viernes 10 de julio de 2026

Alemania normaliza el genocidio en Gaza

En Alemania es difícil reconocer las características violentas y criminales de Israel, país que hoy representa la gran amenaza para la paz en la región y en el mundo.

10 de julio de 2026 - 11:45

Un ejemplo de titulares que abundan en la prensa alemana: “Un profesor fue suspendido por publicaciones sobre Gaza: la decisión recaerá en los tribunales”. Titulares como estos son suficiente material informativo como para saber que las cosas en Alemania están lejos de mejorar.

Mientras los crímenes de guerra de Israel contra mujeres y niños continúan ocurriendo, documentados y denunciados por Naciones Unidas y otros organismos internacionales, Alemania continúa brindando apoyo a ese gobierno, incluso profundizando sus alianzas en materia de seguridad. Mientras la nación israelí deviene abiertamente fascista, su gran aliado, Alemania, no se queda atrás en perseguir a los críticos y disidentes, haciendo ingentes esfuerzos para negar el genocidio en Gaza, esto le ha valido una denuncia pública por parte del Instituto Lemkin de Estudios de Genocidio.

El crimen de Alemania es, de hecho, triple: por un lado, continúa apoyando el genocidio en Gaza al negarse a cortar los lazos económicos con Israel —vale recordar que Alemania enfrenta cargos de complicidad en el genocidio ante la Corte Internacional de Justicia, interpuestos por Nicaragua—. Además, comete actos de represión contra las voces palestinas y propalestinas y, a su vez, niega que lo que ocurre en Gaza sea un genocidio. Y todo eso en un país donde negar la realidad del Holocausto está penado por ley.

Pero Gaza fue claramente solo la antesala de un conflicto más grande: la guerra contra Irán y el Líbano. Mientras los medios alemanes hablan de “régimen de los ayatolás” y de “militares terroristas” de Hezbolá, tratan de recordar a toda hora al público alemán que las acciones de Israel están justificadas. Obviamente, la clase política también se niega a reconocer que el principal desestabilizador en la región de Medio Oriente es Israel y no Irán.

Sin embargo, tres hechos demuestran el carácter cuasifascista de la nación alemana al censurar voces críticas que denuncian el genocidio en Gaza. Primero, es declarar la famosa “Handala”, la sandía palestina, símbolo de la resistencia ante la ocupación israelí en tierras palestinas, como símbolo de extremismo palestino.

La otra es la noticia de que la policía política alemana (Verfassungsschutz) tiene la libertad de calificar de extremista a la organización judía “Voces Judías por la paz justa en el Medio Oriente”. Mientras tanto, el juicio contra los cinco activistas propalestinos, el valiente grupo conocido como “Ulm 5” que llevó a cabo actos de sabotaje contra la empresa de armamento Elbit Systems, continúa enfrentando la dureza institucional de la ley alemana.

Estos hechos son solo algunas muestras del clima político en dicho país, cuya clase gobernante recurre a todas las herramientas de la ley para perseguir a los críticos, y que ya va más allá de las conocidas medidas de censura y persecución emprendidas por el aparato represivo del Estado y su aparato legal.

Con el triste historial de persecución política contra personas de izquierda y judíos por parte de los nazis, hoy, al parecer, la historia se repite. Porque en Alemania hoy se persigue nuevamente a los judíos, en nombre de defender un Estado que dice representar a los judíos en el mundo, en nombre de una ideología supremacista en una región incendiada por el avance de un proyecto abiertamente colonial. Y el occidente no solo permite que eso suceda, sino que además sigue brindando apoyo a Israel mediante diversos convenios con esa nación. Como Alemania es una sociedad conservadora, nunca ha tenido muchos problemas para criminalizar a la izquierda, pero ahora también recae sobre la población judía alemana antisionista.

Recientemente, la activista judía Shely Steinberg lo decía en una carta abierta al ministro de exteriores alemán, Johannes Wadelphul, publicada en “X”. Sus palabras no dejan lugar a dudas:

“Hoy se pone de manifiesto que nunca se ha llevado a cabo una reflexión sobre la propia historia: una vez más, Alemania se pone del lado de un genocidio y se convierte activamente en cómplice del mismo. (...) Su indiferencia ante el destino de los palestinos, los libaneses, los sirios, los iraníes y muchos otros no se deriva de una «responsabilidad histórica derivada del Holocausto»; al contrario: están continuando con la historia. Bajo el pretexto de la responsabilidad hacia los judíos y las judías, apoyan los mayores crímenes de la humanidad; eso es pérfido y sumamente antisemita”.

Pero también seamos justos con los medios de prensa en Alemania: a estas alturas es difícil ocultar la agresividad del gobierno de Israel, los medios de prensa se permiten algo de cobertura de la maquinaria de guerra, cuya lista de crímenes de guerra aumenta cada día. Pero en los medios alemanes la crítica permitida no es muy profunda: el curso nefasto de Israel se le atribuye a esa figura oscura que es Netanyahu, sin que se ahonde analíticamente en el rumbo fascista que ese país ha tomado ni se cuestione la naturaleza fanática del sionismo mesiánico.

Es preferible echar la culpa de este rumbo a unas pocas manzanas podridas como a un Smotrich o a un Ben Gvir. De lo contrario, reconocer que el problema estriba en una ideología política extremista, de corte colonial y racista, conocido como sionismo, que hoy es la base ideológica del Estado de Israel.

Pero el problema es, sobre todo, estructural: la guerra actual nos sitúa en un escenario de crisis del capitalismo extractivista, rentista y securitario. Diversos analistas geopolíticos ya sostienen que la guerra que el imperio e Israel libraron contra Irán —la que claramente han perdido— peligra por hacer estallar la economía mundial. Aunque los medios y la política alemanes siguen sosteniendo que el único “culpable” de todo este desastre es Irán y no Israel, debido al cierre del estrecho de Ormuz.

Pero la crisis parece inevitable, debido a decisiones imperiales erróneas. Tampoco es secreto que esta guerra no se libra en favor de los intereses gringos, sino únicamente en favor de los de Netanyahu y su coalición de ultraderecha. Pero en Alemania se está lejos de reconocer el hecho principal: que el declive de Estados Unidos no puede pensarse sin el de su pequeña colonia, Israel.

En Alemania es difícil reconocer las características violentas y criminales de Israel, país que hoy representa la gran amenaza para la paz en la región y en el mundo. Pero este “reconocimiento” es necesario por su urgencia: reconocer la naturaleza colonial, racista y genocida de Israel implicaría mirarse al espejo. El reflejo de Occidente exhausto; un imperio en declive; una civilización decadente e hipócrita, un sistema económico inhumano, extractivo y rentista. Esto también significaría preguntarse por el rumbo nefasto de la sociedad alemana en su conjunto, cuya clase política ha aportado más que un granito de arena a toda esta horrible situación.

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Carabineros / Agencia Uno

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