El modelo sueco que importa 3,8 millones de toneladas de basura al año para alimentar su red de calefacción y electricidad
En 2024, la nación sueca transformó casi un total de 3,9 millones de toneladas de residuos importados en electricidad y calefacción urbana. En su mayoría, estos desechos llegaron desde Reino Unido, Noruega e Italia, siendo tratados en centrales de cogeneración conocidas como kraftvärmeverk, que producen energía eléctrica y calor residual para las redes de calefacción doméstica.
El modelo de Suecia es parte de una estrategia económica y logística que ha resultado tras décadas de inversión en infraestructura. La asociación nacional Avfall Sverige afirma que si bajara el flujo de residuos importados, las plantas podrían funcionar con biomasa u otros combustibles alternativos. No obstante, otros países pagan por deshacerse de estos residuos, convirtiendo su procesamiento en una fuente de ingresos.
Al mismo tiempo, en 2022 procesaron más de 20 millones de toneladas de residuos domésticos propios. De aquello, un 33% se utilizó como combustible para producir energía. En 2024, alrededor del 10% de la electricidad nacional provino de estas plantas.
Calefacción centralizada
Durante el proceso de incineración, las kraftvärmeverk capturan el calor residual y lo inyectan en redes de calefacción urbana que suministran a más de la mitad de los hogares. Este sistema evita la necesidad de calderas individuales y centraliza la producción térmica eficientemente.
Al aumentar la demanda de calefacción en invierno, estas centrales juegan un rol crucial. El agua caliente circula por tuberías subterráneas, proporcionando calor constante sin combustión doméstica.
Además, el país nórdico ha logrado reducir casi a cero el uso de vertederos mediante esta estrategia. Al evitar la acumulación de residuos al aire libre, el país minimiza las emisiones de metano, filtraciones tóxicas y la ocupación prolongada del suelo.
Aunque la incineración genera dióxido de carbono, las emisiones están estrictamente controladas y resultan menos dañinas que las producidas por vertederos mal gestionados.
Incentivo para el reciclaje
De esta forma, el sistema provoca una presión económica sobre los países exportadores, ya que al pagar para eliminar sus residuos, enfrentan mayor incentivo para generar menos basura y optimizar sus procesos de reciclaje.
En 2013, las empresas suecas ingresaron alrededor de 798 millones de coronas suecas por incinerar residuos extranjeros. Hoy, con volúmenes similares de importación, la cifra supera los 1.000 millones de coronas anuales.
Este caso es una prueba fehaciente de que la basura puede integrarse como recurso dentro de un esquema energético eficiente, rentable y funcional para millones de personas, estableciendo un alto estándar para la gestión de residuos y la transición energética.