El reciclaje orgánico se está consolidando como una de las principales estrategias para enfrentar la crisis climática global, debido a su capacidad para reducir emisiones contaminantes, disminuir la basura en vertederos y contribuir a la economía circular.
Especialistas y organismos ambientales advierten que los residuos orgánicos representan más de la mitad de la basura domiciliaria generada en países como Chile, donde cerca del 58% de los desechos corresponden a restos de comida, cáscaras de frutas y residuos de poda. Sin embargo, menos del 1% de estos materiales es reciclado o valorizado adecuadamente.
Frente a este escenario, el compostaje aparece como una solución concreta para reducir la presión sobre rellenos sanitarios y disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, especialmente metano, uno de los principales responsables del calentamiento global.
Compostaje y economía circular
El reciclaje orgánico consiste en transformar residuos biodegradables en compost o abono natural mediante procesos biológicos controlados. Este material puede utilizarse para mejorar la calidad de los suelos, apoyar la agricultura sostenible y combatir la erosión.
Además, expertos sostienen que la valorización de residuos orgánicos es fundamental para avanzar hacia modelos de economía circular, donde los desechos dejan de ser basura y se convierten en nuevos recursos productivos.
En Chile, la Estrategia Nacional de Residuos Orgánicos proyecta aumentar la tasa de reciclaje de estos residuos hasta un 66% al año 2040, impulsando sistemas de compostaje domiciliario, comunitario e industrial.
Impacto ambiental de los residuos orgánicos
La acumulación de residuos orgánicos en vertederos genera contaminación y emisiones de metano producto de su descomposición sin oxígeno. Investigaciones recientes incluso han identificado rellenos sanitarios chilenos entre los más emisores de este gas a nivel global.
A nivel internacional, la gestión de residuos se ha transformado en uno de los desafíos ambientales más urgentes, debido al aumento sostenido de basura y a las dificultades para manejar adecuadamente materiales contaminantes.
En paralelo, tecnologías de valorización y reciclaje avanzan para convertir residuos orgánicos en energía, biogás y fertilizantes naturales, reduciendo así la dependencia de materias primas y contribuyendo a la descarbonización.