domingo 12 de julio de 2026

Veintidós tesis para el debate de una izquierda libertaria

Un contrapunto sobre la libertad, la creatividad y la dignidad humana en la era de la técnica.

12 de julio de 2026 - 07:00

Recientemente, desde el corazón de Silicon Valley, Palantir, la compañía de vigilancia y datos de Peter Thiel y Alex Karp condensó en veintidós tesis su visión del porvenir: el software como poder duro, la inteligencia artificial como control y destino militar inevitable, la jerarquía entre culturas —unas «vitales», otras «regresivas»— la democracia como obstáculo para la libertad y el pluralismo como una convivencia demasiado vulnerable para sostener a Occidente.

Aquel texto proclama de hecho que el futuro será una conquista tecnológica de unos pocos sobre los demás.

En respuesta ofrezco estas otras 22 tesis. Pero no como verdades dogmáticas, ni como un programa cerrado: sino como incitación a la conversación de un sector que todavía está buscando su relato. Las propongo -haciendo también un contrapunto de forma y fondo- en modo de apertura. Para ser discutidas y criticadas, corregidas y ensanchadas.

Y vale decir que se usa el concepto "libertaria" a conciencia. No cedemos esa palabra a quienes hoy la usan para nombrar el poder de unos pocos sobre los demás, ni a la derecha que la agita para promover el individualismo y un mercado sin límites, ni a quienes la reducen a la soledad del individuo frente al Estado. La libertad es social: se ejerce con otros, no contra ellos.

Frente a quienes prometen orden a cambio de obediencia, y poder a cambio de silencio, hay que recordar que la técnica, la riqueza y el saber solo valen cuando ensanchan la vida de todos.

No hay que temer al porvenir ni entregarlo a manos ajenas. Hay que reclamarlo como tarea común: más libertad, más dignidad, más imaginación, más prosperidad compartida. Y lo que sigue son sus veintidós cimientos, abiertos al debate.

I - DIGNIDAD, LIBERTAD Y DEMOCRACIA

  • La dignidad humana como fundamento

Hay un punto desde el cual se mide todo lo demás, y ese punto es la persona.

Nadie merece menos que las condiciones materiales, culturales y afectivas para florecer sin pedir permiso.

La técnica no nos redime por sí sola: vale cuando ensancha la vida, no cuando la administra.

Una sociedad es libre cuando cada quien despliega lo que es con autonomía y sin miedo.

  • Una sociedad del cuidado y el respeto

Las civilizaciones que perduran no son las que más acumulan, sino las que mejor cuidan.

El bienestar no se decreta: nace de vínculos firmes, comunidades despiertas y una cultura de la empatía.

Cuidar a las personas y a los ecosistemas es la forma más concreta de sostener la democracia.

El respeto no es cortesía: es la arquitectura invisible que vuelve habitable lo común.

  • La pobreza como negación de la libertad

La pobreza no es solo falta de ingresos. Quien no tiene salud y vivienda, educación y trabajo digno, ni con qué llegar a fin de mes no elige su vida: la sobrevive.

Superarla no es caridad ni gasto: es la condición primera para que la libertad deje de ser un decorado.

Los derechos sociales no son favores del Estado: son los cimientos que vuelven real la autonomía.

Superarla es responsabilidad compartida: del Estado que garantiza, del mercado que crea, de la comunidad que sostiene.

  • Libertad para crear y pensar

La libertad de pensar ha sido, en cada época, el primer motor de lo nuevo.

De ella brotan la creatividad, la disidencia fértil y el derecho a inventar la propia vida.

La cultura, las artes, la ciencia y el debate abierto son los músculos de la inteligencia colectiva.

El conocimiento que circula libre no debilita el orden: lo hace más justo y más vivo.

  • Libertad con autonomía real

La libertad sin condiciones materiales es un decorado: hermosa de lejos, inservible de cerca.

Salud, vivienda, educación y conectividad al alcance de todos convierten el derecho en poder efectivo.

La igualdad de oportunidades no nivela hacia abajo: libera hacia arriba la creatividad de un pueblo.

Que nadie quede atado por barreras arbitrarias es la prueba última de una sociedad libre.

