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Menos contaminación

Chile avanza en electromovilidad en el agua pero implica riesgos para la fauna y vegetación de la Antártica

Valdivia es una ciudad referente en electromovilidad a través de sus ríos, no obstante, la Antártica plantea una disyuntiva respecto al turismo sostenible.

Por Pablo Oyarzún 2 de junio de 2026 - 17:00

Si hablamos de electromovilidad, los vehículos eléctricos e híbridos enchufables representan cerca del 4,6% del total de autos vendidos en el mercado nacional. A nivel de transporte público, Santiago es líder global fuera de China, con una flota de más de 2.500 buses eléctricos circulando, lo que representa más de la mitad del sistema Red Movilidad metropolitano.

Ahora, en términos de movilidad sustentable en el agua en el país, esta se concentra en el transporte público fluvial y la transición energética marítima. El proyecto más destacado es el Transporte Público Fluvial Sustentable (TFS) en Valdivia, pionero en el uso de embarcaciones eléctricas y energía solar.

Movilidad fluvial y energía solar

La denominada “Perla del Sur” es reconocida por su red de catamaranes y taxis fluviales propulsados por energía solar, que funcionan a través de los ríos Calle-Calle y Valdivia.

Estas naves utilizan son 100% eléctricas y operan con paneles solares, asegurando cero emisiones y una navegación silenciosa. De este modo, conectan puntos clave de la ciudad, uniendo el Terminal de Buses, los distintos campus de la Universidad Austral (UACh), el sector Collico y el centro urbano.

Respecto al valor de los pasajes, estos bordean los $940 para adultos y $310 para estudiantes. Para adultos mayores y personas con movilidad reducida, el servicio es completamente gratuito. Además, es posible revisar las rutas, mapas y horarios en tiempo real desde un celular mediante el sitio oficial de TFS.

Electromovilidad Marítima y Portuaria

A escala nacional, se está avanzando hacia el reemplazo de combustibles fósiles en embarcaciones menores, pesca artesanal y la industria salmonera.

Para lograrlo, empresas y universidades nacionales están diseñando sistemas híbridos y eléctricos, además de explorar el uso del hidrógeno verde para descarbonizar la flota marítima comercial.

El Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones lidera la planificación para asegurar la reducción de gases de efecto invernadero bajo su programa de Transición Energética Marítima.

Actualmente, se están desarrollando proyectos piloto de remolcadores eléctricos y cruceros de expedición con propulsión diésel-eléctrica para operar en las aguas del sur y la Antártica, lo que nos lleva al turismo en el continente blanco.

Turismo antártico y sus riesgos

Ejemplo de aquello es el Magellan Discoverer, el primer crucero de lujo híbrido-eléctrico de América, de hecho, logró que ASENAV (Astilleros y Servicios Navales) fuese elegida como Gran Empresa Transformadora en la categoría Naturaleza y Biodiversidad de los Premios Iniciativas Sustentables 2025, en una instancia organizada por La Tercera.

La embarcación destaca por su innovadora tecnología, que puede evitar emisiones de CO2 y disminuir el ruido irradiado al mar, produciendo un menor impacto en la fauna de uno de los ecosistemas más delicados del mundo.

Sin embargo, esta clase de turismo presenta riesgos para el ecosistema prístino del continente y la seguridad humana. Los principales peligros incluyen la introducción de especies invasoras y microorganismos a través de ropa o calzado, la alteración del comportamiento de la fauna en periodos reproductivos, y una alta huella de carbono por pasajero.

A su vez, el traslado de esporas, semillas, microbios o pequeños insectos en la ropa y el calzado amenaza con alterar el delicado equilibrio nativo. Además, los desembarcos masivos alteran los patrones de reproducción, muda y alimentación de pingüinos, focas y aves marinas.

Sumado a esto, la erosión del suelo y la compactación de la nieve destruyen la vegetación local (musgos y líquenes) y los sitios históricos. Por otra parte, el aislamiento extremo y los climas impredecibles suponen un riesgo mortal ante posibles accidentes.

Esto suscita mantener medidas exigentes que velen por el equilibrio de la biodiversidad presente y el cuidado del entorno en un lugar tan lejano y sensible como la Antártica.

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