sábado 05 de septiembre de 2026
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Alerta alimentaria en el maní tostado: los peligros invisibles de la aflatoxina y sus efectos en la salud

Hace algunos días atrás, el Minsal elevó una alerta alimentaria tras detectar una sustancia tóxica llamada aflatoxina. Expertos explican sus peligros.

5 de septiembre de 2026 - 07:00

La alerta sanitaria por maní tostado contaminado con aflatoxinas volvió a poner bajo la lupa un riesgo alimentario que puede pasar inadvertido para los consumidores. A diferencia de los hongos que las producen, estas toxinas no necesariamente generan cambios visibles, de olor o sabor en los alimentos, por lo que su detección requiere análisis especializados.

Se trata del lote 103969, elaborado el 31 de marzo de 2026 y con fecha de vencimiento del 30 de septiembre de 2026. El muestreo fue realizado por la Seremi de Salud de La Araucanía y el análisis estuvo a cargo del Laboratorio de la Seremi de Salud de la Región Metropolitana.

Aflatoxina: una toxina que no se puede identificar a simple vista

Las aflatoxinas son sustancias tóxicas producidas por determinadas especies de hongos del género Aspergillus. Pueden contaminar cultivos y alimentos como el maní, el maíz y otros cereales y frutos secos, especialmente cuando existen condiciones favorables para el crecimiento de estos hongos, como ambientes cálidos y húmedos.

El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos explica que las aflatoxinas son producidas principalmente por Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus, hongos que pueden contaminar los cultivos tanto durante su desarrollo como en las etapas de cosecha y almacenamiento.

Claudia Foerster, académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O'Higgins (UOH) y directora del Laboratorio de Inocuidad Alimentaria (LIA), explica que el problema no está solamente en la presencia del hongo, sino en las sustancias que este puede producir.

La especialista advierte que las aflatoxinas corresponden a compuestos químicos tóxicos presentes en el alimento, por lo que no se trata de un microorganismo vivo que pueda eliminarse simplemente retirando una parte visible del producto.

“Las aflatoxinas son altamente peligrosas para la salud. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) las clasifica en el Grupo 1 de carcinógenos, lo que confirma de forma concluyente que su consumo crónico, es decir, ingerir pequeñas dosis a lo largo del tiempo, es una causa directa de cáncer de hígado en seres humanos”. “Las aflatoxinas son altamente peligrosas para la salud. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) las clasifica en el Grupo 1 de carcinógenos, lo que confirma de forma concluyente que su consumo crónico, es decir, ingerir pequeñas dosis a lo largo del tiempo, es una causa directa de cáncer de hígado en seres humanos”.

La contaminación puede pasar inadvertida

Uno de los principales riesgos de las aflatoxinas es precisamente su carácter invisible para el consumidor. La Universidad de O'Higgins señala que estas sustancias no necesariamente modifican el olor, el sabor ni la apariencia del alimento contaminado.

Por ello, no es posible determinar en casa si un maní está contaminado con aflatoxinas mediante una inspección de sus características sensoriales. La identificación de estas sustancias requiere análisis de laboratorio, un punto especialmente relevante frente a productos que no presentan señales visibles de deterioro.

¿Por qué las aflatoxinas pueden causar cáncer?

La evidencia científica establece una relación entre la exposición a aflatoxinas y el cáncer de hígado. La exposición a la aflatoxina B1 aumenta el riesgo de cáncer primario de hígado y la identifica como un factor de riesgo para esta enfermedad.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica las mezclas naturales de aflatoxinas y la aflatoxina B1 como carcinógenas para los seres humanos, dentro del Grupo 1. Esta categoría corresponde a sustancias para las cuales existe evidencia suficiente de carcinogenicidad en humanos.

Esto no significa que consumir un alimento contaminado provoque automáticamente cáncer. El riesgo asociado a los carcinógenos depende, entre otros factores, de la cantidad y duración de la exposición. En el caso de las aflatoxinas, el principal riesgo reconocido se relaciona con la exposición prolongada, particularmente respecto del cáncer hepático.

¿Qué ocurre con el cáncer de vesícula biliar?

La relación entre exposición a aflatoxinas y cáncer de vesícula biliar forma parte de una línea de investigación desarrollada por Claudia Foerster y otros investigadores en Chile. La propia Universidad de O'Higgins registra entre los antecedentes científicos de la académica estudios sobre esta posible asociación.

Sin embargo, esta evidencia debe diferenciarse del vínculo ya establecido entre las aflatoxinas y el cáncer de hígado. Por rigor periodístico, no corresponde presentar la relación con el cáncer de vesícula biliar como una causalidad equivalente a la reconocida para el cáncer hepático.

El tostado no garantiza eliminar la aflatoxina

El caso del maní presenta además una particularidad importante: el tratamiento térmico no constituye una garantía para eliminar las aflatoxinas.

Liliam Monsalve, también de la UOH, explica que el maní puede contaminarse durante distintas etapas. Al desarrollarse bajo tierra, puede entrar en contacto con hongos presentes en el suelo, mientras que problemas durante la cosecha, el secado, el transporte o el almacenamiento pueden favorecer la contaminación.

La especialista enfatiza que, aunque el tostado puede eliminar al hongo, la toxina puede resistir el calor. Por esta razón, tostar, hervir o procesar el alimento en casa no permite asegurar la destrucción de la aflatoxina, según explica la UOH.

¿Qué efectos puede provocar la exposición?

Los efectos sobre la salud dependen de la cantidad de toxina ingerida y del tipo y duración de la exposición. Una exposición elevada en un periodo corto puede provocar aflatoxicosis aguda, una intoxicación que puede causar daño hepático grave y llegar a ser mortal.

En Chile no existen registros de aflatoxicosis aguda. El principal riesgo asociado a la exposición sostenida corresponde al desarrollo de cáncer de hígado. Además, la exposición a aflatoxinas no necesariamente ocurre únicamente mediante el consumo directo de alimentos vegetales contaminados.

Las toxinas también pueden ingresar a la cadena alimentaria

El Instituto Nacional del Cáncer explica que las personas también pueden exponerse a aflatoxinas mediante productos de origen animal, cuando estos provienen de animales que consumieron alimentos contaminados.

En particular, determinadas aflatoxinas pueden transformarse en otros compuestos y llegar a la leche. El consumo de granos contaminados por parte de animales puede generar la excreción de metabolitos a través de la leche y sus derivados.

En consecuencia, la advertencia de las especialistas apunta así a un aspecto central de la inocuidad alimentaria: la ausencia de señales visibles no permite descartar la presencia de aflatoxinas, mientras que el procesamiento doméstico tampoco constituye un método seguro para eliminarlas una vez presentes.

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