  • Democracia participativa y transparente

La democracia del siglo XXI no se firma cada cuatro años: se ejerce todos los días.

Exige instituciones abiertas, inteligentes y lo bastante cercanas para mirarse a los ojos con la gente.

Transparencia, descentralización y rendición de cuentas no son trámites: son condiciones de confianza.

La participación no entorpece el poder; lo legitima y lo vuelve digno de durar.

  • Diversidad como energía creadora

Abrirse al otro no es concesión moral: es la fuente más fiable de renovación de una sociedad.

Donde conviven muchas identidades y miradas, la creatividad y la resiliencia se multiplican.

La pluralidad no fragmenta la democracia: la entrena para comprender un mundo complejo.

Lo distinto no amenaza lo común; lo enriquece y lo obliga a ser más ancho.

II - CONOCIMIENTO, CULTURA Y LOGROS CIVILIZATORIOS

  • Cultura, educación y conocimiento como motores del futuro

El porvenir será de las sociedades capaces de imaginar, aprender y volver a empezar.

Universidades, artes, investigación y ciencia no son gasto: son la infraestructura del mañana.

La educación sigue siendo la palanca más poderosa contra la herencia del azar y la cuna.

Quien invierte en conocimiento no compra prestigio: siembra prosperidad y creatividad compartidas.

Acceder al conocimiento es acceder a la libertad de cambiar el propio destino.

Las sociedades abiertas no temen al saber ajeno: lo convierten en inteligencia de todos.

  • La belleza y el sentido como necesidades humanas

Desarrollarse también es profundizar la experiencia de estar vivo, no solo producir más.

El arte, la contemplación y lo bello no son lujo: son alimento de una vida que vale la pena.

Toda comunidad necesita relatos y horizontes de sentido para no extraviarse en la mera eficiencia.

La sensibilidad estética y la empatía democrática crecen del mismo suelo.

  • Defender y expandir los logros civilizatorios

Derechos humanos, democracia, ciencia y libertades civiles no cayeron del cielo: se conquistaron.

La igualdad plena para mujeres y diversidades sexuales y de género aún tiene desafíos pendientes, al igual que el reconocimiento a los pueblos originarios.

Cada generación recibe esos avances en custodia, con el deber de ampliarlos y no dilapidarlos.

Frente al autoritarismo y la desigualdad, la respuesta es más conocimiento y más dignidad.

El progreso no es nostalgia ni huida hacia adelante: es profundizar lo que ya aprendimos a ser.

III - TECNOLOGÍA, EMPRENDIMIENTO Y PROSPERIDAD

  • Tecnología para una nueva etapa del desarrollo humano

La técnica no es destino ni amenaza: es una pregunta abierta sobre qué queremos ser.

La inteligencia artificial abre la puerta a una abundancia que ninguna generación previa imaginó.

Bien orientada, puede democratizar el saber y crear formas inéditas de riqueza compartida.

Su promesa más honda es devolvernos tiempo: para crear, aprender, gozar y estar con los nuestros.

  • Una nueva alianza entre humanidad y tecnología

No se trata de servir a la máquina ni de temerla, sino de gobernarla con propósito.

La humanidad debe poner la técnica al servicio de la libertad y del bienestar de todos.

Las tecnologías emergentes ofrecen herramientas inéditas para problemas que creíamos eternos.

El progreso científico, si lo decidimos, puede ensanchar la salud, la educación y la vida buena.

  • Creación de riqueza para una prosperidad compartida

Sin riqueza creada no hay derechos financiados: la justicia también necesita músculo económico.

El desarrollo pide productividad, estabilidad y la paciencia de pensar a largo plazo.

Los recursos naturales son la llave al desarrollo, a condición de que los llevemos al mundo como valor agregado y no meras materias primas básicas.

Una sociedad próspera tiene con qué pagar el bienestar, la innovación y los derechos que proclama.

La prosperidad solo merece su nombre cuando se comparte y fortalece la confianza común.

  • Promoción de la iniciativa privada y creativa

Innovar no es privilegio de unos pocos: la empresa juega un rol vital en la creación de riqueza, pero también lo social y comunitario hacen lo suyo.

