domingo 28 de junio de 2026
Cuentista empedernida

Paula Boente: "Hay demasiada gente diciendo que tenés que hacer como para que más encima la literatura te dé lecciones de moral"

Lo que destaca en la prosa de Paula Boente es la habilidad para decir mucho con pocas palabras, descripciones acotadas y adjetivos mínimos que no colapsan la lectura de información innecesaria.

28 de junio de 2026 - 14:00

Los diez cuentos que componen “El mundo brillaba” de Paula Boente(Ediciones Gog y Magog, 2026) retratan la incertidumbre de personas solitarias que viven pequeñas aventuras cotidianas para escapar de un tedio que las acongoja, pero nunca verbalizan. En esta serie de relatos breves lo que más cautiva es lo no dicho a través del lenguaje de las palabras. Se trata de gestos, acciones minúsculas e imágenes fugaces reveladas con cuentagotas al lector, provocando epifanías de una tristeza individual que se colectiviza en escenas que bien podrían recrear una pintura de Edward Hopper.

Por fuera de discursos grandilocuentes que persiguen la salvación planetaria y palabras rimbombantes que calientan menos que sol de invierno, la autora narra fragmentos de vidas comunes que sobrellevan la soledad, el cansancio y el vacío existencial, con una sensibilidad literaria despojada de aspavientos y un humor seco digno de esos funerales que acaban en las mejores sobremesas.

Nos juntamos a charlar después de su paso por la última edición de la Furia del Libro en Estación Mapocho, donde participó junto a otras autoras argentinas, además de realizar una lectura en la librería Azafrán del MUT. Escritora desde siempre, periodista y guionista.

Escribe sobre teatro y es magíster en Escritura por la UNTREF; allí siguió desarrollando la serie de cuentos que comenzó el 2020 y finalizó el 2024: “La idea del paraíso”, “Flores artificiales”, “Lo primero en caer”, “Contratiempo”, “Vuelo nocturno”, “En la cima del mundo”, “Dorado Candy”, “Una mejor versión”, “Naturaleza interior” y “Canciones pasadas de moda”, son los nombres de las historias que le dan cuerpo a El mundo brillaba”. Avezada observadora de detalles, se toma pausas cortas de silencio reflexivo antes de responder.

  • El título evoca esa nostalgia que se experimenta cuando uno dice: “me gustaba como esto era antes”. ¿Tienen ilusiones los personajes de tus cuentos, o se quedaron viviendo en el pasado entregados a una existencia que no los satisface?

- Hay mucha carga del pasado, pero tienen una suerte de impulso fugaz de anhelos. No saben bien donde van a quedar, pero sí hay una chispa, un embrión de buscar hacia donde ir, aunque estén medio perdidos. Muchos de los personajes están en una etapa avanzada o final de la vida que a mí me interesa mucho. Y si, ¡tienen deseos todavía! Tienen sus entusiasmos cotidianos y curiosidad, a pesar de la estela de recuerdos que los tira para atrás.

  • En algunos de tus cuentos se desliza una crítica a los artificios, ¿qué es lo que te atrae de eso?

- Hay algo de lo artificial que me atrae, pero no para reivindicarlo: ese contraste que genera con lo que de verdad está vivo, el recuerdo que trae de lo que falta. Tiene que ver mucho con la vida urbana y lo salvaje, me interesaba esa confrontación. Esta globalización alocada que desorienta: estás en la Patagonia, pero a la vez te están haciendo publicidades del Caribe. Podés estar en cualquier lado y ya no sabés ni donde estás. ¡Y el hotel se llama Barcelona! El turismo que te tira mensajes contradictorios, y el epígrafe de Mark Strand: indica que lo único que importa es el momento. Con ese mareo geográfico trabajé en el primer cuento.

  • Además de la experiencia de la aventura como motivo transversal en tus cuentos, se repite en ellos un tipo de personajes aparentemente poco atractivos para hacer literatura, pero por lo mismo, muy desafiantes ¿por qué decidiste retratar la vida de personas comunes y corrientes, incluso “perdedoras”?

- Soy re-fan de la idea de los perdedores. También en la película en la que escribimos el guión con Andrés Nazarala, “Los años salvajes” (2024), estaba eso. Son gente que para otros se salió de lugar o está en los márgenes. Está el cuento del oficinista medio gris que fantasea con el ascenso al Himalaya. Puede ser que haya eso de los perdedores, o si no, de vidas comunes donde sucede algo que se sale de lugar, algo extraordinario, un resquicio por donde contar algo un poco más luminoso.

