas y semiáridas, y que a 17 años de su promulgación no ha sido reformada para cumplir su objetivo central: proteger, recuperar y mejorar la condición de los ecosistemas nativos a través del manejo.

Las señales internacionales importan, pero no bastan. Si Chile quiere tomarse en serio la conservación, debe actuar con coherencia puertas adentro. Salvar a la palma chilena —y a muchas otras especies nativas amenazadas— exige políticas públicas integrales que aborden el problema de diferentes dimensiones y miradas, regulación efectiva de actividades productivas, mejoramiento de instrumentos para el manejo de cobertura forestal nativa a largo plazo, planificación territorial y financiamiento que involucre activamente a las comunidades locales en la conservación de ecosistemas, en especial aquellos en contextos críticos. Es momento de dejar las medias tintas y enfrentar las causas reales de la pérdida de biodiversidad.

Notas Relacionadas
Lo más leído
Aluvión en Las Condes, afortunadamente, no dejó víctimas fatales - Agencia Uno

Las más leídas

Últimas noticias