-¿Cómo evalúa el rol del actual Gobierno en este escenario?
El gobierno actual, que venía a entregar soluciones, pasa a ser parte del problema, porque no ha logrado resolver los problemas de productividad y generación de empleo. Lo que hemos visto es un proceso regresivo, porque para mí son reformas restauradoras de poder de la clase dominante, de los principales dueños del país.
A través de esta megarreforma, que incluye una reforma tributaria encubierta, se eliminan obstáculos para que las grandes empresas acumulen sin contrapeso. Hay que reconocer, eso sí, que el Gobierno ha sido coherente: tenía una agenda y la está llevando a cabo, algo que no siempre ocurrió con la administración anterior.
Cómo se calcula una pensión: la caja negra del CNU
-¿Cuál es el aporte central de este nuevo estudio?
A diferencia de otros trabajos que hemos publicado, este estudio no solo da cuenta de la insuficiencia de las pensiones que entrega el sistema de AFP y las compañías de seguros, sino que busca visibilizar cómo se calculan. En gran parte del mundo existen sistemas de beneficio definido: desde que una persona empieza a cotizar, tiene certeza de la pensión que va a recibir según una tasa de reemplazo.
En Chile ese sistema nunca se completó. Se impuso uno de capitalización individual, donde cada persona ahorra por su cuenta, no existe el derecho a una pensión y todo el riesgo se traslada al individuo. Por eso el estudio se llama "Pensiones sin Seguridad Social": pasamos de la seguridad social a la inseguridad individual.
-¿Cómo se determina entonces el monto final?
Lo único cierto es cuánto debo aportar cada mes. La pensión resulta de dividir el saldo ahorrado por un valor que se llama CNU, el capital necesario unitario, y luego por 12 para mensualizarla. El CNU depende de cuatro factores: las características personales del afiliado —si es hombre o mujer, con su respectiva tabla de mortalidad—, la composición del hogar, la modalidad de pensión elegida y la rentabilidad pasada y futura proyectada.
Si una persona tiene cónyuge e hijos menores de 18 o 24 años que estén estudiando, debe dejar una pensión de sobrevivencia en caso de fallecer. Por eso, con el mismo ahorro, a una persona soltera le alcanza para una pensión más alta que a una persona casada, que debe dejar un remanente. Se podría hablar incluso de un desincentivo a la familia, algo contradictorio para un Gobierno al que le gusta hablar de familia.
-¿Y la modalidad de pensión influye tanto?
Sí. En la renta vitalicia, la persona traspasa su ahorro a una compañía de seguros, que le paga una pensión reajustada por IPC hasta que fallezca, pero descuenta una prima única que hace más baja la pensión inicial. En el retiro programado, la plata queda en la AFP, que va calculando cada año una tasa de interés técnica para recalcular el monto. Ese retiro parte más alto, pero baja con el tiempo y queda sujeto a los vaivenes de los mercados financieros.
Los resultados: por qué ni con 100 millones alcanza
-Con estos factores, ¿a cuánto llegan realmente las pensiones?
Tomando una mujer que jubila a los 60 años y un hombre a los 65, ambos con cónyuge, con 10 millones ahorrados un hombre obtiene una pensión autofinanciada de aproximadamente 45 mil pesos, y una mujer, 40 mil. Si multiplicamos por diez y llegamos a los 100 millones —la cifra que citó CIPER—, un hombre obtiene hoy a lo sumo 450 mil pesos y una mujer, 400 mil. El salario mínimo está en torno a los 553 mil pesos: incluso con 100 millones no se alcanza ni el sueldo mínimo.
-¿Cuántas personas logran acumular esa cifra al momento de jubilar?
Según datos de la Superintendencia de Pensiones, entre los hombres de 60 a 64 años, solo un 11,9% tiene 100 millones o más, y un 73% tiene 50 millones o menos, es decir, una pensión de 225 mil pesos o menos. Entre las mujeres, solo un 5% tiene 100 millones o más, y un 85% tiene 50 millones o menos, lo que significa una pensión de 200 mil pesos o menos.
-¿Por qué cree que este dato no ha generado la misma reacción social que la marcha No+AFP hace una década?
Creo que hay dos factores. Primero, al ser un tema tan complejo, y con lo difícil que es llegar a fin de mes, muchas personas prefieren dejarlo de lado. Pero también la clase a la que se le ha restaurado poder con la megarreforma hace su trabajo para quitarle presión al sistema.
La responsabilidad del Estado y la promesa incumplida
-¿Qué muestran los datos sobre quienes cotizaron toda su vida laboral?
Revisamos, vía transparencia, los datos de la Superintendencia de Pensiones sobre las 150 mil personas que cotizaron casi 40 años y se jubilaron el año pasado. La tasa de reemplazo promedio —el porcentaje de pensión respecto al sueldo que ganaban— fue de 29%. La promesa original de José Piñera, arquitecto del sistema de AFP en dictadura, era de 80% cotizando un 10% mensual; luego bajó a 70%. Es decir, este sistema no funciona casi para nadie.
-¿Qué rol cumple hoy la Pensión Garantizada Universal (PGU)?
Hoy tenemos un sistema privado completamente subsidiado por el Estado. Si no fuera por la PGU —que en septiembre llegará a 250 mil pesos para el grupo de 75 a 81 años, tras alcanzar el mes pasado a quienes tienen 82 años y más, y que el próximo año se completará para todos los mayores de 65— la situación sería aún peor.
Aun así, el 74% de las pensiones están por debajo del salario mínimo. Con los beneficios del Seguro Social Previsional entrando en régimen este año, calculamos que ese porcentaje bajará a cerca de 60%, lo cual sigue siendo gravísimo.
El futuro: una rentabilidad a la baja
-¿Es sostenible este esquema hacia adelante?
La rentabilidad de los fondos viene cayendo fuertemente cada década: fue de 12% real anual en los años 80, bajó a 4,8% en la década que terminó en 2019 y en lo que va de esta década es de apenas 0,2%. La reforma del Gobierno anterior aumenta la cotización a cuentas individuales de 10% a 14,5% en el corto plazo y a 16% en el mediano plazo, un alza de 60% en el ahorro. Pero esa mejora no compensa la caída de rentabilidad: por cada punto menos, la pensión cae 20%.
Esa caída terminará por comerse los beneficios del Seguro Social Previsional. En el mediano plazo, las pensiones volverán a bajar. No es necesario esperar para actuar, como ocurrió con la promesa original de José Piñera, que tomó 35 años en demostrarse incumplida.
*Revisa la conversación completa en el canal de YouTube de El Desconcierto.