Empresas, emprendedores, científicos y creadores empujan el progreso cuando no monopolizan el poder. Especial atención merecen los empresarios emergentes, claves para promover el auto empleo y el empleo.

La iniciativa privada y la economía social de mercado son esenciales para el desarrollo, crear empleo y oportunidades; el equilibrio democrático evita que genere súbditos.

Las economías más vivas nacen del cruce entre creatividad, conocimiento e inversión con horizonte.

  • Trabajo humano en la era digital

Si el progreso no se traduce en más tiempo y más vida, no es progreso: es solo aceleración.

El avance técnico puede hacer del trabajo algo más creativo y más compatible con una existencia plena.

Las nuevas herramientas, bien usadas, potencian la colaboración, el aprendizaje y la creación.

La formación continua será la brújula para no naufragar en los cambios que vienen.

  • Un Estado moderno para una sociedad dinámica

Un Estado inteligente no achica la libertad: la ensancha igualando el punto de partida.

Sus instituciones deben garantizar derechos, impulsar innovación y pensar el país a largo plazo.

Modernizarlo exige eficiencia y transparencia, capacidad técnica y la humildad de estar cerca de la gente.

El Estado del siglo XXI articula capacidades individuales y colectivas y ofrece, sobre todo, un horizonte.

IV - TERRITORIO, SOSTENIBILIDAD Y FUTURO COMPARTIDO

  • Regiones con capacidad de desarrollo

Ninguna comunidad debería esperar que el futuro le llegue decidido desde la capital.

El país necesita territorios con autonomía, infraestructura e inversión que produzca raíces.

Las regiones guardan capacidades culturales, económicas y humanas que el centralismo ignora.

Descentralizar no es repartir migajas de poder: es multiplicar los lugares donde late la democracia, el crecimiento y el bienestar.

  • La sostenibilidad como horizonte civilizatorio

Cuidar la naturaleza es la forma más concreta de respetar a quienes aún no han nacido.

La crisis climática no se vence con resignación, sino con innovación, cooperación y coraje.

La transición ecológica puede ser cuna de nuevas industrias, energías limpias y empleos dignos.

Un desarrollo sostenible no frena la economía: la vuelve más resiliente y más honesta.

  • Cooperación en un mundo interdependiente

Ningún muro detiene un virus, un incendio o una idea: el aislamiento es una ilusión cara.

Cooperar no diluye la soberanía: multiplica la capacidad de cada quien para resolver lo común.

Constituir un espacio económico, cultural y político propio es la tarea mayor de una América Latina que no quiera ser solo materia prima de los proyectos ajenos.

Solo unida en su diversidad, la región podrá sostener su soberanía y pesar en la geopolítica de un mundo que ya no espera a los que llegan dispersos.

  • Medios libres y comunicación democrática

Una democracia se reconoce por la salud de su conversación pública.

El pluralismo informativo no es ruido: es el sistema nervioso de una deliberación que vale.

Los medios independientes y regionales sostienen la diversidad de voces que el poder tiende a borrar.

La información confiable no es mercancía entre otras: es un bien sin el cual no hay sociedad abierta.

Las democracias abiertas pueden tejer un orden internacional más humano y más sostenible.

V - IMAGINACIÓN, ESPERANZA Y FUTURO

  • El derecho a imaginar el futuro

El porvenir no pertenece a quienes lo administran, sino a quienes se atreven a imaginarlo.

Cada generación tiene el derecho —y el deber— de reinventar su propio tiempo histórico.

La imaginación política es el antídoto contra el miedo y la resignación disfrazada de realismo.

Las sociedades que duran son las que se permiten experimentar, equivocarse y aprender.

  • Una nueva esperanza democrática

Una nueva generación de ideas puede levantar sociedades más libres, más humanas y más luminosas.

Creemos en un país que reconcilie libertad, prosperidad, sostenibilidad, creatividad y justicia.

El siglo XXI ofrece, por fin, los medios para ensanchar lo humano con conocimiento y técnica.

La democracia no se conserva: se renueva, ampliando participación, diversidad y cooperación.

El futuro no se hereda ni se obedece: se imagina y se comparte.

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