jueves 25 de junio de 2026

Michelle Bachelet y el sinuoso camino a las Naciones Unidas

El prestigio internacional de Bachelet no es fortuito; independiente del resultado final, ella representa el máximo reconocimiento alcanzado por personalidad alguna de Chile.

24 de junio de 2026 - 16:45

La agenda agresiva e improvisada de la segunda administración del presidente Trump, ha convertido la política internacional en un juego de transacciones sin valores, donde las lealtades quedan supeditadas a conseguir poder o beneficios específicos, los casos de Venezuela e Irán son muy ilustrativos al respecto.

En este escenario, la elección de un o una nueva Secretaria General de las Naciones Unidas está demostrando que al momento de definirse, ser ambiguo, en el sentido más puro del oportunismo político o del pragmatismo diplomático, es una alternativa real, para acomodarse en un escenario incierto.

Al sólido y consistente apoyo de Brasil y México a la candidatura de Michelle Bachelet, se opusieron inmediatamente 28 congresistas republicanos de los Estados Unidos (de un total de 270), quienes consideran que su apoyo a la agenda pro mujer, la hace no apta para el cargo.

A esto, se cruzan las declaraciones del presidente español Pedro Sánchez, quien ha manifestado que una mujer de América Latina y el Caribe debe ser quien lidere la Secretaría General de la ONU, una declaración bastante ambigua, toda vez que en esa categoría hay tres candidatas, la propia Bachelet, María Espinosa (Ecuador) y Rebeca Grynspan (Costa Rica), quien es cercana al palacio de la Moncloa.

A principios de mayo ocurrió algo bastante inesperado; la diplomacia China que es muy reservada en sus conversaciones y que tiene mucho cuidado en emitir opiniones públicamente, salió a declarar, en voz del embajador ante la ONU, Fu Cong que…“Nos gustaría ver una mejor representación geográfica y, si fuera una mujer después de tantos años, China lo acogería favorablemente”.

Al mismo tiempo afirmó que “no debe estar excesivamente alineado con las políticas de una única superpotencia", en clara referencia a la hegemonía de Estados Unidos. Nuevamente, la ambigüedad se manifiesta en tono diplomático.

El presidente Lula visitó al presidente Trump en mayo y entre muchos temas, conversaron sobre la candidatura de Bachelet y el posible veto a su postulación. A pesar de las diferencias entre ambos presidentes, aparentemente se relativizó esa posibilidad, toda vez que Bachelet se reunió con Lula dos días después y luego siguieron inmediatamente las visitas a Uruguay, Colombia, China, Italia, Reino Unido, Grecia, Letonia, Suiza, Francia, Turquía y Rusia.

La visita de Bachelet a Rusia marcó un hito en la diplomacia de 2026. El canciller Serguéi Lavrov le ofreció un recibimiento de Estado, rodeada por los embajadores de Brasil, México y lo más granado de la diplomacia rusa, para exponer su visión sobre el nuevo ciclo en la ONU. El contraste con la visita de Grynspan fue abismal: esta llegó sola y fue atendida por Lavrov y dos funcionarios, la comparación al ver las imágenes es muy patente.

El prestigio internacional de Bachelet no es fortuito; independiente del resultado final, ella representa el máximo reconocimiento alcanzado por personalidad alguna de Chile. La ex presidenta es un activo estratégico que el gobierno actual desaprovecha, aislando peligrosamente a nuestro país y a su diplomacia de los diálogos globales en un momento de crisis, acomodos y reordenamiento del sistema internacional hacia un nuevo orden multipolar.

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