jueves 24 de septiembre de 2026
Reportaje

China encuentra en la biodiversidad una forma de dinamizar su economía: Nanjing y la protección del "delfín sonriente"

En el corazón urbano de Nanjing, una marsopa que hace diez años casi desaparece del río Yangtsé se convirtió en la prueba de que proteger una especie también puede generar turismo, empleo y ciencia.

24 de septiembre de 2026 - 11:39

Si hay suerte, en un día de buen clima y en plena temporada de verano, puede verse asomar de forma tímida, desde los afluentes del río Yangtsé en Nanjing, el lomo gris de una pequeña marsopa. Sale a respirar, vuelve a hundirse, y por un segundo alcanza a verse la curva de su boca, que parece dibujar una sonrisa.

Es la marsopa sin aleta del Yangtsé, el único cetáceo que sobrevive en el río y al que en China llaman "ángel sonriente".

No es, en rigor, un delfín, aunque así se le conoce fuera de China: es una marsopa, una familia distinta dentro de los cetáceos. El verdadero delfín del Yangtsé, el baiji, fue declarado funcionalmente extinto tras una expedición de 2006 que no logró encontrar un solo ejemplar.

Ese vacío marca todo lo que sigue.


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En mi visita a Nanjing, un día nublado y la timidez de ese pequeño cetáceo me impidieron verlo. Por suerte, a orillas del río, un centro dedicado a su conservación no escatimaba en pantallas gigantes, peluches, reproducciones a tamaño real en resina y, como suelen hacer los chinos, un museo dedicado a sus avances.

Este es el tercer reportaje de esta serie sobre la cuestión medioambiental china, después de contar cómo el país avanza hacia la carbono neutralidad y cómo Beijing rediseñó su movilidad para dejar atrás el smog. En esta nueva entrega nos trasladamos unos 1.000 kilómetros al sureste, tren bala mediante, a 350 km/h. Aquí la pregunta latente es cómo devolverle la vida al río más largo de Asia, y cómo los chinos han encontrado una respuesta que mezcla conservación y economía.

Del periodismo a salvar marsopas

Uno de los que siempre buscó una solución fue Jiang Meng. Mientras trabajaba como reportero de la televisión de Nanjing, fundó en 2014 la Asociación de Protección de la Marsopa del Yangtsé y la Vida Acuática de Nanjing. Ese mismo año, la ciudad creó una reserva natural de 80,38 km² entre Xinshengzhou y el Puente del Yangtsé. Desde 2021 se dedica por completo a la organización, de la que hoy es vicepresidente ejecutivo y secretario general.

En conversación con El Desconcierto, Frank —el nombre que usa con los occidentales— explica que el río es clave "para la economía de China y para la gente que vive aquí". Por eso, dice, en la última década el Gobierno impulsó una política decidida de protección, conocida en chino como Changjiang Dabaohu: la Gran Protección del Río Yangtsé.

Una política nacional para un problema nacional

La estrategia que menciona Jiang Meng se lanzó en 2016 bajo el lema "protección conjunta, no al gran desarrollo" y, según él, lleva el sello personal del presidente Xi Jinping.

"La Gran Protección del Yangtsé es una estrategia de gran envergadura propuesta por nuestro secretario general Xi Jinping. Nosotros, como participantes, sentimos que es realmente muy importante", dice. El primer punto, explica, es que se trata de una política nacional del más alto nivel: "Como el río es uno solo, se necesitaba una estrategia superior, de nivel nacional, para que todos protegieran juntos". Antes, dice, algunas localidades protegían el río y otras no.

El segundo punto son los instrumentos concretos que se desprenden de esa estrategia. Uno es una veda total de pesca de diez años en todo el Yangtsé, vigente desde el 1 de enero de 2021. El otro es la Ley de Protección del Río Yangtsé, en vigor desde el 1 de marzo de ese año. "Con esta ley podemos hacer que cada localidad la aplique y lleve a cabo la protección", dice.

La veda tuvo, eso sí, un costo social. Según el Ministerio de Agricultura, unos 111.000 barcos pesqueros fueron retirados del río y cerca de 231.000 pescadores debieron abandonar el oficio, con subsidios y programas de reconversión laboral.

El tercero es la educación ambiental. En los últimos años, cuenta Jiang Meng, China promovió el concepto de "convivencia armoniosa entre el ser humano y la naturaleza", que compara con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU —"e incluso va un poco más lejos", agrega—. Ciudades como Nanjing, dice, se construyeron como modelo de esa convivencia: "Hoy acá la gente puede ver muy bien a las marsopas desde la orilla del río; todos conviven bien aquí y se ha formado una armonía". Incluso se puede ver por la carretera que acompaña al río carteles que prohíben tocar la bocina, justamente para no importunar a la marsopa.

El Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales publicó el 30 de enero de 2026 una evaluación de medio término. Sus resultados muestran 351 especies de peces monitoreadas en toda la cuenca entre 2021 y 2025, 43 más que antes de la veda. Un equipo científico independiente, con investigadores de China, Canadá, Estados Unidos y Francia, comparó 57 tramos del río. Calculó un aumento de más del 200% en la biomasa de peces desde 2021 y un 13% más de riqueza de especies, con los peces grandes como los principales beneficiados.


