lunes 27 de abril de 2026

En Chiloé hay personas que se están muriendo esperando este puente

Chile tiene una deuda con Chiloé que no se paga con hormigón y acero. Se paga con la honestidad de entender que el tiempo del Estado no es el tiempo de las personas.

27 de abril de 2026 - 11:45

Hay mañanas en Chiloé en que el viento llega antes que la luz. En que el Canal de Chacao amanece gris y agitado, y las barcazas salen igual, porque siempre salen, porque el isleño aprendió hace mucho que la vida no espera al clima. Hay una mujer en el muelle que lleva a su hijo envuelto en una manta.

Va a Puerto Montt, a un médico especialista, a una cita que tardó semanas en conseguir. Mira las torres del puente desde la orilla, esas torres de hormigón que se levantan sobre el Canal como una promesa que por fin tomó forma, y piensa lo mismo que ha pensado siempre: algún día.

Ese algún día lleva décadas llegando. Y hay chilotes que no van a poder esperar más.

Una promesa que sobrevivió a todos los gobiernos

La idea nació en los años 60. Fue estudiada, descartada, cancelada en 2006, reactivada en 2012, adjudicada en 2014. Cada gobierno la heredó. Ninguno la resolvió del todo.

Hoy el puente está al 63% y la fecha estimada de término es 2028. Se puede ver desde ambas orillas, dos mil setecientos cincuenta metros de hormigón emergiendo sobre el Canal, el puente colgante más largo de América Latina. Una obra extraordinaria. Nadie lo discute.

Pero hay algo que nadie está diciendo: construir el puente no es lo mismo que conectar el territorio. Y Chile, una vez más, parece haber confundido las dos cosas.

Lo que los documentos públicos revelan

El Canal no miente. Tampoco mienten los documentos que cualquier ciudadano puede encontrar en Mercado Público si decide buscarlos. El Acceso Norte fue licitado en abril de 2025 y adjudicado en agosto del mismo año. Algo, al menos, avanza.

El Acceso Sur es otra historia. El documento oficial de las Bases de Licitación lo dice sin rodeos: este es el Tercer Llamado. Hubo un primero y un segundo proceso que no prosperaron. En diciembre de 2025, con el puente ya al 63% de construcción, el MOP intenta por tercera vez adjudicar un estudio de ingeniería, no la construcción, solo el diseño, mientras el puente avanza sin esperar a nadie.

Hay una palabra para eso. No es mala suerte. No es la pandemia. Es incapacidad institucional de coordinar una obra que lleva décadas en carpeta. Con un puente que termina en 2028, los números simplemente no cierran. Y alguien lo sabe.

La paradoja que nadie nombra

El peaje para cruzar el Puente Chacao podría llegar a los $20 mil pesos para vehículos livianos, el mismo valor que hoy cuesta cruzar en barcaza.

Chile va a construir el puente más caro de su historia. Y cruzarlo va a costar lo mismo que el transbordador que reemplaza. La pregunta no es técnica ni económica, es humana y urgente: ¿para quién se está construyendo este puente? Cuando esté listo, el isleño va a pagar lo mismo que paga hoy. Va a llegar por caminos que todavía no existen. Y algunos de los que lo esperaron ya no van a estar.

Lo que Chiloé merece

Si los Accesos Norte y Sur no avanzan al mismo ritmo que el Puente Chacao, Chile habrá construido la obra más cara de su historia para inaugurarla sin poder ocuparla. No será solo una falla de planificación. Será la metáfora más cruel de un país que sabe construir grandes obras, pero no termina de entender para quién las construye.

Hay una novela japonesa llamada Dorayaki, de Durian Sukegawa, donde una anciana pasa décadas perfeccionando su pasta de porotos azuki mientras espera que el mundo le devuelva lo que le debe. No espera paralizada, espera cocinando, viviendo con dignidad cada día que el Estado le negó, ese mismo Estado que la aisló por ser paciente con lepra. Su receta quedó. El chico que aprendió a su lado lleva en las manos la forma de esperar sin rendirse.

El isleño anciano que hoy mira las torres desde la orilla también deja algo a sus nietos, la forma de leer el Canal, de respetar las mareas, de cruzar en barcaza sin miedo. Esa herencia es lo que ningún estudio de ingeniería puede medir y lo que ninguna licitación puede reemplazar.

Pero hay una pregunta que no se debería tener que responder: ¿Cuántas generaciones más van a tener que aprender a esperar antes de que Chile aprenda a cumplir?

El Canal de Chacao no olvida. Recuerda cada promesa incumplida, cada mañana en que una madre envolvió a su hijo en una manta y salió al muelle a esperar la barcaza, mirando las torres desde la orilla, pensando: algún día.

Chile tiene una deuda con Chiloé que no se paga con hormigón y acero. Se paga con la honestidad de entender que el tiempo del Estado no es el tiempo de las personas. Que mientras una licitación se posterga, una vida avanza. Y que hay chilotes que se están muriendo esperando este puente.

Fuentes: Ministerio de Obras Públicas (mop.gob.cl/puentechacao), Mercado Público (licitaciones ID 5048-133-O125 y 5048-14-O125) y Radio Sago (radiosago.cl)

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