domingo 09 de agosto de 2026
Crónica

En Argentina nunca es sólo fútbol: la bandera de las Malvinas se coló en el Congreso

El Senado argentino aprobó una versión recortada de la ley que buscaba eliminar el tope a la propiedad extranjera sobre tierras rurales, luego de una inédita movilización social que se activó tras el partido de la selección ante Inglaterra. Iván Gajardo reporta desde Argentina.

9 de agosto de 2026 - 13:18

Tras una febril quincena que se inició con el despliegue de una sábana con la inscripción “Las Malvinas son argentinas” en la semifinal de la Copa de Mundo contra Inglaterra, Argentina fue escenario de una serie acontecimientos en cadena alrededor de la consigna “La patria no se vende”, una movida que incluyó convocatorias a marchas, campañas en redes, rebelión de legisladores aliados, adhesión de influyentes artistas locales y sobre todo una resistencia ciudadana inesperada en su magnitud, y terminó por gatillar lo que apenas semanas antes se vislumbraba increíble: un golpe a la mandíbula del Gobierno.

“Es sólo un partido de fútbol”, había dicho el entrenador de la selección Lionel Scaloni horas antes de la semifinal, buscando restarle peso y centralidad a un encuentro que para los argentinos siempre tuvo un volumen insoslayable desde la guerra de 1982 contra los británicos.

El partido en cuestión terminó con el triunfo argentino en los últimos minutos y en medio de una épica y desarrollo casi cinematográficos que incluyó el despliegue de la citada sábana con el reclamo argentino por de las Islas Malvinas.

La reproducción de esa imagen ad infinitm en medios del mundo, y la torpe reacción del Gobierno libertario criticando la actitud de los futbolistas e intentando —muy tarde—recular para no pagar el costo político de ir tan contra la corriente iniciaron lo que vino después.

El partido en cuestión reinstaló en la opinión pública el tema de la soberanía argentina y potenció las hasta entonces débiles resistencias que enfrentaba el proyecto de venta de tierras a extranjeros impulsado por Milei.

Este despertar de un nacionalismo dormido y el efecto político generado no se hizo esperar: un variopinto arco ciudadano compuesto por ambientalistas, artistas, organizaciones sociales, ciudadanos y dirigentes sociales se hicieron eco de una misma narrativa de defensa de “la patria” que circuló con inusitada fuerza en redes y medios para enfrentar la controvertida norma que buscaba eliminar el tope a la propiedad extranjera sobre tierras rurales, y que pese a su pomposo nombre y a los esfuerzos libertarios por imponerlo, se conoció en las calles como “Ley de Tierras”. Praxis ciudadana pura.

Es necesario tomar nota de la atmósfera política que evidenció el hecho. En Argentina se venían desarrollando innumerables marchas y movilizaciones de enorme magnitud sin resultados a la vista. Esta inesperada experiencia transversal, sin embargo, resultado de la respuesta colectiva y organizada de los ciudadanos, superó fronteras políticas e ideológicas y obligó al gobierno a retroceder. No es aún un proyecto, por ahora es apenas la pulsión de encontrarse.

Miércoles negro

El texto de la ley tenia originalmente seis capítulos: i) Régimen de Expropiaciones, ii) Régimen de desalojos exprés (para acelerar la restitución de inmuebles y terrenos ocupados), iii) Tierras Rurales (modificación de la normativa sobre la adquisición de tierras por parte de extranjeros y estados extranjeros), iv) Ley de Manejo del Fuego (Modificaciones relativas a restricciones sobre predios), v) Regularización Dominial y Modificaciones Conexas y, vi) Modernización y Registros Inmobiliarios.

Sin embargo, luego de una fuerte resistencia de más de tres meses a realizar cualquier cambio, el presidente Javier Milei se vio obligado a bajar este miércoles (un día antes de la sesión) el capítulo de extranjerización de tierras debido a la catarata de rechazos de senadores aliados y pronunciamientos en contra por parte de los gobernadores provinciales, una decisión que terminó de efectivizarse cuando el gobierno tuvo información de que al menos una senadora salteña y un mendocino se negaban a votar a favor del proyecto, lo que complicaría el equilibrado conteo de votos con que contaba el oficialismo.

“Se está hablando de que la ley se cae, que nadie quiere sesionar” reproducía la prensa argentina mensajes que llegaban a los celulares de los senadores mostrando que el sueño libertario de rematar el país en beneficio de los tecno-millonarios comenzaba a decaer.

El pulso de la redes y la calle gatillaba ya sus primeros efectos en el hemiciclo. Praxis parlamentaria pura.

Esta rebelión de legisladores en principio aliados no sólo amenazaba el proyecto entero impulsado por el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger, sino que hacía peligrar la sesión, una muy mala señal para un gobierno que pretende en esta segunda parte del año impulsar una ambiciosa agenda parlamentaria.

Jueves negro

El día siguiente tampoco fue mejor. Durante la sesión parlamentaria los aliados empujaron al gobierno a retirar del proyecto el capítulo que modificaba la ley de manejo del fuego por lo que la idea original quedó considerablemente mutilada y el dictamen se desplomó por la falta de respaldo de buena parte de los llamados “bloques dialoguistas”.

Frente a la estampida de los senadores y mientras en los alrededores del Congreso la calle ardía y la policía lanzaba una brutal represión contra quienes se manifestaban en contra de la ley, el oficialismo tuvo que conformarse con la aprobación de los capítulos referidos a la agilización de los desalojos y el recorte de las facultades del Estado en las expropiaciones, menos de un tercio del contenido que ambicionaba el gobierno cuando lo mandó al Congreso en marzo.

Finalmente el oficialismo logró imponer — en su versión recortada—la iniciativa por 37 votos a favor y 33 en contra, y girarla a la Cámara de Diputados, donde todo está por verse.

Viernes: Nacionalismo y tierra

El día después de la votación se respira una sensación diferente anclada en el aparente surgimiento de una sensibilidad nacional transversal muy diferente al nacionalismo milico o el patriotismo irreflexivo, ese que nos enseñan en las escuelas. Esta que emerge parece estar más en relación al vínculo afectivo con la tierra y nuestro paisaje, ese que habitamos y que ante el arrollador avance tecnocapitalista necesitamos defender.

En este país tan determinado por la “grieta”, por su identidades políticas antinómicas —peronismo y antiperonismo—, tantas veces confrontados en la dicotomía desarrollo o proteccionismo, “los glaciares, los bosques, la cordillera o los humedales quedaron, por fin, de este lado del nosotros”señala Mauro Fernández en la revista Anfibia.

“El antropocentrismo perdió una batalla. Pudimos considerar la relacionalidad de nuestra especie con lo que nos alberga y rodea. ¿Lo entendemos así? Ojalá. Lo que entendimos es que es nuestro: entendimos la soberanía, aún herida en las islas de nuestros mares del sur, valientemente recordadas en un campo de juego. Porque apelando a la construcción de una narrativa cercana a lo común que tenemos, nos movemos de la confrontación al imaginario de nuestras historias compartidas, y así da lugar a la resonancia. Primero conocemos, después amamos; entonces defendemos” agrega.

Hay que aprender varias lecciones de esta quincena, la primera es la que nos señala Mauro Fernández respecto a este imprescindible criterio de unidad y proyecto colectivo alrededor del territorio, y la segunda es que en Argentina, nunca es sólo fútbol, mucho menos si el partido es contra Inglaterra.

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