jueves 09 de julio de 2026

Expertos en neurociencia alertan que la intolerancia al aburrimiento frena la creatividad desde la infancia

Evitar el aburrimiento con pantallas reduce el tiempo que el cerebro necesita para imaginar, reflexionar y desarrollar el pensamiento crítico desde la infancia.

9 de julio de 2026 - 20:30

Durante años, el aburrimiento ha sido visto como un estado que debe evitarse. Sin embargo, especialistas en educación y neurociencia sostienen que esos momentos de aparente inactividad cumplen un rol clave en el desarrollo de niños y adolescentes, porque favorecen procesos asociados a la imaginación, la reflexión y la construcción de ideas.

En un contexto donde las redes sociales, los videojuegos y la inteligencia artificial ofrecen estímulos constantes e inmediatos, el desafío no sería evitar el aburrimiento, sino recuperar espacios donde el cerebro pueda detenerse a elaborar ideas y construir respuestas propias.

En esa línea, María Jesús Forteza, gestora de contenidos de Ziemax —empresa dedicada al desarrollo del pensamiento—, afirma: "el problema no es el aburrimiento; es no darle al cerebro el tiempo suficiente para transformar esa pausa en una oportunidad para imaginar, reflexionar y construir nuevas ideas antes de buscar un estímulo inmediato".

Según explica, desde la psicología y la neurociencia el aburrimiento se entiende como un estado que impulsa a buscar nuevas alternativas.

Cuando ese momento no se interrumpe de inmediato con una pantalla, el cerebro activa procesos asociados a la memoria, la planificación y la creatividad.

"El desarrollo del pensamiento requiere tiempo para procesar la información, relacionarla con experiencias previas y elaborar ideas propias. Es en esas pausas donde también se fortalecen la introspección, la creatividad, la resolución de problemas y el pensamiento crítico", afirma.

¿Qué rol cumplen las pantallas en este proceso?

Sin embargo, esos espacios son cada vez más escasos. La facilidad para acceder a contenidos digitales hace que muchas personas recurran automáticamente al celular frente a cualquier momento de espera, lo que reduce las oportunidades para desarrollar procesos internos de reflexión.

"Las pantallas no son el problema en sí mismas. El problema aparece cuando se transforman en la respuesta automática frente a cualquier momento de espera o aburrimiento. Si recurrimos de inmediato a un estímulo externo, el cerebro tiene menos oportunidades para desplegar procesos de imaginación, reflexión y elaboración de ideas", explica Forteza.

En este sentido, organismos como la UNESCO y la OCDE han advertido que una exposición predominante a contenidos digitales breves puede afectar el desarrollo de habilidades como la comprensión profunda, el pensamiento crítico y la evaluación de la información.

¿Qué pueden hacer las familias frente a este desafío?

Para la especialista, el desafío no pasa por eliminar la tecnología, sino por encontrar un equilibrio que permita proteger espacios para el juego libre, la exploración y la reflexión personal.

Las familias, agrega, cumplen un papel fundamental: desde Ziemax recomiendan acompañar estos momentos sin resolver de inmediato el aburrimiento, guiando a niños y adolescentes para que exploren alternativas y conecten con su curiosidad.

Asimismo, destacan la importancia de modelar una relación equilibrada con la tecnología, mostrando que también puede usarse para investigar, crear o aprender.

"La tecnología puede ser una gran aliada para aprender, investigar y crear. El desafío es utilizarla de manera consciente, sin reemplazar los espacios que el cerebro necesita para imaginar, reflexionar, construir preguntas y respuestas propias. Es en ese equilibrio donde se fortalecen la creatividad, la autonomía y el pensamiento crítico", concluye María Jesús Forteza.

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