El veto presidencial al proyecto de ley para la reconstrucción reabrió una discusión planteada en términos binarios: prohibir o permitir el anatocismo. El Congreso había optado por una prohibición absoluta; el Ejecutivo propone eliminarla completamente. Ninguno de esos extremos parece la mejor respuesta cuando quien se endeuda es un consumidor.
El anatocismo consiste, en términos simples, en que los intereses devengados y no pagados se incorporan al capital y comienzan a generar nuevos intereses. La regla vigente en Chile es relevante: la Ley N° 18.010 presume esa capitalización, salvo que las partes acuerden expresamente lo contrario.
El veto formula objeciones atendibles a una prohibición general. Advierte que la capitalización cumple funciones legítimas en depósitos a plazo renovables, períodos de gracia, repactaciones, líneas de crédito y otros productos financieros. También sostiene que una prohibición absoluta podría encarecer el crédito o dificultar su acceso. El problema, entonces, no es necesariamente toda forma de capitalización.
Pero de esas razones no se sigue que deba mantenerse intacta la regla actual para los consumidores. Entre prohibir siempre el anatocismo y presumirlo siempre existe una solución intermedia: eliminar su aplicación automática en las relaciones de consumo y permitirlo cuando el consumidor lo acepte de manera expresa, informada y separada.
Hoy, si nada se pacta, los intereses impagos se incorporan al capital. En relaciones de consumo masificadas, estructuradas mediante contratos por adhesión y marcadas por asimetrías de información, cuesta justificar que una consecuencia económica relevante se produzca por una presunción legal y no por una decisión consciente.
Esta alternativa permitiría, además, distinguir situaciones que la prohibición aprobada trataba igual. No es equivalente capitalizar intereses en un depósito a plazo, donde beneficia al ahorrante, que hacerlo respecto de una deuda vencida de un consumidor. Tampoco una repactación voluntaria es lo mismo que una capitalización automática por mandato legal.
El veto podía corregir los problemas de una prohibición absoluta sin volver simplemente al statu quo. Podía preservar la capitalización cuando fuera funcional a determinados productos y, al mismo tiempo, establecer que, tratándose de consumidores, no se presume.
Si el anatocismo va a producir efectos contra un consumidor, que sea porque lo aceptó expresa e informadamente, no porque guardó silencio frente a una regla concebida para otro mercado.
Es imprescindible que el anatocismo, también conocido como interés compuesto, salga del ámbito exclusivamente parlamentario y que se abran los canales que la institucionalidad permita para la participación de la ciudadanía. El constante y creciente uso de las tarjetas de créditos en Chile amerita que sean escuchadas las diferentes opiniones al respecto.
Una conversación lo mas abierta y participativa sobre que significa para el consumidor una u otra alternativa le daría legitimidad social y ayudaría a las personas consumidoras a entender a que se enfrenta cuando solicita un crédito.
El veto, al suprimir la norma sin ofrecer una alternativa, dejó pasar una buena oportunidad. Es de esperar la retomen los parlamentarios o el propio ejecutivo.