¿Restaurar o transformar el trabajo de las microemprendedoras chilenas?
La reciente publicación de la Encuesta de Microemprendimiento (EME) 2025 aporta nuevos datos sobre la situación de las micro emprendedoras, que confirman algunas tendencias observadas en mediciones anteriores y que permiten vislumbrar los retos a los que se enfrentará el futuro gobierno del presidente electo Kast en materia de microemprendimiento.
En los datos de la EME 2025 se consolida la presencia de las trabajadoras por cuenta propia en detrimento de las empleadoras, lo que indica que no solo hay menos mujeres que son dueñas de empresas, sino que también disminuye su presencia en las empresas con menos de diez trabajadores, por lo que se ven limitadas sus posibilidades de crear empleo y generar nuevos negocios.
Esta es una mala noticia para la nueva administración, que aspira a convertirse en el gobierno que más puestos de trabajo cree en la última década, como efecto de un aceleramiento económico del país hasta el 4%. Se trata de una meta ambiciosa, ya que las proyecciones internacionales indican que Chile no llegará al 3% de crecimiento en los próximos cuatro años.
La disminución de las empleadoras de microemprendimientos se puede explicar si se observa su perfil sociolaboral y se escuchan las propias declaraciones de las protagonistas en entrevistas cualitativas. Estas señalan claramente las barreras iniciales y los obstáculos a los que se enfrentan para continuar o expandir su actividad o negocio.
Los datos de la EME 2025 muestran una consolidación del microemprendimiento femenino por necesidad, mientras que por oportunidad cae, lo que profundiza la asociación con la subsistencia de las condiciones de vida y, de paso, confirma el aumento de la brecha de género en la ganancia media en detrimento de las mujeres.
Las bajas ganancias y la necesidad de emprender para subsistir se deben en parte al menor capital educativo de este grupo. Si bien desde la última medición en 2022, ha aumentado su número en educación superior técnica, también ha disminuido la cifra con educación superior, mientras que ha aumentado la de educación básica. El capital educativo permite administrar y gestionar el negocio o la actividad con mayor probabilidad de éxito y, con ello, facilita la formación del capital social, las redes y la asociatividad.
Tener conocimientos de contabilidad y administración, así como de gestión de recursos y redes de contacto, es crucial para evitar la dependencia de un solo cliente, situación a la que están expuestas la mayoría de las microemprendedoras. Esta situación las vuelve aún más precarias cuando se enfrentan a los vaivenes de la economía, exponiéndolas al riesgo de cierre o a la obligación de cambiar de actividad y volver a emprender.
Ni el «Plan Más o Mejor Trabajo» ni la propuesta «Sácate la mochila» del programa de gobierno del presidente electo Kast abordan seriamente esta necesidad. La medida «Espacio Mujer Emprendedora» del plan «Sácate la mochila» para las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs), centrada en generar estos espacios mediante alianzas público-privadas o público-público para que comercialicen sus productos o servicios, bajo un sistema de turnos, donde cada una pueda contar con un lugar de venta presencial al mes, puede ser insuficiente y demasiado extendida en el país.
Ya se implementa desde hace tiempo en el país una gran variedad de ferias locales y comunitarias, como el programa «Yo emprendo en comunidad», las ferias de universidades como la «Semana del emprendimiento UCSH», el programa «Emprende tu mente EtMday» de la Fundación Chile, o las ferias de emprendedores en distintos centros comerciales. Cualquier medida que busque ampliar la comercialización y la venta, requiere de un plan de acción o una política de networking específica para el microemprendimiento, orientada a subsanar los problemas ya diagnosticados.
Otras propuestas del Plan para MiPyMEs, como la digitalización del Estado y la centralización de la información para fortalecer el emprendimiento, también se están llevando a cabo a través del Portal Emprende Chile, al igual que la facilitación del crédito bancario y no bancario a través de programas especializados de Corfo y Sercotec; o la discusión por ampliar el plazo para presentar las declaraciones de impuestos y el pago del IVA. Si bien todas son positivas, la experiencia indica que no son suficientes para continuar o expandir el negocio o la actividad.
Tampoco lo es la flexibilidad laboral, que se presenta como la gran medida para incentivar el emprendimiento de las microempresas, donde ocho de cada diez microemprendedoras trabaja sola. Tampoco lo es la Estrategia Nacional para erradicar el comercio ilegal del «Plan Más o Mejor Trabajo», teniendo en cuenta que seis de cada diez microemprendedoras son informales y que la formalización no implica necesariamente la continuidad del negocio o actividad ni un avance significativo hacia el trabajo decente.
Para hacer frente a los desafíos laborales a los que se enfrentan las microemprendedoras no basta con adoptar iniciativas ya en marcha e intensificarlas con la intención de recuperar la actividad económica de hace una década, ya que seguirán existiendo problemas de comercialización y venta. Más que restaurar un pasado idealizado, es necesario transformar el presente para que en el futuro puedan adaptarse a los cambios y a las nuevas condiciones del mercado. En países de la Unión Europea se ha implementado un enfoque diferente respecto al emprendimiento que puede ser pertinente para planificar el microemprendimiento chileno.
Los hubs europeos de emprendimiento no se centran en crecer a toda costa, sino en crear relaciones estables y eficientes entre clientes y proveedores basadas en necesidades concretas. Si trasladamos este enfoque a Chile, ya no basta con ofrecer formación en contabilidad, estrategias de marketing o la organización de ferias para que las microemprendedoras difundan sus productos; también es necesario establecer normas sobre innovación, compras, uso de tecnologías y transformación acorde con la producción de este grupo.
En Chile, cuando se habla de innovación, se piensa en startups tecnológicas que exportan a otros países, pero, en la práctica, el grupo de microemprendedoras lucha por sobrevivir con recursos escasos. La sostenibilidad de estos negocios brilla por su ausencia, ya que ofrecen soluciones anticuadas para un entorno que cambia rápidamente y que exige transformaciones para avanzar en el siglo XXI.