Un hallazgo científico sin precedentes podría revolucionar por completo la comprensión de las fracturas tectónicas activas y el comportamiento de los terremotos. Investigadores de la Universidad de Tohoku, liderados por el científico Tomoya Shimada, identificaron por primera vez la presencia natural de óxido de grafeno en el interior de una falla geológica activa.
El descubrimiento se localizó en la falla de Atotsugawa, situada en la región de Chubu, Japón, un área ampliamente conocida por registrar desplazamientos lentos y continuos en el terreno sin desencadenar actividad sísmica repentina.
El secreto detrás del "creep" geológico
Utilizando tecnologías de vanguardia como la espectroscopía Raman y la microscopía electrónica, el equipo logró detectar el compuesto alojado en microfisuras de entre 3 y 10 nanómetros. Se trata de un hito científico, ya que este tipo de estructura nanométrica hasta ahora solo se había obtenido mediante sofisticados procesos de laboratorio.
El óxido de grafeno es una variación del grafeno formada por capas hexagonales de átomos de carbono y grupos de oxígeno. Su relevancia en la geología radica en que posee un coeficiente de fricción extremadamente bajo, lo que lo convierte en un auténtico "nanolubricante" natural.
Al reducir la fricción entre las rocas, el compuesto facilita un deslizamiento lento y constante de los bloques tectónicos —fenómeno conocido como creep—. Esto evita que la energía se acumule de forma crítica, disminuyendo drásticamente la probabilidad de que ocurran sismos devastadores.
¿Se pueden evitar los terremotos artificialmente?
Ante la posibilidad de replicar este fenómeno para mitigar desastres sísmicos, los expertos llaman a la cautela. El geólogo Darío Ormeño, académico de la Escuela de Ciencias de la Tierra de la Universidad Andrés Bello, aclaró en conversación con El Desconcierto que intervenir artificialmente las fallas para inyectar este material no es una opción viable con la tecnología actual.
"Las fallas geológicas son estructuras de gran escala, que pueden extenderse por cientos de kilómetros y ubicarse a varios kilómetros de profundidad, lo que impide intervenirlas directamente", explicó Ormeño.
Además, el especialista detalló que este material se genera de forma natural bajo condiciones extremas y sumamente específicas de presión, fricción y química dentro de la corteza terrestre, haciendo casi imposible su réplica controlada a gran escala.
Un nuevo enfoque para la prevención y el desafío en Chile
Por lo tanto, la verdadera revolución de este estudio no radica en la manipulación de la naturaleza, sino en un profundo cambio de enfoque para evaluar el riesgo sísmico.
Al mapear la presencia de estos compuestos, la ciencia podrá identificar con mayor precisión qué fallas geológicas tienden a liberar energía de forma segura y cuáles están en un estado de carga crítica. En el caso de Atotsugawa, el óxido de grafeno la convierte, por ahora, en una estructura de menor peligrosidad relativa.
Este avance tiene un eco inmediato en países de alta sismicidad como Chile, cuya actividad está marcada por la subducción de las placas de Nazca y Sudamericana. El territorio chileno cuenta con numerosas fallas corticales de gran extensión, destacando la falla de San Ramón en la Región Metropolitana.
De acuerdo con Ormeño, el gran desafío de la geología local será investigar si procesos de lubricación natural similares ocurren en las fallas chilenas. De comprobarse, estos datos científicos de vanguardia podrían incorporarse directamente en la planificación territorial, el diseño urbano y la exigencia de normativas sísmicas, permitiendo construir ciudades mucho más seguras frente a la fuerza de la naturaleza.