El proyecto económico del actual gobierno chileno descansa en la idea de que bajando los impuestos corporativos a las grandes empresas nacionales estás van a tener más fondos como para realizar inversiones en el país, y las grandes empresas extranjeras, a su vez, se darán cuenta rápidamente, desde afuera, que aquí la tasa de impuestos es baja y canalizarán hacia acá una cantidad creciente de sus inversiones mundiales. Crecerán, por lo tanto, las inversiones, de uno y de otro origen, y todos seremos más felices.
Este análisis tiene, sin embargo, varios argumentos complementarios que permiten dudar de la idea de que esas medidas conducirán a los objetivos mencionados.
En primer lugar, cabe mencionar que hoy en día existe una suma altísima de capitales de origen chileno que se han invertido en diferentes opciones en el exterior. Se calcula que a fines del año 2025 habían aproximadamente 161 mil millones de dólares en esas condiciones, fundamentalmente en los mercados estadounidense, colombiano, brasileño y peruano. En esa cifra se incluyen, fundamentalmente, las compras de bonos y acciones en el exterior, los depósitos en cuentas bancarias o en fondos mutuos, la inversión en propiedades, la compra del 10% o más de una empresa y la creación de filiales.
Esos fondos han salido de país en los últimos decenios, en las más variadas situaciones económicas y políticas. Salen al exterior porque buscan diversificar países, empresas y tipos de activos financieros, y ganar seguridad para sus capitales. Sería difícil suponer que toda esa inmensa suma de capitales han salido del país porque la tasa de impuestos corporativos era muy alta y que van a volver si esa tasa disminuye.
Decisiones tan importantes no se toman en el mundo de las altas finanzas analizando una sola variable -la tasa de impuestos a las ganancias según el esquema del gobierno de Chile- sino un conjunto de elementos tales como la estabilidad política, las tasas de interés, los consensos nacionales con respecto a las políticas económicas, la infraestructura existente en el país, el nivel de capacitación y de productividad de la mano de obra, la investigación científica y tecnológica, la calidad de la enseñanza, la competencia interna y externa existente, etc., etc.
En segundo lugar, en el primer trimestre de este año, los fondos que han salido al exterior suman 2.163 millones de dólares, cantidad muy superior a la cantidad que salió en el mismo periodo del año anterior, cuando solo alcanzó a 848 millones de dólares. Si los niveles de salida de capitales continua al mismo ritmo saldrían del país más de 8 mil millones de dólares en el transcurso del año.
¿Porqué han salido tantos fondos del país en circunstancias que había un presidente electo, próximo a asumir sus funciones, que les anunciaba que bajaría la tasa de impuestos que pesaba sobre las utilidades corporativas? ¿No le creyeron al presidente electo y decidieron buscar opciones mejores en el exterior? ¿O creyeron lo de las tasas, pero no se convencieron de aquello de que eso haría crecer la inversión y el empleo, sino que, por el contrario, asumieron que la reducción de los ingresos fiscales traería bajo crecimiento económico?
Lo cierto es que las promesas del nuevo gobierno no han generado un boom de inversiones de nuevos fondos que llegasen al país preparándose y tomando posiciones para la partida de la fase de expansión de la inversión que se pregona. Más bien lo que se observa es que los nacionales han sacado su plata al exterior, han reducido la producción, han reducido las inversiones internas, han reducido las exportaciones, y el gobierno goza de una adhesión ciudadana bastante más reducida que la que tenía al ganar las elecciones.
Pareciera que los empresarios, nacionales o extranjeros, saben que un plan económico, por generoso que sea para con ellos, pero que es aprobado legalmente por uno o dos votos, puede en un mañana cercano, ser derogado también por la misma cantidad de votos, todo lo cual, lejos de traer tranquilidad y legitimidad, genera un panorama presente y futuro de alta inestabilidad. La cantidad de votos con que se apruebe en el parlamento puede servir en términos oficiales y administrativos, pero no genera un consenso para el mediano o largo plazo, a menos que se trate de proyectos que gocen de un apoyo ciudadano y político claramente mayoritario.
No entender que la inversión en ninguna parte del mundo depende de un solo factor, no entender la multiplicidad de opciones financieras que existen hoy en día en el mercado internacional y no entender que la política es buscar mayorías y consensos para medidas que tengan duración en el tiempo, es no entender mucho ni de la economía ni de la política.