  • El segundo cuento comienza con la protagonista preparando una tarta de alcauciles (alcachofas) que luego come a solas viendo TV. Como lector en ningún momento piensas que esa escena tan cotidiana e inofensiva en la vida de una persona que se aburre de si misma, podría derivar en una peripecia que la enfrenta a un par de bandidos de manera detectivesca.

- En toda esa primera escena la idea era ir entrando en ese mundo de un personaje solitario. Ya no tiene conversación cuando come, tiene las dos alianzas porque es viuda. Tiene algo de este tema de la soledad, ese momento de la edad “avanzada” que se presta para la contemplación, pero también para jugar con ser otro. Hay que ver en que situación esté cada uno cuando llega a esa edad, en estas economías que tan poco respetan a la gente grande. En el caso de que llegues bien y puedas estar bien es un momento un poco suspendido de la vida, ¡pero donde pueden pasar cosas! Me gusta pensar que pueden pasar cosas interesantes cuando ya se descarriló todo un poco.

  • También en “Dorado Candy”, cuando el protagonista llega a la reflexión de que la vida de una persona puede contarse tanto por las cosas que hizo como por todo lo que no pudo hacer. La voz narradora comenta que en su mejor momento fue capataz en una maderera. Él asiste a alcohólicos anónimos y parece pensar todo el tiempo en la desdicha y el fracaso, hasta que decide no beber teniendo la oportunidad de hacerlo. Después le regala a la hija de su esposa un globo terráqueo. Un gesto muy alegórico que se precipita hacia el final: entregarle el mundo en sus manos.

- Tenía esa idea de que a veces uno se hace a sí mismo pruebas y quise escribir un cuento solo con oraciones en negativo. Se me ocurrió que una historia también se puede contar con lo que no pasa. Me interesaban esos momentos un poco indefinidos de los que habla ese cuento, pero que están llenos de esencia vital. No todo se puede poner en la ruta pre-establecida de la vida. Hay cosas que no son hitos, pero que tienen una energía que me parece muy valiosa, por más que no pasen cosas. Se trata de como uno se siente con eso. Y fue surgiendo… Un poco también jugando con el tema de los colores. Aparece este personaje que pinta autos y esta familia un poco ensamblada…

  • Hecha de retazos. “Los tuyos, los míos y los nuestros”…

- A partir de las pérdidas de cada uno se ensambló una familia. También esta idea de lo “no-convencional”. Siempre surge algo que no está en los planes á de la rutage algo que no estos siente con eso. e la vida. a oportunidad de hacerlo y le regala a la hija de su esposay se sale un poco de la ruta. En algún momento él se sale de la ruta a propósito, pero sale a partir de este encuentro, de estar consigo mismo en el bar y ver que hace en su vida, con el mundo en sus manos.

El combo perfecto: melancolía y humor

  • Los personajes se guardan su dolor, quizás no saben como expresarlo, puede que sean algo torpes emocionalmente. Como en la escena de la viuda conversando con su psicólogo. Ella está a la defensiva y no verbaliza su malestar…

- Se resiste un poco. Hay cierta opacidad. Tal vez no quieren revelar, tal vez todavía están buscando la forma de su dolor, y lo buscan no tratando de entender que les pasa algunas veces. Lo buscan en estas aventuras, en el paisaje, en cierta fuga emocional que pueden tener. No sé si soy consciente de eso.

  • Me parecieron muy atractivas esas soluciones, en lugar de recurrir al discurso terapéutico de la víctima, la condescendencia, y todo ese sufrimiento empalagoso que suele abundar en los manuales de autoayuda que proliferan en redes sociales.

- Es mejor descubrirlo en las acciones o en pensamientos que no son tan directo. No tengo nada en contra del melodrama pero esto va por otro lado. Me parece que en las acciones o en las elecciones que hacen se puede intuir un poco; aunque quizás, ni ellos saben del todo. Están buscando, están huyendo, y están viajando.

  • Si no van por el melodrama ¿con qué estilo identificas tus cuentos?

- Tengo referentes no solo en la literatura, sino por ahí en el cine, como Aki Kaurismäki, Jim Jarmusch, ese estilo. Kaurismaki por cierta pequeña excentricidad y algo de humor melancólico. Humor y melancolía es como el combo perfecto. Esa cosa medio contemplativa de encontrarse en situaciones absurdas, y si llegas hasta el fondo del callejón te vas a encontrar con el humor, y te salva, siempre. Es más parco que el melodrama el estilo, no con los sentimientos a flor de piel. Hay una opacidad, un realismo que contiene algo que se sale de lugar, que es lo interesante.

