Escribir, leer, presentar, editar, y enseñar. Estas son parte de las labores que depara este 2026 a la escritora chilena residente en Valparaíso, Arelis Uribe. Tras presentar su nuevo conjunto de cuentos, Telepunga (Libros de la Mujer Rota), viajó durante abril a Madrid y Barcelona a presentar este mismo volumen en la edición de Yegua de Troya, curado por la escritora Gabriela Wiener para Penguin Random House de España.
A esto se suma la reciente publicación de Quiltras por Seix Barral, a diez años de su primera edición, en ese entonces, también, con Libros de la Mujer Rota.
Pero hay más. Arelis Uribe volvió a adjudicarse el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura para impartir por tercer año un taller gratuito en el Parque Cultural de Valparaíso. Se trata de un taller de cuento, que irá los martes de 18:00 a 20:00 horas, del 7 de julio al 20 de octubre. Las postulaciones están abiertas hasta el 30 de junio en el siguiente formulario o escribiendo a [email protected]. A esta instancia formativa se suma otra novedad: un taller literario itinerante, que en el segundo semestre se moverá entre Limache, Quilpué, Viña y Valparaíso.
El semillero de los talleres de Arelis Uribe ha dado frutos. Este 2026, cuatro estudiantes que pasaron por la segunda edición del taller gratuito obtuvieron la Beca de Creación. “Eran textos inéditos, que comentamos en conjunto, que alenté y edité personalmente. Es hermoso cuando el cariño y la energía que ofrendas a tus estudiantes se traduce en logros literarios para elles”, señala la autora; que a su vez se define, en todas sus dimensiones, como “obrera de la literatura”.
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-¿Cuál ha sido la recepción de Telepunga desde su lanzamiento el 2025?
Telepunga ha tenido una recepción muy generosa. Fue novedad en la Furia de Invierno del 2025 y llegó mucha gente a pedir la firma. Profesores que han dado a leer Quiltras a sus estudiantes. Lectoras que llegaron con otros libros míos. Me conmueve, me impele a seguir. La crítica especializada también fue muy generosa. Lo compararon (para bien) con Quiltras, lo cual es lógico porque los cuentos de ambos títulos se escribieron contemporáneamente, aunque fueron publicados con una década de distancia.
-Un tema que atraviesa este corpus de cuentos, sobre lo que te has referido harto, es la violencia. ¿Algún nuevo elemento que hayas encontrado tras la publicación de Telepunga?
La violencia es una de mis obsesiones porque la he sufrido y la he ejercido. Me intriga, política y afectivamente. En Telepunga la alegoría del quiltro vuelve a aparecer, aunque bajo maltratos duros, como atropellos o escopetazos. Sin embargo, también hay amor, que es la antípoda de la violencia. En este libro hay cuentos sobre la solidaridad de género y de clase, en la que las mujeres se ayudan ante un accidente callejero o en la épica cotidiana de parar la olla cuando no hay trabajo. Me obsesiona la sororidad, porque la pobreza, los cuidados y la crianza son dimensiones femeninas.
-¿Cómo sigue la escritura de cuentos para ti actualmente?
Muy prolífica. A veces paso por momentos de sequía, en los que las ideas no decantan o la escritura se estanca. Me pongo pesimista y pienso: “Pucha, nunca más voy a escribir algo que me guste”. Pero como le oí decir a uno de mis maestros: “Si una espera, las historias llegan”. Y eso me pasa. De repente tengo una idea y la voy hilando, frase a frase, palabra a palabra, hasta concluir un borrador que me satisface.
Actualmente tengo muchos cuentos inéditos. Es súper gratificante cuando escribes algo que te gusta.
-Vienes de realizar el lanzamiento de Telepunga en España, esta vez bajo el sello de Yegua de Troya editada por Gabriel Wiener. Si bien ya has sido publicada fuera e incluso traducida, ¿qué implica en tu camino como escritora esta publicación?
Si bien he publicado más de un libro, todavía me siento escritora en ciernes. Este camino es largo y recién lo estoy transitando. A nivel personal, me llena de alegría y gratitud que Telepunga se publique en España. A nivel profesional, este hito contribuye a la internacionalización de mi trabajo, una se vuelve una suerte de embajadora de las letras chilenas en el extranjero. Y eso es una gran responsabilidad.
-Los cuentos abordan un imaginario -entre comillas- chileno. Poseen una cierta “localidad”. ¿Cómo crees que se pueden leer desde Europa?
Creo que lo más local en mis cuentos es el lenguaje. Me interesa explorar la potencia poética del español chileno. En un comienzo lo hice por intuición; ahora, por convicción. Me imagino que personas de otros países hispanohablantes disfrutan la singularidad de nuestra jerga, de nuestros dichos, de nuestras disimilaciones; igual como yo disfruto de las particularidades del español mexicano o colombiano. Al final, es la captura en papel de una oralidad viva que anda por la calle.
-Llevas un par de años guiando talleres literarios. Volviste a ganar los Fondos del Libro y ofrecerás uno ya no solo en Valparaíso sino que también en otras latitudes de esa región como Limache y Quilpué. ¿Qué ha cambiado en el ámbito de esta experiencia?
Cambia, todo cambia. Cada año adquiero nuevas lecturas, lo cual impacta en el programa de los talleres. Por ejemplo, descubrir la teoría literaria de Úrsula K. Le Guin me inspiró en mi proceso creativo, luego en mi proceso educativo, pues mi metodología es compartir en taller lo que a mí me ha servido para escribir.
-¿Cómo evoluciona el concepto desde el que te planteas como “obrera de la literatura” en relación a tu trabajo como tallerista? Porque, una cosa es escribir y otra es propiciar la escritura…
Me declaro obrera de la Literatura porque laburo mucho, porque vivo en un barrio obrero en Valparaíso y porque me dedico al cultivo de las letras, que no es un arte para hacerse rico. Leer y escribir son mi principal tarea, junto con la docencia, que es ser una guía, una hermana mayor.
-¿Qué proyectos literarios tienes en carpeta?
Mucha narrativa: cuentos, novelas, crónicas. La verdad, escribo más de lo que el capitalismo es capaz de publicar.