De 1.012 a 1.426 marsopas

"Hace 20 años la población era de más de 50.000", dice Jiang Meng en la entrevista, aunque ningún estudio científico ni cifra oficial respalda ese número. Los registros de los años noventa hablan de unos 2.700 ejemplares en todo el río. Lo que sí está confirmado es la caída posterior: hacia 2017 quedaban apenas 1.012 marsopas.

Desde ahí la curva se revirtió. En 2022 el censo nacional registró 1.249 ejemplares, el primer repunte desde que existe monitoreo. El censo más reciente, anunciado el 30 de enero de 2026 por el viceministro de Agricultura Zhang Zhili, marcó 1.426.

En Nanjing la tendencia es la misma, a escala más pequeña: unas 50 marsopas en 2017, 62 en 2022 y 65 hacia fines de 2025, un alza de 30% en ocho años. "Y tras 10 años de trabajo de conservación, el número de ejemplares en toda China subió a 1.426", resume Jiang Meng. "Es el doble. Así que es un trabajo muy duro". Ni a escala local ni nacional las cifras hablan de una duplicación: el alza es de 30% en Nanjing y de cerca de 40% en todo el río desde 2017.

El propio ministerio advierte que la población nacional sigue siendo apenas la mitad de la de los años noventa y que la especie continúa en peligro crítico. Por eso, a fines de diciembre de 2025, ocho entidades del gobierno central, desde Agricultura hasta la Academia China de Ciencias, publicaron el Plan de Acción de Rescate de la Marsopa del Yangtsé 2026-2035.

Es el primer plan de rescate firmado por múltiples ministerios para una especie acuática protegida. La meta es superar los 1.700 ejemplares en 2030 y los 2.000 en 2035, con diez líneas de acción que van desde la restauración de hábitats hasta la reproducción en cautiverio. El plan anterior, entre 2016 y 2025, dejó ocho reservas, cinco poblaciones trasladadas que ya suman más de 150 marsopas y cinco crías nacidas y sobrevivientes en cautiverio.

El ángel sonriente que dinamiza el turismo

La observación de ballenas y delfines mueve, a nivel mundial, a más de 13 millones de turistas al año en más de cien países. Su valor anual supera los 2.500 millones de dólares, según cifras del sector citadas en el Día de Protección de la Marsopa 2025. Nanjing decidió que quería una porción de ese mercado sin sacrificar la conservación.

Este año, por primera vez, los vecinos pueden subirse a un bote para observar marsopas. La asociación de Jiang Meng se asoció con el grupo estatal de desarrollo Gulou Chanfa para lanzar "Sonríe Nanjing: el viaje de la marsopa". Es una ruta turística que combina observación en estado silvestre, educación ambiental, cultura y caminatas urbanas, y en la que ya participaron más de cien personas, con buena recepción. La ciudad tiene 13 puntos de observación. El de mayor frecuencia, la estación de la sonrisa en la ribera de Gulou, registró 72 avistamientos en un solo día. Cerca de un tercio de las marsopas de Nanjing, más de 20 de las 65, viven de forma estable en el tramo que la ciudad está transformando en el "Parque Urbano de la Marsopa".

Alrededor del animal creció además una pequeña economía cultural: un festival de música dedicado a la marsopa, un musical infantil, un centro de educación científica en el distrito de Jianye y una plaza con su nombre en Jiangning. Es una versión local de algo más grande. China busca que sus parques nacionales funcionen como motor de ecoturismo y empleo verde en las zonas rurales que los rodean. Solo los cinco primeros suman 230.000 km² y protegen cerca del 30% de las especies clave de fauna terrestre del país, y la meta es llegar a 49 parques en 2035.

"La gente tiene muy buena calidad de vida, la economía también crece muy rápido, y el número de animales sube", dice Jiang Meng. "Así que podemos encontrar el equilibrio".

Lo que la veda no alcanzó a salvar

No todas las especies tuvieron ese final. En julio de 2022 la UICN declaró extinto al pez espátula chino y extinto en estado silvestre al esturión del Yangtsé; ambos estaban en peligro crítico desde 1996. El último avistamiento confirmado del pez espátula fue en 2003, cerca de Yibin. Entre las causas, los investigadores señalan a las represas hidroeléctricas, como la de Gezhouba, que bloquearon las rutas migratorias, junto con la sobrepesca y la contaminación. El esturión chino cayó de más de 2.000 ejemplares en los años ochenta a menos de 100 en 2013. Entre 2017 y 2019, un relevamiento del Ministerio de Agricultura no logró encontrar 130 de las 448 especies de peces registradas históricamente en el río, casi un tercio.

Los mismos científicos que celebran la recuperación de la biomasa advierten que la veda, por sí sola, no salva a las especies migratorias. Mientras las represas no tengan pasos para peces, no importa cuántos haya río abajo. Es la contradicción que ronda toda la política de electrificación del país: las mismas hidroeléctricas que alimentan buena parte de la matriz eléctrica china son también uno de los obstáculos que especies como el esturión y el pez espátula no lograron sortear.

Nada de eso se ve, sin embargo, desde la ribera de Gulou. Lo que ahí se ve es un lomo gris asomando entre el agua, una fila de turistas con el teléfono en alto y una ciudad que decidió que el río que se recupera no fuera solo una cifra en un informe, sino un animal que la gente pudiera ver sonreír desde la orilla.

Este es el tercer reportaje de una serie sobre la cuestión medioambiental china, elaborada en el marco de un viaje a Beijing, Nanjing y Wuxi del editor de El Desconcierto, Matías Rojas.

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