viernes 28 de agosto de 2026

La jibia habla español

Frente a un recurso pesquero estratégico que mantiene a miles de familias, el Estado no puede quedarse como un mero espectador: tiene la obligación de actuar y tomar decisiones de fondo.

28 de agosto de 2026 - 11:45

A veces pienso que la jibia entiende más de política que muchos de los que se sientan en Valparaíso a decidir su futuro. Porque la jibia, aunque algunos la quieran cosmopolita y globalizada, habla español. Nació en nuestras aguas, creció en nuestras manos y se hizo pesquería en nuestras costas. Pero aquí, en Chile, cada cierto tiempo aparece alguien que insiste en traducirla… y siempre al mismo idioma: al chino.

La semana pasada estuve en Lima, en el taller organizado por la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS) titulado “Sostenibilidad del Calamar Gigante en el Pacífico Sudeste”. Ahí, los países ribereños —Chile, Perú y Ecuador— estábamos construyendo algo inédito: una hoja de ruta común para defender la jibia en aguas internacionales, potenciar la investigación científica y exigir reglas claras a la flota de aguas distantes.

Se trataba de evitar que la Organización Regional de Pesca del Pacífico Sur (OROPPS) siga funcionando como un comedor donde los países ribereños llegan con la bandeja vacía mientras otros ya están eligiendo el menú completo. Eso es gobernanza. Eso es soberanía regional. Eso es cuidar el recurso y el empleo de miles de familias.

Y mientras allá se discutía ciencia, cooperación y soberanía, acá en Chile estábamos en otra película. Nuestros compañeros estaban en la Comisión de Pesca del Senado, tratando de explicarle a algunos que la jibia no es un juguete, que el arrastre no es sustentable y que volver a esa técnica para “salvar” la pesquería es como apagar un incendio con bencina.

Y en medio de este escenario, Chile decide guardar silencio. Observa desde la galería, pero no fija postura sobre cómo defenderá nuestros intereses ante la OROPPS ni sobre la vuelta al arrastre. Dice ser apenas “observador del proceso normativo”. Pero frente a un recurso pesquero estratégico que mantiene a miles de familias, el Estado no puede quedarse como un mero espectador: tiene la obligación de actuar y tomar decisiones de fondo. Porque cuando la autoridad calla, el silencio también es una posición, y terminan hablando más fuerte quienes solo defienden un negocio.

Porque no nos engañemos: el arrastre es una obsesión de la pesca industrial chilena, no china. La flota de aguas distantes no está pidiendo arrastre: ellos siempre han pescado con potera. Los que lo piden son los mismos de siempre, los que creen que la historia extractiva se construye con retroexcavadora. Y mientras ellos sueñan con redes que ya deberían estar en un museo, la región está hablando de modelos científicos, de límites precautorios y de coordinación entre países ribereños. Es decir: de futuro.

Nos querrán convencer de que, si no aceptamos el arrastre, cuando la OROPPS fije límites de captura nos vamos a quedar sin cuota; que necesitamos “más volumen” para “defender nuestra posición”. Y uno escucha eso y piensa: ¿de verdad creen que los jibieros nacimos ayer? Tengamos la claridad absoluta de que la OROPPS solo puede fijar cuotas en aguas internacionales —repito: solo en aguas internacionales— sin tocar un solo metro dentro de la ZEE de Chile, Perú o Ecuador.

Los países ribereños tienen derecho pleno sobre la jibia en sus aguas. Ese derecho no depende del método de pesca, depende de la historia. Y la historia de la jibia empieza aquí, en nuestras costas, en nuestras embarcaciones y en nuestras comunidades.

La jibia habla español. Habla desde Perú, desde Ecuador, desde Chile. Habla desde la ciencia que se está construyendo en la región y desde los espacios de diálogo donde los países ribereños están defendiendo su soberanía. Pero cada vez que abre la boca, aparece alguien que quiere traducirla para Pekín. Y ahí es donde uno entiende que el problema no es técnico: es político.

¿Queremos ser un país que defiende su historia extractiva y su derecho soberano? ¿O queremos ser un país que se acomoda a los intereses de quienes pescan en alta mar mientras la autoridad mira para el lado?

La jibia habla español. La pregunta es si Chile quiere escucharla… o seguirá obedeciendo a otros.

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