  • Otra cosa atractiva en tus cuentos es que a nivel de acciones no sucede mucho, pese a que son aventuras, algo de road movie, tránsitos cotidianos que parecieran no tener mayor importancia y que se construyen sobre todo a partir de los diálogos…

- Me encanta trabajar los diálogos, la forma en que se revelan los personajes ahí. También puedes meter poesía. Disfruto los diálogos como lectora, como espectadora de cine. Me fascinan. El humor puede salir ahí también.

  • Cuando le preguntan como se siente al oficinista de uno de tus cuentos y él responde: “Nada, no me pasa nada. Hoy está bien el pollo. Parece pollo”, después de que en otra jornada le sintió sabor a plástico. Está diciendo que es insignificante, que no le pasa nada que valga realmente la pena…

- Me encanta llegar a ese absurdo. Siguiendo la lógica de un diálogo podés llegar a esos lugares de absurdo que me encantan. Y cuanto se dice sin decir mucho. Está todo lo que uno dice, y todo lo que uno oculta a los otros cuando está hablando.

  • Parece no ocurrir nada, pero sucede de todo. Tu forma de construir los diálogos me recordó a un concepto que ocupaba Heidegger: las “habladurías”, similares al chisme. Conversaciones que no tienen más sentido que el hecho mismo de estar conversando.

- El arte de la conversación me parece fascinante, porque aunque parezca que no pasa nada, pasan muchas cosas. Hay algo inútil ahí que está bueno, se juega la vida, ¿entendés? Eso tiene que ver con lo que se sale de lugar también, ahí es donde puede haber algo valioso y vital a veces: en lo inútil, lo que no sigue la inercia, lo que no tiene un fin inmediato, una funcionalidad.

  • En el primer cuento, da la sensación que Lucía, la protagonista, va al paisaje para huir del trabajo, su familia y una vida que la agobia. Quizás lo que anhela en ese viaje es la vejez.

- La jubilación. Se siente a gusto con estos personajes, Berta es muy simpática. Se nota como un poco de pesar en el laburo. Tanto ahí, como “En la cima del mundo” hay un deseo de aventura y escape, de ir a lo natural como algo fuera de ese horario cotidiano de oficina, tanto a Lucía que la echan, como al personaje de “En la cima del mundo” que sigue yendo al laburo pero pensando en estar arriba de una montaña.

  • El libro empieza en una playa y finaliza en otra playa. Pero no son cualquier imagen de balneario: esta idea de terreno virgen e indómito que quizás una sensibilidad cliché europea o gringa pueda tener sobre los litorales de América Latina; si no que balnearios donde se acumulan capas de historia y modernidad, ruinas de proyectos de mundo que no se alcanzaron a consumar del todo.

- Un poco la arena también es eso, esa cosa de paso del tiempo total. Playa y pasado. Totalmente. Si, porque es erosión y así se forma la arena, como el tiempo. Tienen algo del paso del tiempo esas dos playas. No son playas paradisiacas necesariamente.

  • ¿Estos paisajes podrían interpretarse como metáforas de las vidas de estos personajes que se van desmoronando?

- Creo que es más un lugar donde buscarse. Un lugar de contemplación hacia donde hacer esta fuga emocional y ver cual es el paso siguiente que van a dar. Tiene que ver con ir a testear sus emociones y ver hacia donde van a ir, hasta donde van a dar el siguiente paso. También en un anhelo. En el caso del primero era un paraíso, una promesa y es un lugar de búsqueda. Y de constatación un poco de que el mundo no es como lo prometieron.

  • ¿Qué rol piensas que puede jugar la literatura frente a la sociedad?

- Está difícil, porque hoy en día está todo muy complicado. Tiene algo medio premonitorio: antes de que pasemos por la razón ciertos fenómenos uno los puede encontrar en la literatura, puede ir descubriendo ciertas cosas, sin haberlas pasado antes por la razón. Me queda la idea que quizás pueda servir de consuelo, de refugio de humanidad, de belleza o algo por el estilo, porque son tiempos súper complicados. No sé si hay que cargarla con un rol… Mejor que siga así, viva y libre.

  • Corre el riesgo de ponerse moralista y aburrida…

- Eso sería terrible. No le sumemos más tragedias a este momento, está bastante feo el mundo. Ya hay demasiada gente diciendo que tenés que hacer como para que más encima la literatura te dé lecciones de moral.

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